Ese verde propio del bosque húmedo que se observa en el sendero, contrasta con una tonalidad más grisácea que tiñe la estructura de Guayabo cuando se sale al área donde está el monumento.
Las investigadoras Marielos Mora y Elena Castillo recorrieron ese “claro del bosque” –que mide unas cuatro hectáreas– con el objetivo de recolectar muestras de los organismos que cubren las rocas del sitio arqueológico, para identificarlos y clasificarlos.
“La idea es identificar cuáles están deteriorando la estructura y así ver cómo podemos prevenir su acción o cómo podemos controlarlos”, comentó Mora.
De esta manera, las investigadoras se dieron cuenta de que el 90% de las rocas están cubiertas por líquenes que suman 25 especies.
“Los líquenes son una asociación entre un alga y un hongo. El alga puede ser un tipo de bacteria o pueden ser algas superiores, que se parecen más a las plantas”, explicó la científica.
En Guayabo hay líquenes foliosos (tipo hoja), crustáceos (una costra que se adhiere a la piedra) y fructiculosos (como arbolitos).
“El que haya microorganismos encima de las rocas, no quiere decir, necesariamente, que las están deteriorando”, dijo Mora.
“Todo depende del tipo de organismo. Hay unos que, cuando se mueren, se petrifican y quedan adheridos a la roca; cuando se trata de eliminarlos, se traen consigo un poco de roca. Hay otros que están mucho más superficiales y es como quitar una cáscara. También existen otros que sí tienen un contacto íntimo con la roca y esos pueden estar mineralizando estas piedras”, explicó.
Lo importante es determinar si estos organismos causan daño. “Si no lo están causando, la verdad no vale la pena eliminarlos”, destacó.
De hecho, si están presentes en Turrialba es porque allí se dan las condiciones ambientales. “Se tiene alta precipitación y un bosque denso donde hay un claro. ¿Qué necesitan los organismos fotosintéticos como los líquenes? Pues luz. Se pueden limpiar todas las piedras que al mes ya están llenas otra vez. Si se quiere pensar en un control, se necesita estudiar esa dinámica para conocer cuándo es que esos líquenes empiezan a diseminar esporas. Si se empieza a limpiar en el momento en que se diseminan, lo que va a pasar es que uno va a terminar propagándolos”, dijo Mora.
Al respecto, el geólogo Luis Obando cuestionó: “La pregunta es: ¿qué queremos presentar de Guayabo? ¿Queremos presentar algo libre de vegetación y las piedras limpias o podríamos sacarle provecho para explicarles a los visitantes los procesos ecológicos?”.