
Un grupo internacional de astrónomos detectó por primera vez, de manera directa y con radiotelescopios terrestres, señales de turbulencia en el medio interestelar de la Vía Láctea a partir de la observación de un cuásar distante llamado TXS 2005+403. El hallazgo permite estudiar cómo el plasma distribuido entre las estrellas altera las ondas de radio que atraviesan la galaxia.
El estudio fue publicado este 13 de mayo de 2026 en The Astrophysical Journal Letters y estuvo liderado por investigadores de la Universidad de Harvard, el Instituto Max Planck de Radioastronomía y el Observatorio Astrofísico de Crimea.
TXS 2005+403 es un cuásar, un tipo de núcleo galáctico extremadamente brillante alimentado por un agujero negro supermasivo. Se encuentra detrás de la región de Cygnus, una zona de la Vía Láctea con abundante plasma interestelar. Según el artículo, esa combinación lo convierte en un “laboratorio excepcional” para estudiar la turbulencia galáctica.
Los investigadores explican que el medio interestelar no está vacío. Entre las estrellas existe gas ionizado con fluctuaciones de densidad que actúan como una especie de “pantalla turbulenta”. Cuando las ondas de radio provenientes de objetos muy compactos atraviesan ese material, sufren distorsiones.
Una de esas distorsiones produce un efecto de desenfoque conocido como dispersión difractiva. Otra genera pequeñas irregularidades dentro de la señal, llamadas subestructuras refractivas. Estas últimas habían sido extremadamente difíciles de detectar en galaxias activas observadas desde la Tierra.
Para identificar esas alteraciones, el equipo utilizó observaciones realizadas entre 2010 y 2019 con la red Very Long Baseline Array (VLBA), un sistema de radiotelescopios distribuidos a lo largo de miles de kilómetros. Esa técnica, conocida como interferometría de muy larga base, permite alcanzar algunas de las resoluciones más altas de la astronomía.
El análisis se concentró en frecuencias de radio entre 1 y 5 GHz, donde los efectos de dispersión son más notorios. Los científicos modelaron primero la señal esperada del cuásar y luego compararon ese modelo con las observaciones reales. Allí encontraron señales persistentes en distancias donde, según el modelo, ya no debía existir emisión detectable.
El estudio indica que esas señales adicionales coinciden con patrones producidos por turbulencia en el plasma interestelar y se mantuvieron estables durante casi una década. Según los autores, eso demuestra que las propiedades de dispersión a lo largo de esa línea de visión permanecieron constantes en el tiempo.
Los investigadores señalan que este tipo de observaciones puede complementar los estudios realizados con púlsares, objetos que también permiten analizar el medio interestelar, pero que suelen encontrarse más cerca y concentrados en el plano galáctico. En cambio, los cuásares permiten atravesar columnas completas de plasma distribuidas por toda la galaxia.
Además, el trabajo podría ayudar a mejorar técnicas de corrección de distorsiones para futuras imágenes astronómicas de alta precisión, incluidas observaciones del agujero negro Sagittarius A*, ubicado en el centro de la Vía Láctea.
