Alberto Barrantes C.. 29 julio
Enseñar empatía desde la niñez es preparar a las nuevas generaciones para uno de los principales desafíos de la globalización: cómo vivir juntos, en una sociedad cada vez más diversa.
Enseñar empatía desde la niñez es preparar a las nuevas generaciones para uno de los principales desafíos de la globalización: cómo vivir juntos, en una sociedad cada vez más diversa.

Fraternidad y empatía son conceptos ausentes en la mayoría de currículos de Primaria de  América Latina. La capacidad de ponerse en los “zapatos de otros” no se está enseñando en las escuelas de la región, según revela un reciente análisis curricular publicado por del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la Unesco. 

El reporte titulado ¿Qué se espera que aprendan los estudiantes de América Latina y el Caribe? (2020)  puntualiza que la fraternidad, la empatía, la felicidad y el conocimiento del mundo son ejes temáticos ausentes en más de la mitad de los países de la región, incluida Costa Rica. “Este hallazgo preocupa dado que estos  temas ayudan a abordar uno de los principales desafíos de la globalización, acentuado por la pandemia: cómo vivir juntos”, enfatiza el informe. 

La empatía se debe cultivar, educar y promover desde la primera infancia para fomentar conciencia de la responsabilidad que cada uno tiene con las otras personas. Muchos adultos de hoy necesitan un curso intensivo sobre este tema, para que no minimicen las muertes que provoca la covid-19, ni caigan en el ridículo de cuestionar la existencia de la pandemia. 

Si se quiere cambiar el mundo, hay que empezar por las aulas y desde la niñez. En palabras del coordinador de este análisis regional de la Unesco, Carlos Henríquez, “la escuela es uno de los principales agentes socializadores, por eso se deben garantizar oportunidades en el currículo de desarrollar conductas integradoras, como reconocer la diversidad, adquirir valores como la empatía y la fraternidad, y conocer problemas mundiales”. 

Del concepto a la práctica

El estudio tiene el propósito de que cada país valore de qué manera está aportando las herramientas necesarias para que sus estudiantes puedan desenvolverse académica y socioemocionalmente como ciudadanos del siglo XXI, en una sociedad cada vez más diversa.

¿Por qué enseñar empatía? El maestro español César Bona lo responde muy bien:  “Nuestro sistema educativo tiene una responsabilidad social. Tiene el compromiso de ofrecer al mundo niñas y niños hábiles en convivencia, en resolución de problemas, en empatía, en inteligencia emocional, en proactividad”. Pensemos cuántos comentarios xenófobos y racistas se evitarían con una educación que desde la infancia trabaje en concientizar el respeto hacia los demás, que valore la diversidad y el fomento de una convivencia en armonía y pacífica. 

Para Bona “la empatía es un juego que hay que practicar a diario, sin que  eso implique alejarse de lo que uno es, sino acercarse a lo que otra persona es y lo que siente. El día que consideremos la diversidad como un valor y no como un inconveniente habremos dado un paso importante en favor de la sociedad”. 

La empatía implica enseñar desde la niñez el valor de la diversidad, explicándole al niño que aún dentro del grupo más pequeño, todas las personas somos diferentes y que no existen estándares que sean mejores que otros. 

La educación para la diversidad le enseña al niño que no hay por qué forzar a que los demás piensen y actúen como él, sino que se debe ser capaz de ser empático, asertivo, compasivo, de mostrar respeto mutuo, de comunicarse y de desarrollar una verdadera inclusión, desde la infancia. No porque sean niños tienen el derecho de burlarse o maltratar a otra persona. 

La empatía urge aún más en estos tiempos convulsos. La burla y el maltrato evidencian la construcción de estereotipos, que  normalizan la violencia con los años. Esos prejuicios, tan presentes en nuestras redes sociales digitales y en las calles, y desde la niñez, limitan la libertad de pensamiento y como dice Maya Angelou “representan una carga que confunde el pasado, amenaza el futuro y hace inaccesible el presente”. 

El verdadero cambio educativo en favor de la empatía y la pluralidad ocurrirá cuando en aulas y hogares se generen más preguntas que permitan cuestionar el entorno en que habitamos, desestructurando los estereotipos y poniendo en evidencia a quien maltrata y discrimina, para también comprenderlo y corregir con inteligencia emocional los daños que arrastra. 

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