
Un terremoto registrado hace más de cuatro décadas en el norte de Utah volvió a captar la atención de la comunidad científica. Nuevos análisis confirmaron que el evento sí ocurrió a una profundidad inusual y que pertenece a una extraña categoría de sismos originados en el manto terrestre, una región donde se creía que este tipo de movimientos no podía producirse.
La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad de Utah y divulgada por ScienceDaily, aporta evidencia de que algunos terremotos pueden generarse mucho más abajo de lo que tradicionalmente se consideraba posible en zonas continentales.
Un sismo detectado a 90 kilómetros de profundidad
El fenómeno ocurrió durante la madrugada del 24 de febrero de 1979 bajo la ciudad de Randolph, cerca de la frontera de Utah con Idaho y Wyoming.
Los instrumentos registraron un terremoto de magnitud 3,8. Sin embargo, ningún habitante reportó haberlo sentido. Esa situación llamó la atención de los investigadores.
Al revisar los datos, el entonces investigador posdoctoral George Zandt concluyó que el movimiento no se originó en la corteza terrestre, sino a unos 90 kilómetros de profundidad, dentro del manto.
Según explicó el científico, esa profundidad ayudaba a entender por qué el sismo pasó inadvertido para las personas en la superficie.
También señaló que diversos análisis respaldaban la autenticidad del evento, aunque en aquel momento resultó difícil convencer a otros especialistas debido a que un terremoto de esas características no encajaba con los modelos geológicos aceptados.
A pesar de que Zandt publicó un resumen sobre el hallazgo, el caso recibió poca atención durante años.
Científicos confirman nueve terremotos profundos
Décadas después, un equipo encabezado por el profesor de geología Keith Koper revisó los registros originales del terremoto de 1979 junto con otros eventos considerados sospechosos.
Los investigadores confirmaron la existencia de nueve sismos profundos en el norte de Utah y el suroeste de Wyoming.
Según sus conclusiones, todos se originaron muy por debajo de la corteza terrestre. Los resultados fortalecen la evidencia sobre la existencia de los llamados terremotos del manto continental.
Uno de los casos más recientes ocurrió el 10 de setiembre de 2025 cerca de Maeser, en la cuenca de Uinta. Ese evento alcanzó una magnitud de 4,1 y tuvo una profundidad aproximada de 68 kilómetros.
¿Por qué estos terremotos son tan extraños?
La principal incógnita radica en las condiciones físicas del manto terrestre.
A esas profundidades predominan temperaturas elevadas y presiones extremas. En teoría, las rocas deberían deformarse de forma gradual. No deberían fracturarse de manera repentina para generar ondas sísmicas.
Por esa razón, estos terremotos representan un desafío para la comprensión actual de los procesos geológicos que ocurren bajo los continentes.
El próximo reto para los investigadores
Los especialistas intentan determinar cuál podría ser el tamaño máximo que alcanzarían estos eventos.
La respuesta permitiría estimar con mayor precisión el riesgo sísmico asociado a este tipo de terremotos profundos.
Aunque todavía existen interrogantes sobre los mecanismos que los producen, la confirmación de estos movimientos refuerza la idea de que el interior de la Tierra guarda procesos que aún no se comprenden por completo.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
