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Editorial: El PLN desligado de su realidad

A los liberacionistas les sobran motivos para adoptar políticas de apertura e inclusión, pero el tema dominante en su asamblea fue la propuesta de escoger al candidato en votación cerrada

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El Partido Liberación Nacional (PLN) no encuentra la conexión, otrora firme, con la realidad propia, la del país y las exigencias de nuestros tiempos. Foto: Albert Marín para la Nación. Albert Marín

El Partido Liberación Nacional (PLN) no encuentra la conexión, otrora firme, con la realidad propia, la del país y las exigencias de nuestros tiempos. Ese vínculo le permitió, durante décadas, acertar en el análisis de los problemas nacionales y proponer soluciones, imperfectas sí, pero a la hora de la evaluación global, favorables para el desarrollo político y económico de Costa Rica. Para demostrar lo dicho, basta con fijar la vista en la fracasada asamblea general celebrada —o sufrida— el sábado 12 de octubre.

Los resultados electorales, el paupérrimo desempeño en los comicios cantonales, las encuestas y la debilitada estructura territorial, de la cual se nutren otros partidos aprovechando la incapacidad del liberacionismo para retener a sus militantes, son motivos para adoptar políticas de apertura e inclusión, pero el tema dominante de la asamblea fue la propuesta de abandonar las convenciones abiertas y escoger al candidato en votación cerrada, exclusiva de los liberacionistas, como si todavía poseyeran aquel piso mínimo del 35 % del electorado.

En el pasado, los liberacionistas encaraban las elecciones como el reto de sumar a su base un 6 % adicional para asegurar que no habría segunda ronda y unos puntos más para ganar la presidencia si la oposición estaba dividida. Con frecuencia, la división la creaban ellos mismos mediante partidos “tureca”, tan usuales en esa época.

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