
Un grupo de investigadores de Finlandia encontró que mantener horarios irregulares para dormir podría relacionarse con un mayor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves en la mediana edad, especialmente en personas que duermen menos de ocho horas por noche.
El estudio siguió durante diez años a 3.231 participantes del Northern Finland Birth Cohort 1966, una cohorte poblacional que reúne información de personas nacidas en el norte de Finlandia en 1966. Los resultados fueron publicados en la revista científica BMC Cardiovascular Disorders.
Los investigadores analizaron la regularidad de tres momentos del sueño: la hora de acostarse, la hora de despertarse y el punto medio del período de sueño, es decir, el momento exacto entre dormirse y despertarse. Para medirlo, utilizaron dispositivos portátiles colocados en la muñeca que registraban la actividad física y los patrones de sueño durante dos semanas.
A diferencia de estudios basados en cuestionarios o diarios personales, esta investigación utilizó sensores que monitoreaban el comportamiento diario de forma continua. El sistema detectaba los períodos de descanso mediante los cambios en el movimiento corporal.
Durante el seguimiento, 128 participantes sufrieron eventos cardiovasculares mayores. Entre ellos se incluyeron infartos, accidentes cerebrovasculares, hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca y muertes relacionadas con enfermedades cardiovasculares.
El análisis mostró que las personas con horarios más irregulares para acostarse tenían un riesgo dos veces mayor de presentar alguno de estos eventos, en comparación con quienes mantenían horarios más consistentes. La misma relación apareció con la irregularidad del punto medio del sueño.
Sin embargo, la asociación solo se observó en quienes dormían menos de siete horas y 56 minutos, cifra que correspondía al promedio del grupo estudiado. En las personas con períodos de sueño más largos, los investigadores no encontraron una relación significativa entre irregularidad y riesgo cardiovascular.
El estudio también examinó otros factores que influyen en la salud cardiovascular, como el índice de masa corporal, la presión arterial, el colesterol, la actividad física y la hemoglobina glicada, un indicador relacionado con los niveles de azúcar en sangre. Incluso después de considerar estas variables, la relación entre irregularidad del sueño y riesgo cardíaco se mantuvo.
Los investigadores explicaron que los horarios variables de sueño pueden alterar los ritmos circadianos, los ciclos biológicos internos que regulan funciones como la presión arterial, el metabolismo y la actividad cardiovascular.
El trabajo se enfocó específicamente en la regularidad del sueño y no solamente en la duración o la calidad del descanso. Según los autores, esto permite observar cómo las rutinas diarias y los horarios constantes podrían influir en la salud cardiovascular.
El estudio no encontró una asociación clara entre la irregularidad de la hora de despertarse y los eventos cardiovasculares. Los autores señalaron que esto podría deberse a que las obligaciones laborales o sociales suelen fijar horarios de despertar más estables que los horarios para acostarse.
La investigación se realizó únicamente con adultos finlandeses de mediana edad, por lo que los resultados podrían no representar a otras poblaciones o grupos etarios. Además, los patrones de sueño se midieron durante una sola etapa del seguimiento y no a lo largo de toda la década analizada.
