Alberto Barrantes C.. 6 marzo
Con el inicio del curso lectivo, estudiantes de décimo año entrevistaron a vecinos sobre la problemática del cantón, en el parque de Nicoya. Cortesía: Colegio Humanístico.
Con el inicio del curso lectivo, estudiantes de décimo año entrevistaron a vecinos sobre la problemática del cantón, en el parque de Nicoya. Cortesía: Colegio Humanístico.

Estallar la burbuja del aula para que los estudiantes salgan a caminar y cuestionen las realidades que habitan en sus barrios es un ejercicio que transforma las aulas en laboratorios de ideas y soluciones, en el Colegio Humanístico Costarricense, en Nicoya, Guanacaste.

Mediante el proyecto denominado “Observatorio Humanista del Estado de la Comunidad”, este colegio guanacasteco puso en marcha un plan de trabajo para que sus alumnos salgan del aula a escuchar y dialogar con sus vecinos los problemas que golpean a la comunidad. Luego, tienen la tarea de compartir esas experiencias con sus compañeros y profesores, investigar y proponer soluciones, desde su creatividad y el trabajo en equipo.

Con esa metodología, han desarrollado proyectos y artículos científicos sobre las conductas machistas de la población joven en Nicoya, análisis de estrategias de mitigación al cambio climático y entrevistas sobre calidad de la educación en Guanacaste y la falta de espacios de esparcimientos en su cantón, entre otros.

“Es una experiencia que nos hace ver otras realidades más allá de lo que uno ve y escucha en el colegio o en la casa. A inicios de este año, hicimos entrevistas en el parque de Nicoya e identificamos problemáticas del cantón como la desigualdad económica, jóvenes con título universitario pero sin empleo y la desorganización política”. Ileana Cantillo, estudiante de décimo año.

Este 'observatorio humanista' está en línea con la política curricular“Educar para una nueva ciudadanía” que aprobó el Consejo Superior de Educación, en noviembre de 2016 y que insta a los centros educativos a fomentar el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad e innovación en las aulas.

“Es una forma de observar y comprender su entorno desde otra perspectiva. Que el servicio comunitario no se vea como una obligación o un cumplimiento de horario, sino como una vocación. Es una práctica socio-educativa y un espacio de diálogo, para sensibilizar a los estudiantes y motivarlos a aportar soluciones”, dijo Luis Carlos Zúñiga , director del centro educativo.

El reto de convertir aulas en laboratorios de ideas sobre realidad nacional es posible en la medida en que alumnos y profesores intercambian las experiencias de lo que observaron en la calle y transforman esos aprendizajes en nuevos proyectos en beneficio de la comunidad. De esta forma, el aprendizaje trasciende la crítica y la detección de problemas para motivar la participación social, el liderazgo y la toma de decisiones.

“Es una experiencia muy enriquecedora porque conversamos sobre política, el plan fiscal y el clima. Uno encuentra que a todos nos preocupan temas similares y que la desigualdad está muy marcada en nuestra provincia (...) Con lo que hemos observado en los barrios, queremos emprender un nuevo proyecto para mitigar los efectos del cambio climático en Guanacaste”, dijo Jeycob Mayorga, estudiante de décimo año.

Salir de las aulas a caminar su cantón y con la guía de los docentes, es una estrategia pedagógica a cargo del profesor David Muñoz, para que los estudiantes comprendan mejor su entorno y para que desarrollen investigación a partir de la conformación de equipos, recolección de datos, identificación de los fenómenos y de proponer, compartir y divulgar los resultados que se obtienen en el proceso.

La riqueza de este tipo de experiencias en secundaria se resume en una frase del pedagogo brasileño Paulo Freire que dice: “ninguno ignora todo, ninguno sabe todo. Por eso aprendemos siempre”. Mejor aún, cuando esos aprendizajes se comparten y evolucionan de ideas a proyectos que procuren mejorar la calidad de vida de una comunidad, un cantón, una provincia, un país.

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