Debbie Ponchner. 9 enero, 2012

Llegó enero y, con el nuevo año, también llegó el momento de valentía: hay que pararse sobre la báscula y descubrir el daño hecho, reconocer cuánto es el peso ganado en el último mes de constantes celebraciones cargadas de calóricas comidas y bebidas.

El daño (los kilos de más) tiene una sola explicación: las calorías de más que consumió en las últimas semanas, pero, ¿el resultado varía según de dónde provinieron esas calorías? ¿Hay diferencias si comió más proteínas o más carbohidratos?

La evidencia médica no es concluyente en el tema, pero existen cerca de 12 estudios clínicos que dan fundamento a la hipótesis de que una dieta con un bajo u alto contenido de proteína es metabólicamente más ineficiente que una con un contenido normal de proteína.

Cuando se habla de un metabolismo ineficiente, se dice que el cuerpo utiliza más calorías para hacer una tarea; es decir, “desperdicia” calorías, que, cuando lo que se quiere es no aumentar de peso, resulta beneficioso.

Un equipo de científicos, liderados por George Bray, investigador del Penington Biomedical Research Center, en Luisiana, EE. UU. se dio a la tarea de descubrir si dicha hipótesis es correcta. Para ello, reclutó a 25 valientes voluntarios dispuestos a someterse durante ocho semanas a una dieta con un 40% más de las calorías requeridas por su organismo.

No obstante, no todas las dietas eran iguales. Algunos recibieron una dieta baja en proteína, en la que solo el 5% de las calorías diarias provenía de ese grupo alimenticio; otros, una de contenido normal de proteína (15%); y, un último grupo recibió una dieta alta en proteína (25%).

Todos, sin importar la dieta que siguieron, tuvieron un aumento similar en la cantidad de grasa acumulada en el cuerpo, por lo que los investigadores concluyen que, sin importar de dónde vienen las calorías, un exceso de ellas va a terminar siempre acumulada en forma de grasa.

Sin embargo, cuando se ve el resultado final en los números que refleja la báscula, aquellos que siguieron la dieta baja en proteína aumentaron mucho menos peso (3,16 kilos más al cabo de las ocho semanas) que aquellos con la dieta con una cantidad normal de proteína (6,05 kilos más) y los que siguieron la dieta alta en proteína (6,51 kilos más).

La cantidad de masa muscular decayó en 0,7 kilos en aquellos que siguieron la dieta baja en proteína, pero aumentó en 2,87 kilos en los que siguieron la dieta de contenido normal de proteína y en 3,18 kilos en los que consumieron una dieta alta en proteína.

Así, cuando los investigadores analizaron el metabolismo de los voluntarios, midiendo cuántas calorías consume el cuerpo cuando está en descanso, estos aumentaron significativamente en quienes consumieron la dieta con un contenido de proteína normal y alto, pero se quedó sin variación en los que siguieron la dieta baja en proteína.

En su estudio, publicado en la revista JAMA , Bray y sus colegas subrayan que sin importar el origen del exceso de calorías que se consume, estas siempre van a terminar transformándose en más grasa en el cuerpo.

Ahora que llegó enero, sin importar si sus excesos fueron en proteínas o carbohidratos, es hora de contar calorías y revertir el daño hecho al eliminar esa grasa de más.

dponchner@nacion.com