Alberto Barrantes C.. 11 septiembre
Fallas en estructura del MEP limita que reformas curriculares e innovación pasen del papel a la práctica, señala Estado de la Educación.
Fallas en estructura del MEP limita que reformas curriculares e innovación pasen del papel a la práctica, señala Estado de la Educación.

El ánimo por innovar en las aulas y diseñar estrategias creativas para captar el interés de los alumnos pierde fuerza entre los docentes cuando chocan contra la tramitomanía del Ministerio de Educación Pública (MEP), contra familias despreocupadas por el desempeño de sus hijos y contra la poca capacitación para hacer que los cambios más recientes en los currículos pasen del papel a la práctica.

El más reciente Informe del Estado de la Educación (2019) afirma que “la estructura y los estilos de gestión del MEP obstaculizan el avance en la calidad educativa”: es una cultura institucional diseñada para obedecer lineamientos de arriba hacia abajo en políticas, sin que los cambios curriculares y la prometida innovación en las aulas se traduzca en acciones.

“Los docentes observados y consultados en Preescolar, Primaria y Secundaria siguen impartiendo clases sin integrar las nuevas metodologías y los enfoques propuestos en los nuevos programas de estudio (…)Si no se modifica esta estructura, se perpetuaría un statu quo que hipoteca el futuro del país”, advierte el informe.

Esa estructura falla también a la hora de capacitar a los maestros debido a que la información sobre los cambios en los programas de estudio suele llegar en “modelo de cascada”, de forma apresurada y poco eficaz, cita el Informe.

Es casi un juego de interpretaciones entre asesoras regionales, directores y maestras, cuyo resultado es la aplicación nacional de una reforma curricular con criterios dispares, sin que haya realimentación que le permita saber al docente si lo que está haciendo en el aula sigue el ritmo de la innovación propuesta.

A eso, hay que sumar la débil o nula participación de los directores, quienes sumidos en esa maraña institucional, suelen atender más labores administrativas que de acompañamiento pedagógico y curricular en sus centros educativos y perdidos en el papeleo, descuidan lo que está ocurriendo en las aulas.

Innovar con apoyo

Para gestar un cambio positivo en las aulas, es fundamental que los diversos actores que componen el sistema educativo participen activamente del proceso de enseñanza-aprendizaje, sin dejar solos a los docentes en esta noble tarea.

La despreocupación de las familias sobre lo que ocurre en las aulas suele ser otro de los factores que desmotiva a los docentes y que hace que la escuela sea vista como un simple depósito de niños, en el que solo importa su reporte de calificaciones a final de año, para saber si aprobaron o no el curso lectivo.

Si el docente se vuelve más exigente con los estudiantes a la hora de innovar, puede ser motivo suficiente para que los padres de familia busquen la manera de frenar el cambio y obligar a retornar a las prácticas tradicionales,; a la ley del mínimo esfuerzo.

Ese divorcio entre los hogares, las escuelas y la estructura ministerial no le hace bien a nadie y termina solo por buscar culpables a cada error del proceso educativo.

Rediseñar las estructuras para innovar en las aulas implica hacer a un lado las vanidades y las ideas obsoletas, para procurar un mejor ambiente educativo para niños, jóvenes y maestros que les motive a ser mejores ciudadanos, críticos de su entorno y capaces de buscar soluciones colectivas a los yerros que se arrastran en las aulas.

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