Hazel Feigenblatt. 15 octubre

En setiembre, el gobierno anunció – nuevamente – que planea firmar la norma técnica del aborto terapéutico para salvar la vida o salud de las mujeres embarazadas.

Al igual que las veces anteriores, el anuncio no resultó en ninguna acción gubernamental, pero sí desató todo un circo de reacciones entre grupos político-religiosos organizados en contra de ese tema.

Algunas reacciones han sido algo coloridas, como un desfile del 15 de setiembre del Partido Unidad Social Cristiana encabezado por una persona que portaba una máscara parecida a la del personaje Darth Vader en la Guerra de las Galaxias, pero roja y en forma de feto.

Otras reacciones han rayado en la ocurrencia, como una diputada que decidió aparecerse descalza en el plenario como una peculiar forma de protesta.

Independientemente de la reacción, un factor ha sido común y es la información engañosa.

Al igual que las noticias falsas y las teorías de conspiración, la información engañosa es una poderosa arma para confundir al público o infundir miedo con el objetivo de hacer parecer como aceptables ideas generalmente rechazadas.

Ese es el caso de la campaña contra la norma técnica. Su objetivo es simple: Hacer creer a las personas que la norma técnica es lo mismo que aborto libre.

Para ello, cada vez que se habla de norma técnica para salvar la vida y la salud de una embarazada de inmediato se cambia el tema a aborto libre.

Algunos ejemplos:

El “pueblo está contra el aborto”

Este es uno de los recursos engañosos más frecuentes en Costa Rica. Cuando se habla de la norma técnica, algunos diputados tratan de cambiar el tema de aborto terapéutico a aborto libre con frases como el “pueblo está contra el aborto”.

¿Por qué hablar de “el aborto” si el tema en cuestión es aborto terapéutico? Porque los números sobre aborto terapéutico los desmienten rotundamente: Más de la mitad (57%) de la población apoya el aborto para salvar la vida de la embarazada.

Aún más, la mitad (50%) apoya el aborto para salvar la salud de la embarazada y casi la mitad (45%) apoya el aborto por deformaciones del feto, según la más reciente encuesta de actualidad de la Universidad de Costa Rica.

La norma técnica crea portillos

Otro recurso frecuente para hacer ver la norma técnica como si fuera aborto libre es afirmar sin pruebas ni conocimiento de causa que la norma técnica crea portillos para aborto libre.

Esa información es inventada, pero se ha repetido tanto que muchas personas hoy la dan por un hecho verídico sin ninguna prueba.

Un ejemplo vergonzoso de esto es una entrevista reciente a una diputada, en la que se le preguntó por qué considera que la norma técnica va a ser un portillo si no la ha visto, y terminó admitiendo que es que ella “cree” que podría llegar a ser.

Campaña contra la legalización

Otro recurso engañoso es hacer una campaña contra la norma técnica pero presentarla como una campaña contra la legalización del aborto, como si norma y legalización fueran lo mismo.

Un ejemplo de esto es la más reciente de las campañas de la Iglesia Católica, en la cual se habla de no firmar la norma técnica “para que el aborto nunca sea legalizado en Costa Rica”, pese a que en el país no existe ninguna propuesta para legalizar el aborto.

En lugar de una explicación transparente, como es el hecho de que la Iglesia se opone al aborto hasta para salvar la vida y la salud, a sus seguidores se les da información engañosa porque muchos de ellos considerarían radical la idea de dejar morir o dañar la salud de las embarazadas.

El objetivo detrás del espejismo

Es claro que estas campañas no tienen mucho que ver con la norma técnica y sí mucho que ver con el interés de fondo de algunos clérigos y políticos, tanto católicos como evangélicos, de eliminar radicalmente el aborto terapéutico.

Es decir, lo que realmente buscan es prohibir del todo el aborto para salvar la vida y la salud de las mujeres con embarazos peligrosos, debido a sus visiones personales fundamentalistas sobre lo que consideran el propósito de la existencia de las mujeres (parir).

A ello se suma el hecho de que muchos grupos consideran aceptable usar la vida y la salud de las mujeres como moneda de cambio para obtener réditos políticos. El gobierno para negociar apoyos. Los partidos religiosos para hacer campaña. La Iglesia para tratar de recuperar relevancia entre sus escándalos por abuso sexual y el aumento de quienes se declaran evangélicos o sin religión.

En ese contexto, es evidente que la norma técnica es lo de menos y el verdadero objetivo a mediano plazo es atacar la ley que permite el aborto terapéutico.

Esto quedó claro el año pasado cuando un grupo de diputados presentó un proyecto de ley que obligaría a los médicos a priorizar el bien del feto por encima del bien de la mujer, es decir, prohibiría el aborto para salvar la vida o la salud de la embarazada.

Por su parte, la Iglesia Católica ya logró que varios países centroamericanos como Nicaragua y El Salvador prohibieran tajantemente el aborto hasta para salvar la vida de las mujeres. Hoy, en esos países simplemente se deja morir mujeres, con el aplauso de la Iglesia.

Aún más, estos grupos a menudo citan el artículo 21 de la Constitución Política, según el cual la vida es inviolable, queriendo dar a entender que el Código Penal (que permite el aborto para salvar la vida y la salud) podría ser inconstitucional.

Ese es un tema que ya numerosas cortes constitucionales del mundo han debatido. En la gran mayoría de los casos se ha concluido que, aún cuando algunos países tienen regulaciones sobre el aborto, no resulta razonable ni respetuoso de la dignidad y los derechos humanos que el Estado obligue a una ciudadana a morirse o a quebrar su salud.

Evidentemente, ello no garantiza que la Sala Constitucional de Costa Rica vaya a pronunciarse de ese modo – la decisión de hace algunos años contra la fertilización in vitro es un buen recordatorio de que el conservadurismo y las creencias religiosas personales de algunos magistrados pueden interferir con sus decisiones sobre los derechos humanos de ciertos grupos.

Lo que esto sí pareciera garantizar es que extender el tema del aborto terapéutico – o, como engañosamente lo llaman sus detractores, “el aborto” – seguirá siendo conveniente para todos los grupos que pueden beneficiarse de usarlo en la próxima campaña política.

Es decir, seguiremos viendo campañas engañosas dedicadas a construir el espejismo de que se está luchando contra un aborto libre inminente pero imaginario, mientras en la realidad lo que se está atacando – y podría desaparecer en un frenesí electoral – es el aborto para salvar la vida y la salud de las personas embarazadas.