Irene Rodríguez. 15 agosto
Maribel Palacio Romero tuvo a su bebé Otti en su casa porque no le dio tiempo de llegar al hospital. Sin embargo, horas después se movilizó hasta el centro médico. Fotografía: John Durán
Maribel Palacio Romero tuvo a su bebé Otti en su casa porque no le dio tiempo de llegar al hospital. Sin embargo, horas después se movilizó hasta el centro médico. Fotografía: John Durán

Incorporar la posibilidad de parteras, médicos indígenas o asesores culturales no es la única particularidad en la que el Hospital de San Vito trabaja para que las mujeres de la etnia ngöbe sientan que su embarazo y parto respeta su cultura.

Dentro de los cambios, el centro médico ya tiene en obra gris una sala de partos exclusiva para esta comunidad en la que las futuras madres puedan sentirse más identificadas. Aquí también estará disponible no solo la silla para múltiples posiciones si no, el espacio para la presencia de un acompañante (pareja, mamá, abuela), así como la partera, el médico indígena o el asesor cultural. Asimismo, las pacientes tendrán la posibilidad de escuchar su música de forma más privada.

La inversión que se tiene prevista para la elaboración de esta sala es de ¢175 millones, de acuerdo con datos enviados por la gerencia médica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

“La idea es tomarlas en cuenta para que esta sala luzca según su cultura. Por ejemplo, sabemos que para ellos los rombos son importantes porque significan protección, entonces es muy posible que esta sala de partos tenga varios rombos”, destacó Elián Valverde, enfermero obstetra y coordinador del programa de atención de parto con pertinencia cultural.

Jorge Granados, director del centro médico, también indicó que, a largo plazo, uno de los planes es crear una especie de “casa de espera” para que quienes vienen de más lejos puedan permanecer ahí los días previos al alumbramiento. Esto también es importante pues desde la comunidad indígena de La Casona hasta el centro de San Vito solo hay dos buses al día, y las posibilidades de movilizarse son limitadas. Se tardan cerca de 40 minutos en carro para trasladarse de un lugar a otro.

“Para los de la religión mamatata (una de las cuatro presentes en la comunidad Ngöbe) el número cuatro es importante, entonces desde cuatro días antes de la fecha que ellos calculan que será el parto, la mujer se va a una casa especial para ser atendida por las parteras y las abuelas del bebé. Ahí se hacen cantos y oraciones”, destacó Alexandra Gamboa, médico que sirve como enlace entre la comunidad indígena y el Hospital de San Vito.

Aún no hay fecha para esta casa, pues es algo que de momento solo está en planes, pero esto ayudaría aún más a cerrar las brechas con esta comunidad.