Alberto Barrantes C.. 29 enero
Graduados sin empleo y empleadores que no encuentran talento evidencian la desconexión entre los mundos académico y laboral.
Graduados sin empleo y empleadores que no encuentran talento evidencian la desconexión entre los mundos académico y laboral.

Mientras el mundo cambia y exige nuevas aptitudes y nichos para buscar trabajo, el 50% de jóvenes de 15 años sigue apostando a estudiar carreras tradicionales. Quieren ser abogados, administradores, profesores, doctores, policías sin tomar en cuenta la demanda de nuevos profesionales que requiere el mercado laboral ni la realidad económica. Así lo revela el más reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre expectativas de empleo de los jóvenes, con base en un estudio que incluyó a 600.000 colegiales de 79 países del mundo y que participaron en las Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés).

La investigación anota que las aspiraciones profesionales de los jóvenes son “poco realistas” y en ellas influyen el contexto social y el género. Por ejemplo, los jóvenes con alto rendimiento en las pruebas PISA pero que provienen de entornos más desfavorecidos tienen, en promedio, cuatro veces menos probabilidades de tener aspiraciones ambiciosas que aquellos con calificaciones altas y de los entornos sociales más privilegiados.

Por eso es fundamental el rol que juega la educación, durante Primaria y Secundaria, de orientar al joven en ese proceso de construcción de sus expectativas. Es crucial que los aprendizajes del aula conecten con la realidad social y económica, que ofrezcan información confiable, variada y que en las aulas se generen espacios para cuestionar, comparar y construir con base en la evidencia que aportan los datos, mediante una cultura de aprendizaje, de des-aprendizaje y de re-aprendizaje.

Los resultados de esta investigación de la OCDE se dieron a conocer la semana pasada en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. El director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher dijo que “es una preocupación que más jóvenes (con respecto del año 2000) ignoren o desconozcan de los nuevos tipos de trabajos que están surgiendo, particularmente como resultado de la digitalización (…) Eligen el trabajo de sus sueños de una pequeña lista de las ocupaciones más populares y tradicionales, como maestros, abogados o administradores”, afirmó.

El informe critica que pese a que nuevas formas de trabajo emergen, la escuela y el colegio siguen haciendo lo mismo: pedir a los estudiantes que memoricen contenidos de un currículo para aprobar exámenes. Ese modelo tradicional y obsoleto descuida el desarrollo de habilidades básicas para el siglo XXI, tales como curiosidad, pensamiento crítico, empatía, resiliencia, deseos de emprender y la capacidad de una buena comprensión lectura y la resolución de problemas matemáticos y científicos.

Los resultados de este reciente informe de la OCDE coinciden con un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde se consigna que para el 2030 más de la mitad de los jóvenes no tendrá las competencias necesarias para prosperar en un trabajo, debido a que salen del sistema educativo secundario con pobres aptitudes y con la idea de que un título académico les garantizará empleo futuro, sin que esto necesariamente se cumpla.

La educación es una herramienta para el progreso social cuando se ajusta a la realidad, cuando invita a los jóvenes soñar amparados en los hechos y sin fabricar falsas ilusiones. Habitamos tiempos donde el título académico no es garantía para conseguir mejores oportunidades y donde la interconexión tecnológica fustiga, en el empleo, a quienes están desconectados de la realidad y a quienes no se apuren en salir de su ignorancia.

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