
Un grupo de astrónomos identificó señales de un misterioso asteroide que parece fragmentarse cerca del Sol y dejar detrás una corriente de meteoros que todavía atraviesa el sistema solar interior. El hallazgo apareció tras analizar más de 235.000 meteoros registrados por cámaras de observación distribuidas en distintos países.
La investigación fue dirigida por Patrick M. Shober, de la NASA, y se publicó en The Astrophysical Journal. El estudio buscaba rastros recientes de actividad asteroidal que pudieran permanecer ocultos entre enormes bases de datos astronómicas.
Los investigadores revisaron información de cuatro grandes redes internacionales de monitoreo de meteoros: Global Meteor Network, CAMS, EDMOND y SonotaCo. Después de eliminar lluvias de meteoros ya conocidas y objetos relacionados con cometas, el equipo comenzó a buscar grupos de fragmentos que compartieran trayectorias similares.
La señal más llamativa apareció en una región del cielo cercana a la constelación de Virgo. Allí encontraron una corriente difusa compuesta por al menos 282 meteoros con órbitas muy parecidas entre sí.
Las trayectorias de esos fragmentos sugieren que no provienen de un cometa tradicional. Según el estudio, los objetos siguen una órbita asteroidal y pasan extremadamente cerca del Sol, a una distancia promedio equivalente a apenas el 22% de la separación entre la Tierra y nuestra estrella.
Los autores relacionan el fenómeno con los llamados “cometas rocosos” o rock-comets. A diferencia de los cometas convencionales, estos cuerpos no expulsan hielo ni vapor. En cambio, el intenso calor solar fractura sus rocas y minerales, lo que libera polvo y pequeños fragmentos hacia el espacio.
El artículo menciona al asteroide Phaethon como uno de los ejemplos más conocidos de este comportamiento. Ese objeto desarrolla brillo y colas temporales cuando se acerca al Sol y está asociado con la lluvia de meteoros Gemínidas. Investigaciones previas indican que el calentamiento extremo puede provocar grietas, deshidratación de minerales e incluso liberación de gases atrapados dentro de las rocas.
Además de buscar nuevos rastros de fragmentación, el estudio intentó encontrar evidencia de asteroides destruidos tras encuentros cercanos con la Tierra o Venus. Sin embargo, los investigadores no hallaron una señal clara que indicara una ruptura reciente causada por la gravedad de esos planetas.
Según los autores, ese tipo de familias de fragmentos perdería rápidamente su forma original en el espacio, lo que dificulta detectarlas muchos años después.
