
La velocidad al caminar no solo determina cuánto tarda una persona en llegar a su destino. Diversas investigaciones científicas indican que este hábito también ofrece información sobre el estado del cerebro, el funcionamiento del organismo e incluso la esperanza de vida, especialmente en adultos mayores.
La evidencia académica señala que las personas con una marcha más rápida presentan un envejecimiento menos avanzado que quienes caminan con lentitud. Los estudios también encontraron que quienes mantienen un paso más lento obtienen resultados inferiores en pruebas de cociente intelectual (CI), memoria, velocidad de procesamiento, razonamiento y otras funciones cognitivas. Además, sus cerebros registran un menor tamaño y un mayor porcentaje de materia blanca, el tejido que conecta distintas áreas del cerebro y la médula espinal.
La velocidad al caminar y la esperanza de vida
Diversas investigaciones respaldan que la velocidad de la marcha funciona como un predictor importante de la esperanza de vida en personas adultas mayores.
Uno de los trabajos más amplios fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh. El equipo reunió los resultados de nueve estudios que siguieron a más de 34.000 adultos de 65 años o más durante períodos de entre 6 y 21 años.
El análisis confirmó una relación significativa entre la velocidad al caminar y la longevidad. Los hombres de 75 años que caminaban más despacio registraron un 19% de probabilidades de vivir otros diez años. En contraste, quienes caminaban más rápido alcanzaron una probabilidad de supervivencia del 87%.
Un estudio encontró señales desde la mediana edad
Otro de los estudios más relevantes apareció en la revista Neurology bajo el título Asociación de la función neurocognitiva y física con la velocidad de la marcha en la mediana edad.
Investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, evaluaron la función cognitiva de 904 personas de 45 años durante distintas etapas de sus vidas.
Los resultados mostraron que quienes caminaban más despacio presentaban señales de envejecimiento acelerado en los pulmones, los dientes, el corazón y el sistema inmunitario.
Las resonancias magnéticas también identificaron diferencias en el cerebro. Los participantes con menor velocidad de marcha tenían cerebros más pequeños, una neocorteza más delgada y una menor cantidad de materia blanca.
La neocorteza corresponde a la capa más externa del cerebro. Esta estructura participa en el pensamiento y el procesamiento de información compleja.
Las diferencias aparecieron desde la infancia
Los investigadores también analizaron pruebas de inteligencia, lenguaje y habilidades motoras que los participantes realizaron cuando tenían apenas 3 años.
Con base en esos datos, la investigadora Line Jee Hartmann Rasmussen, una de las responsables del estudio, planteó que la velocidad de la marcha representa más que un indicador del envejecimiento. También refleja la salud cerebral a lo largo de la vida.
¿Por qué caminar rápido se relaciona con un cerebro más saludable?
La médica neuróloga Lucía Zavala explicó que en neurología clínica no se analiza únicamente el tamaño del cerebro. El enfoque también considera la reserva estructural y cognitiva.
Según la especialista, un mayor volumen cerebral y un grosor cortical conservado representan una mayor densidad neuronal. Esa condición permite que el sistema nervioso tolere mejor el daño neurodegenerativo o vascular.
Zavala indicó que caminar de forma fluida y a buen ritmo exige una compleja coordinación del cerebro. Esta tarea requiere la activación coordinada del encéfalo, la interacción entre el cerebelo y los ganglios basales para mantener el equilibrio, el tono muscular y el movimiento automático. También demanda un mayor flujo sanguíneo cerebral.
La neuróloga advirtió que una disminución prematura de la velocidad al caminar puede representar una manifestación temprana de una alteración en la conectividad cerebral.
Además, destacó que el estudio aporta un elemento importante: demuestra que estos cambios pueden comenzar mucho antes de lo que se pensaba. Según explicó, la velocidad de la marcha en la adultez refleja el estado del neurodesarrollo y del envejecimiento acumulado durante toda la vida.
La especialista también señaló que existe una base científica sólida para incorporar la medición de la velocidad de la marcha en los chequeos médicos rutinarios de personas de mediana edad. Explicó que se trata de un biomarcador clínico económico, no invasivo y con un alto valor predictivo.
Actividades que también benefician al cerebro
Además de caminar, Zavala mencionó otras actividades físicas con beneficios para el cerebro.
Entre ellas destacó el baile porque exige procesar el ritmo, coordinar movimientos y mantener la orientación espacial.
También incluyó los deportes de raqueta, como el tenis y el pádel, debido a que requieren seguimiento visual rápido, planificación de estrategias y movimientos de precisión.
Otra actividad recomendada fue el entrenamiento de fuerza con cargas, ya que mejora el perfil metabólico general y reduce la neuroinflamación, lo que contribuye a proteger la integridad de la corteza frontal.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
