Alberto Barrantes C.. 5 febrero
Licypriya Kangujam (en el centro, con micrófono) afirma que en este 2020, dedicará sus fines de semana y feriados al activismo climático. Cortesía.
Licypriya Kangujam (en el centro, con micrófono) afirma que en este 2020, dedicará sus fines de semana y feriados al activismo climático. Cortesía.

Nació hace ocho años en Manipur, un estado al noreste de India, y le preocupa cómo los efectos del cambio climático afectan a las familias más pobres del mundo y a los más jóvenes, mientras la inacción política pasea de una cumbre a otra, con discursos carentes de acciones. Afirma que en su activismo por el clima la tarea más difícil es educar a los adultos.

“La peor parte es educar a los adultos sobre el cambio climático. Pido que le crean a la Ciencia y no a mí (…) Mi activismo no solo es protestar en las calles sino también dialogar con los líderes políticos y decirles que me importa el presente y el futuro y que hay que tomar acciones ya”, dijo Kangujam.

Esa motivación por combinar la protesta con el diálogo fue heredada por su padre, quien también es activista, y acompaña a Licypriya a manifestar sus ideas de comunidad en comunidad y a llevar cartas con peticiones a tomadores de decisión en India para hacer escuchar su voz.

El más reciente logro de su acción climática y de su agrupación (The Child Movement) es que, en el último año, dos estados de India, Gujarat y Rajasthan, aprobaron incluir en el currículo de Primaria la asignatura cambio climático. Gujarat tomó la decisión el pasado 31 de enero.

“En 2019, sí abandoné mi escuela para salir a protestar y elevar mi voz. Mi escuela está ubicada en Bhubaneswar, a unos 300 kilométros de Nueva Delhi, donde se encuentra el Parlamento. Pero para este 2020, retomaré mis estudios y dedicaré mis fines de semana y feriados al activismo”, afirma la niña.

Para esta activista de Manipur, el cambio debe empezar por la mentalidad y desde las aulas de Primaria, explicando a niñas y niños que el cambio climático no es un invento sino la causa de una crisis global que nos afecta a todos y que, por ende, nos obliga a tomar acciones colectivas.

“Si no elevamos nuestra voz desde ahora para defender el clima, cuando salgamos de la escuela será demasiado tarde. El cambio climático está en todas partes y no podemos ser indiferentes. Me preocupa que muchos humedales, incluido el lago de agua dulce más grande y famoso del mundo en Asia, el lago Loktak se está secando. Más de 4,6 millones de niños mueren cada año en India a causa de la contaminación del aire y el ministro de Ambiente dice que nadie muere por él. Eso me da mucha vergüenza”, critica la niña.

“Dejen de llamarme la Greta de la India”

Sus críticas también se extienden al Primer Ministro de la India, Narendra Modi, a quien le pide acciones para la aprobación de una ley de cambio climático.

“Al señor Primer Ministro le pido que deje de comprar carbón a Australia. En lugar de gastar millones de dólares en la compra de carbón, quiero que lo invierta en la producción de energías renovables, que es más barata. Que India apruebe una ley estricta para detener la tala de árboles y combatir los combustibles fósiles”, comenta la joven activista.

Entre sus peticiones al Parlamento de Nueva Delhi, está que se prohíba la construcción de edificios nuevos si no tienen espacio para cultivar un mínimo de 20-30 árboles.

Esta semana en su cuenta de Twitter, la niña de 8 años también reprochó a aquellos medios de comunicación que la llaman “la Greta de India”.

“Dejen de llamarme la Greta de India (...) Greta es una de nuestras inspiraciones. Tenemos un objetivo común pero tengo mi propia identidad, mi historia. Comencé mi movimiento desde julio de 2018, incluso antes de que comenzara Greta”, manifestó en su red social.

La acción climática de niños y jóvenes inyecta esperanza y demanda hechos concretos para luchar contra la indiferencia y el menosprecio de algunos adultos.

La construcción de un mejor futuro para todos, orientado a la protección del medio ambiente, puede sonar a utopía, más aún, cuando es evidente la despreocupación de algunos líderes políticos que prefieren ignorar la realidad o afirmar que el cambio climático es un invento de algunos.

Pero esa utopía es necesaria porque es la dosis que impulsa la acción. En palabras del escritor Eduardo Galeano, la utopía está en el horizonte. Nos acercamos dos pasos y ella se aleja dos más. Caminamos diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que caminemos, nunca la alcanzaremos. Entonces, ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar.