
Una estrella muerta situada a 730 años luz de la Tierra desafía los modelos actuales de la astrofísica. Se trata de la enana blanca RXJ0528+2838, la cual emite un chorro de materia que genera una onda de choque activa durante al menos 1.000 años, un comportamiento inesperado para este tipo de objetos estelares.
El fenómeno se identificó gracias a observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo del Sur (ESO). Los datos revelaron una estructura energética persistente alrededor de la estrella, a pesar de que este tipo de cuerpos suele ser denso, inactivo y con mínima influencia sobre su entorno.
La primera señal apareció en imágenes captadas por el Telescopio Isaac Newton, en España. Los astrónomos detectaron una forma compatible con una onda de choque y decidieron profundizar el análisis mediante el instrumento MUSE, instalado en el VLT en Chile. Este espectrógrafo permitió obtener imágenes y espectros en tres dimensiones.
El estudio confirmó que la onda de choque tiene su origen en un sistema binario. En estos sistemas, el material de una estrella compañera puede transferirse hacia la enana blanca. Ese proceso suele formar un disco de acreción, desde el cual se producen los chorros de materia expulsados al espacio.
Sin embargo, RXJ0528+2838 no presenta un disco, un elemento considerado esencial para sostener este tipo de emisión. Esta ausencia convirtió el hallazgo en un caso excepcional dentro de la astrofísica moderna.
Según información divulgada por el ESO, la forma y el tamaño de la onda de choque indican que la estrella expulsa materia de manera continua desde hace, al menos, un milenio. Los investigadores reconocieron que no existe una explicación concluyente para la duración del fenómeno.
Una de las hipótesis plantea la existencia de una fuente de energía oculta, posiblemente asociada al fuerte campo magnético de la estrella. Ese campo también explicaría la capacidad de atraer material desde su compañera estelar. No obstante, los modelos actuales sugieren que esta energía solo permitiría una emisión sostenida por algunos cientos de años.
La investigación se publicó el 12 de enero en la revista científica Nature Astronomy. El equipo científico señaló que el enigma permanece abierto y requiere observaciones más detalladas.
El avance del Extremely Large Telescope (ELT), un proyecto en desarrollo del ESO, permitirá estudiar sistemas binarios con mayor precisión. Los científicos esperan que este instrumento ayude a identificar la fuente de energía que mantiene activa esta onda de choque durante tanto tiempo.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
