Hablemos de trail

Don Ovidio, el corredor con conciencia ambiental

El atleta que hace plogging en solitario y en silencio

“A veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido, eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.” Nunca antes la visión sobre la vida misma de Beppo, el barrendero, me había sonado tan cercana como aquella vez que conocí a don Ovidio

”No levante la mirada, vea dónde da el siguiente paso; ahora avance”. Una voz me arranca de mis pensamientos, ¿o soy yo misma hablando en voz alta? Es la primera vez que me aventuro por este camino de lastre, y un señor mayor con un saco de plástico en una mano y look de los 80, aparece a mi costado. Me habla, pero su voz suena lejana; quiero caminar las cuestas, pero el señor me sigue hablando y me obliga a mantener el ritmo. No sé qué me dice, el aire apenas me alcanza. Al levantar la cabeza puedo ver la ciudad.

El señor me dice, “hemos pasado la gran cuesta, ahora sigue una más pequeña, la final, y llegamos al Mirador de Rancho Redondo”.

Mis cuadríceps arden y mi pecho me oprime; de pronto por orgullo me niego a decirle que avance solo, que yo seguiré a mi ritmo. Lo sigo pero me voy quedando más y más. De pronto ya no lo vi, se perdió en la neblina de la montaña. 2018, esa fue la primera vez que subí estos segmentos corriendo, fue como domar a un dragón; la compañía de don Ovidio fue vital.

Quienes corremos cuesta arriba desde San Ramón de La Unión de Cartago nos hemos topado alguna vez con don Ovi y su saco. Aquella vez me contó que todos los domingos sube desde San Ramón hasta Llano Grande, con su gran saco vacío para completar 12.5 km subiendo y de regreso recoge latas de cervezas y botellas de plástico que se topa en su camino, pero no hablamos mucho porque yo apenas tenía aire para no desvanecerme a la par de un puesto de agua de pipa.

2021. Bajo por segunda vez desde Rancho Redondo, son mis últimos kilómetros. Mi meta era completar 32 km aquel domingo. A 8 km del final me topé con don Ovidio, que ya bajaba con su gran saco lleno. Le sigo el ritmo y conversamos, ahora ya puedo hablar sin ahogarme.

Don Ovidio tiene 64 años, empezó a correr el 1980, dice que se animó al ver gente correr en la Sabana. “En ese tiempo éramos muy pocos, muy pocos. Recuerdo a Rafael Ángel Pérez, un corredor que logró tiempos muy buenos en esa carrera de San Silvestre”, me dice mientras sus ojos se pierden en el tiempo.

“Y Don Ovidio, ¿qué hace con ese saquito?”. Sonríe, y su rostro cambia, vuelve a tener la vitalidad de un corredor en la línea de salida. “¿Sabe Rocío? Yo amo este planeta, cada vez que subo a la montaña, sé que todo esto tan bonito, solo pudo crearlo Dios. Y yo en lo que puedo quiero regresarle algo de eso. Todo esto que traigo en la bolsa llega al desagüe, a los ríos y luego al mar; matándolo todo. Lo que quiero es que la gente que viene, las nuevas generaciones disfruten un poco de lo que yo vi cuando era niño. Que nuestra huella ambiental sea mínima, ese es mi deseo. Quiero que dejemos huellas positivas no de contaminación”. Este atleta no sabe que está haciendo plogging porque no usa redes sociales, ni convoca a las personas a recoger residuos con él, solo piensa ”en el paso siguiente, en la inspiración siguiente”, habla con quien lo escucha: de uno en uno, como tiene que ser, “como antes”, me dice mientras recoge una botella de plástico a la orilla del camino.

Mi cansancio se desvanece después de mi encuentro con don Ovidio. Evalúo si reutilizo lo suficiente, en mi consumo, en la basura que genero, en el compost del jardín; paso una lista de las cosas que hago y algunas cosas que debo mejorar.

La primera vez que me topé con don Ovi me animó a subir sin parar una cuesta; esta vez me inspiró a hacer algo más grande.

Rocío Nieves

Rocío Nieves

Gestora de redes sociales y plataformas digitales. Estudió Literatura con énfasis en Edición en Perú, su país de origen.