Alberto Barrantes. 12 marzo
Un estudio global de Deloitte prevé que para el año 2030 la falta de competencias básicas limitará oportunidades de empleo a 50% de jóvenes.
Un estudio global de Deloitte prevé que para el año 2030 la falta de competencias básicas limitará oportunidades de empleo a 50% de jóvenes.

Leer sin comprender es tiempo perdido que provoca aburrimiento, mata la creatividad y anula el pensamiento crítico: grave tropiezo para quienes busquen mejores oportunidades en un entorno laboral cambiante y que demanda habilidades básicas de lectoescritura y comunicación. La raíz del problema está en la escuela porque esa es la institución diseñada para enseñar a leer y escribir bien.

Es alarmante que, en Costa Rica, el 50% de los alumnos apruebe su sexto grado de primaria con un rendimiento mediocre de comprensión lectora. El dato proviene del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce) y detalla que no saben inferir ideas de un párrafo ni interpretar figuras literarias; son incapaces de hacer uso correcto de los sinónimos, de reconocer la función de un verbo o el significado de una palabra, según el contexto en el que se les presenta; y ni qué decir de los serios errores de ortografía en su producción textual.

El sistema educativo patea la bola del error desde la educación básica, con la complicidad de exigir el mínimo esfuerzo, en donde lo que importa es memorizar, asentir y repetir conceptos para pasar el examen y aprobar el curso lectivo, sin importar el cómo: poco importa que el alumno no haya comprendido nada de lo que leyó, que busque el resumen del libro para pasar la prueba, que su vocabulario sea escaso, que lleve las tareas con faltas ortográficas y que no piense.

Comprender lo que se lee y escribir con efectividad representan la base de un pensamiento ordenado y son competencias fundamentales para el futuro del trabajo. Un estudio global de la firma consultora Deloitte prevé que para el año 2030 más de la mitad de los jóvenes no tendrá las habilidades requeridas para conseguir un trabajo, entre ellas las competencias básicas de lectoescritura.

Leer va más allá de repetir sonidos y descifrar símbolos; es la capacidad que tiene el estudiante de interrogar esos párrafos, de dudar de lo escrito y de encontrar nuevos significados que despierten su pensamiento crítico.

El problema es que si no se enseña desde la escuela a comprender, a dudar y a cuestionar lo que se lee, ¿cómo pretender que el estudiante lo haga cuando llegue a la universidad? Lleva 11 años en un sistema educativo que limita la creatividad, la criticidad y en el que los textos solo sirven para ser reproducidos en el cuaderno y el examen.

La investigadora Ana María Rodino, en el último informe del Estado de la Educación, anota que aprender a leer es un proceso complejo, que avanza según la edad y que tiene varias etapas:

  • La primera ocurre entre los seis meses y seis años con los procesos de lectoescritura inicial, a la que le siguen tres etapas clave en la educación primaria.
  • Entre los 6 y 7 años los niños aprenden a decodificar, es decir, a establecer las relaciones entre letras y sonidos y leer textos simples.
  • Entre los 7 y 8 años desarrollan una decodificación más avanzada que les permite lograr mayor fluidez y leer textos más extensos.
  • Finalmente, la etapa de 9 a 13 años es clave para que los niños desarrollen la comprensión lectora: una lectura para aprender nuevos conocimientos e ideas con un punto de vista.

Con base en esas etapas, la escuela tiene el gran deber de cambiar la fórmula de “leer por leer”, hacia una lógica de leer para aprender, comprender, relacionar y cuestionar los textos, a través de estrategias que motiven a los estudiantes al disfrute de la palabra escrita y que despierten su interés por examinar los argumentos de un texto para construir los propios.

Leer sin comprender es un síntoma de desánimo en el proceso aprendizaje, y, por ende, un grave tropiezo para los estudiantes y una gran deuda del sistema educativo, cuya factura se cobra en términos de oportunidades.

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