Michelle Soto. 16 abril, 2012
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Puerto Jiménez. Su cercanía con los manglares, su fondo lodoso y aguas turbias pero productivas, convierten al golfo Dulce en sitio de crianza de los tiburones martillo ( Sphyrna lewini ).

Así lo informaron investigadores de la organización Misión Tiburón, quienes colocan transmisores en estos animales para conocer sus movimientos en los primeros años de vida, justo antes de convertirse en adultos y migrar hacia la Isla del Coco.

“Por dicha tenemos la Isla para proteger a los martillo cuando ya están grandes, pero aún nos falta tomar medidas para conservarlos cuando están pequeños y andan por la costa”, comentó el biólogo Andrés López.

Al estar en aguas costeras, los juveniles se ven afectados por las pesquerías, la contaminación y la degradación del hábitat como los manglares. Ahí yace la razón para resguardar sus sitios de crianza.

El estudio, que consta de tres fases, comenzó en marzo del 2010 y cuenta con el financiamiento de Conservación Internacional, Mohamed bin Zayed Species Conservation Fund, Columbus Zoo and Aquarium y la Asociación de Pesca Turística de Costa Rica (APTCR).

Datos de pesca. Las primeras etapas del proyecto se enfocaron en recolectar datos a partir de las faenas de pesca. Se entrevistaron pescadores comerciales y turísticos para delimitar nueve sitios en el golfo donde hay tiburones martillo.

Posteriormente, los investigadores acompañaron a los pescadores artesanales durante 30 jornadas de pesca y estuvieron en 37 descargas en los centros de acopio.

Durante estas faenas, los biólogos se percataron de que el 55% de los tiburones capturados eran martillos, todos juveniles.

La talla promedio de los tiburones capturados era 74,3 cm. El tiburón más grande midió 140 cm y el más pequeño 46 cm. Un tiburón martillo madura al alcanzar los 180 cm (hembra) y 190 cm (macho), por tanto, los animales analizados correspondían a tiburones en estadio juvenil.

También se dieron cuenta de que julio y agosto eran los meses cuando más martillos había.

“Creemos que tiene que ver con la época de nacimiento. Si se cruza ese dato con las tallas, se observa que cuando hay más martillos estos son pequeños y cuando hay menos martillos, las tallas son mucho más grandes”, explicó la bióloga Ilena Zanella.

Otra observación se relacionó con el porcentaje de sobrevivencia en la línea de pesca. Solo el 14% de los martillos sobrevivieron y esto se debe a que sus requerimientos de oxígeno son más altos.

Otras especies de tiburones como el mamón común ( Mustelus lunulatus ) y el gata ( Ginglymostoma cirratum ) tienen porcentajes de sobrevivencia entre el 98% y 100% porque pueden oxigenarse sin moverse; el martillo, no.

“Toda esa información nos sirvió para saber cuál era el área para realizar el marcaje y dónde poner los receptores”, explicó López.

Marcaje y monitoreo. Con base en esa información, se delimitó un área de estudio de 5 km². Allí, con ayuda de una cuerda de mano que posee un anzuelo circular de 4 cm de alto y 2 cm de ancho (N.° 5), se capturan los tiburones martillo.

El animal se sube a la cubierta del bote donde, con un bisturí, se le realiza una microcirugía en el abdomen para colocarle un transmisor de 3,3 cm (V13) o 6,3 cm (V16), dependiendo del tamaño del pez. Cada transmisor o marca acústica cuesta $400 y posee una vida útil de entre 2,5 y 4 años.

Luego se le realizan dos puntadas. Además, se le coloca un antibiótico y desinflamatorio que le ayudará a cicatrizar.

Asimismo, se toman datos como tamaño, se registra el sexo y, si son machos, se determina el estado de madurez sexual a partir de los hemipenes (los juveniles, los tienen suaves; los maduros, los tienen calcificados). Si las condiciones del mar son propicias, se pesan.

Aparte del transmisor, al tiburón se le coloca una marca plástica (tipo flexi ). “La marca convencional es importante en caso de recaptura, ya que se ve a simple vista”, recalcó Zanella.

Todo el proceso tarda a lo máximo dos minutos y luego se devuelven al agua. En algunos casos, se les da oxigenación.

A la fecha, los investigadores han marcado 12 tiburones. El más grande midió 102 cm y el más pequeño, 87 cm.

De estos, nueve siguen visitando el sitio de crianza y, desde hace 22 días, no se conoce el paradero de tres. Puede ser que estén en otro sitio o hayan salido del golfo donde cayeron en alguna línea de pesca o murieron por otra circunstancia.

“Algo que ha beneficiado al proyecto es que el golfo es área de pesca responsable. Ya no están los tramalleros, ni los camaroneros y eso nos ayuda a ver resultados”, enfatizó López.

Anteriormente, en junio del 2011, se colocaron tres receptores acústicos que consisten en cilindros de 30 cm de largo y 8 cm de diámetro cada uno, los cuales captan la señal acústica que emiten las marcas en los tiburones martillo.

Cada receptor se encuentra entre 15 y 25 metros de profundidad (según la marea) y capta la señal de las marcas en un radio de 800 metros. Esto quiere decir que si un tiburón pasa cerca, el receptor toma datos como el número del transmisor, la fecha y la hora, en intervalos de 75 segundos.

Ya se contabilizan unas 40.000 detecciones en los tres receptores, esto quiere decir que los tiburones sí están usando el sitio.

Otro dato es que lo utilizan de día. “La pregunta es: ¿dónde están esos martillos de noche? Se supone que se alimentan en las noches, cuando son más activos. Aparentemente, pasan cerca de los receptores durante el día, pero en la noche buscan otros sitios”, dijo Zanella.

“La hipótesis es que en la noche están cerca de la desembocadura de los ríos porque los juveniles buscan presas más pequeñas. Lo ideal sería colocar receptores allí para ver si es cierto”, agregó.

Cada receptor tiene un costo de $1.600. “Entre más receptores, la cobertura será mayor y podríamos saber dónde están y a qué hora del día, también cuán largas son las migraciones dentro del golfo, lo cual daría pautas para proteger ciertas áreas”, destacó Zanella.

La toma de datos les permitirá en el largo plazo saber cómo el tiburón utiliza este sitio de crianza y en qué momento de su vida lo abandonará para migrar a otros lugares. Según Zanella, la idea es llegar a conocer su ciclo de vida.

“La meta es comprobar conectividad y crear la primera área protegida para el tiburón martillo en el mundo. Esa es la utopía”, comentó López.