
3I/ATLAS, el segundo cometa interestelar confirmado con una coma gaseosa claramente resuelta y que llegó desde otro sistema planetario permitió observar, por primera vez, cómo era el agua que se formó alrededor de otra estrella.
Un estudio publicado en la revista Nature Astronomy encontró que su agua contiene una proporción de deuterio —una versión más pesada del hidrógeno— extraordinariamente alta, muy superior a la registrada en la Tierra y en los cometas del Sistema Solar.
Ese exceso funciona como una especie de archivo químico: permite reconstruir en qué condiciones nació esa agua y, con ello, entender cómo pudo formarse el sistema planetario del que proviene este visitante interestelar.
Los investigadores calcularon que la relación de deuterio e hidrógeno (D/H) en el agua de 3I/ATLAS es superior a 6,6 × 10⁻³. Esa cifra supera en más de 40 veces la de los océanos terrestres y en más de 30 veces la observada en los cometas típicos del Sistema Solar.
En astronomía, esta proporción sirve para rastrear el origen del agua porque cambia según la temperatura del entorno donde se forma.
En regiones extremadamente frías, por debajo de 30 °C bajo cero absoluto —menos de 243 °C bajo cero—, ciertas reacciones químicas favorecen que el deuterio se incorpore con mayor facilidad a las moléculas de agua congelada. Esa señal puede conservarse durante miles de millones de años.
Por eso, cuando un objeto muestra tanto deuterio, suele indicar que su agua nació en un ambiente muy frío, con poca radiación y escaso calentamiento posterior. Eso fue precisamente lo que observaron en 3I/ATLAS.
El cometa fue detectado en julio de 2025 y rápidamente llamó la atención porque no se parecía a los cometas conocidos. Su edad cinemática estimada está entre 3.000 y 11.000 millones de años, lo que sugiere que podría haberse formado en etapas tempranas de la galaxia.
Además, observaciones previas con el telescopio espacial James Webb Space Telescope y con ALMA ya habían mostrado abundancias inusuales de dióxido de carbono y metanol, así como señales químicas poco comunes frente a los cometas solares.
Para medir su agua, el equipo utilizó observaciones del radiotelescopio Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), en Chile.
Buscaron dos moléculas: agua común (H₂O) y agua semipesada (HDO), que contiene deuterio. También analizaron varias líneas de metanol, una molécula útil para estimar temperatura y densidad en la coma del cometa.
Aunque el agua común no pudo detectarse directamente porque su señal era demasiado débil, sí lograron detectar HDO y varias líneas de metanol. Con modelos físicos y simulaciones estadísticas, reconstruyeron cuánto vapor de agua debía existir y calcularon así la proporción D/H.
El estudio determinó una temperatura cinética de 70,4 K, equivalente a unos -202,7 °C, y una producción de agua de aproximadamente 1,6 × 10²⁹ moléculas por segundo.
Según los autores, este enriquecimiento extremo de deuterio indica que el material del cometa sufrió menos procesamiento térmico que el que dio origen a los cuerpos helados del Sistema Solar.
En otras palabras, el agua de 3I/ATLAS conserva mejor las condiciones originales de la nube fría donde nació su estrella. Eso sugiere que no todos los sistemas planetarios forman su agua bajo las mismas reglas.
Mientras el Sistema Solar parece haber atravesado un mayor calentamiento y reconfiguración química, el sistema de origen de 3I/ATLAS habría preservado hielos mucho más primitivos.
El estudio también señala limitaciones. La principal es que el agua común no fue observada de forma directa, por lo que su cantidad debió inferirse a partir del comportamiento del metanol y otros modelos de colisiones moleculares.
Aun así, los autores consideran que la señal es suficientemente robusta para concluir que este cometa contiene uno de los niveles más altos de deuterio en agua observados hasta ahora.
