
La circulación sanguínea depende en gran medida de la salud de las arterias. La ciencia médica señala que ciertas vitaminas antioxidantes cumplen un papel relevante en la protección de los vasos sanguíneos y en el adecuado transporte de oxígeno por el organismo.
La incorporación de estos compuestos a través de la alimentación diaria se considera una herramienta esencial para conservar la integridad vascular. Los especialistas centran la atención en dos opciones principales por su impacto en la función arterial.
Las vitaminas más estudiadas para la salud arterial
La comunidad médica evalúa la eficacia de distintos nutrientes en el cuidado del sistema vascular. La vitamina C y la vitamina E figuran entre las más analizadas por su relación con la mejora del flujo sanguíneo y el transporte de nutrientes.
La vitamina C resulta fundamental para la síntesis de colágeno, una proteína que sostiene la estructura de los vasos sanguíneos. Este nutriente actúa como antioxidante. Protege las células endoteliales del daño causado por los radicales libres. Su acción favorece una circulación más fluida y una mejor función vascular.
Otro grupo de especialistas resalta la importancia de la vitamina E por su capacidad de protección celular frente al estrés oxidativo. Este nutriente ayuda a prevenir la oxidación del colesterol LDL. Este proceso reduce el riesgo de formación de placas en las arterias. También se asocia con una mejor dilatación de los vasos sanguíneos. Este efecto resulta beneficioso en personas con niveles elevados de colesterol. Además, su función antioxidante limita el daño a moléculas como el ADN, los lípidos y las proteínas.
Alimentos que aportan vitamina E
La vitamina E se encuentra de forma natural en diversos alimentos. Los productos con grasas saludables concentran las mayores cantidades de este nutriente.
- Nueces y semillas: almendras, avellanas, cacahuetes, nueces, semillas de girasol, de calabaza y de sésamo.
- Aceites vegetales: aceite de germen de trigo, de girasol, de cártamo y de almendra.
- Verduras de hojas verdes: espinacas, brócoli, acelgas y kale.
- Palta: fruta que combina vitamina E con grasas saludables.
- Frutos secos: pasas, dátiles y damascos secos.
- Pescados grasos: salmón, trucha y arenque, aunque en menor proporción.
- Hortalizas: batata, pimiento rojo y tomate.
- Cereales y productos integrales: germen de trigo y salvado de trigo.
Precauciones ante el consumo excesivo
La evidencia científica no define una superioridad absoluta entre la vitamina C y la vitamina E. Los resultados de los estudios muestran datos variados. El consumo de suplementos de vitamina E en dosis altas se asocia con efectos adversos. Entre ellos destaca un mayor riesgo de hemorragias.
La consulta con un profesional de la salud resulta indispensable antes de iniciar cualquier suplementación. Esta recomendación adquiere mayor relevancia en personas que utilizan medicamentos anticoagulantes. Una orientación personalizada permite ajustar el consumo a las condiciones individuales. Una dieta equilibrada y variada continúa como la base para promover la salud cardiovascular.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
