
El tamaño del cerebro de los perros comenzó a disminuir hace unos 5.000 años y no durante las primeras etapas de su domesticación. Así lo indica un estudio científico que analizó cráneos antiguos y modernos de caninos.
Los perros conviven con los humanos desde hace al menos 15.000 años. Durante ese proceso, experimentaron cambios físicos relevantes. Uno de ellos fue la reducción de su cerebro en comparación con los lobos, sus antecesores.
La investigación se publicó el 29 de abril en la revista Royal Society Open Science. El equipo científico comparó cráneos de caninos de distintas épocas. Analizó 22 ejemplares prehistóricos que vivieron entre hace 35.000 y 5.000 años. También estudió 104 perros y 59 lobos modernos.
Para el análisis, los expertos utilizaron tomografías computarizadas. Luego crearon modelos digitales tridimensionales del interior de los cráneos. Esta técnica permitió estimar el tamaño del cerebro sin sesgos por el tamaño corporal de cada animal.
Los resultados señalan un punto clave durante el Período Neolítico, entre hace 5.000 y 4.500 años, los perros ya mostraban una reducción significativa del cerebro. Esta disminución alcanzó hasta un 46% en comparación con lobos contemporáneos.
Los investigadores vinculan este cambio con la transición hacia el sedentarismo y el surgimiento de la agricultura. En ese contexto, los humanos comenzaron a seleccionar perros por su comportamiento.
El estudio indica que esos perros antiguos tenían un tamaño cerebral similar al de razas pequeñas actuales. Esto sugiere una selección temprana por docilidad y adaptación a la vida con personas.
Posibles efectos en el comportamiento
La reducción del cerebro pudo implicar una reorganización interna. El tejido cerebral habría priorizado respuestas rápidas e instintivas sobre procesos complejos.
Según los hallazgos, estos cambios habrían favorecido perros más alertas. También más sensibles a estímulos desconocidos y con mayor tendencia a ladrar.
Los científicos plantean que estas características los convirtieron en sistemas de alerta dentro de comunidades humanas. Además, pudieron cumplir otras funciones como apoyo en la caza o consumo de restos animales.
El estudio contradice teorías previas. Estas sugerían que la reducción cerebral ocurrió al inicio de la domesticación. En cambio, los datos muestran que los primeros perros no tenían cerebros más pequeños que los lobos.
Incluso algunos ejemplares antiguos presentaban un volumen cerebral mayor. Esto podría relacionarse con una mayor flexibilidad conductual en entornos compartidos con humanos.
Los investigadores concluyen que la evolución del cerebro canino fue un proceso gradual. Este estuvo influido por cambios sociales y ambientales a lo largo de miles de años.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
