
En 1830, el político y empresario josefino Miguel Carranza Fernández (1778-1843), trajo a la ciudad la primera imprenta que operó en Costa Rica. Con ella estableció la “Imprenta de La Paz”, en Calle Central, entre las actuales avenidas Central y 1ª; donde estuvo la Ferretería Macaya.
Conservada por el Museo Nacional, aquella imprenta plana fue fabricada por la compañía inglesa Waterlow and Sons Limited. Según el historiador Carlos Meléndez:
“La imprenta que trajo Carranza al país, parece (…) corresponder a un tipo modificado del modelo original de Gutenberg, cuyos cambios fueron introducidos en el mercado por Benjamín Franklin (Los Veinte primeros años de la imprenta en Costa Rica).
Imprentas y periódicos
Señala la historiadora Patricia Vega Jiménez que, antes del establecimiento de la imprenta en el país, cuando por su importancia y trascendencia las disposiciones gubernamentales requerían ser impresas, era necesario enviar sus manuscritos a El Salvador o a Guatemala; proceso que encarecía y atrasaba la labor estatal(De la imprenta al periódico).
Siendo así, no extraña que el primer cliente importante de la “Imprenta de La Paz” haya sido el Estado. La competencia, sin embargo, no tardó en aparecer, pues en 1831 abrió sus puertas en San José, la “Imprenta La Libertad”; propiedad del nicaragüense Francisco Valenzuela.
En 1832, llegó a la ciudad la tercera imprenta, propiedad del funcionario público Joaquín Bernardo Calvo Rosales (1799-1864); quien instaló con ella la “Imprenta La Merced”. Al año siguiente, de ese taller salióEl Noticioso Universalprimer periódico del país; publicado bajo la dirección de Calvo y enfocado en noticias nacionales, extranjeras y de interés gubernamental.
La cuarta imprenta vino de Inglaterra, traída por el comerciante y cafetalero Rafael Moya Murillo (1800-1864); quien la puso a la venta. Según Meléndez: “Llevó (…) el nombre de “Imprenta de la Concordia” y fue adquirida casi de inmediato por don Valentín Gallegos, quien, tras un breve funcionamiento en San José, la trasladó a Nicaragua (…). Este traslado ocurrió en el año 1834”.
Ese mismo año, la administración de José Rafael Gallegos (1833-1835) echó a andar la llamada Ley de la Ambulancia; un plan urdido por los vecinos de Cartago –principales electores del jefe de Estado– para apropiarse de nuevo de la capitalidad. De acuerdo con esa ley, la capital pasaría a Alajuela, luego a Heredia, y cuando llegara a Cartago, se eliminaría dicha norma.
En San José, la absurda medida despertó agudas críticas y crueles burlas de los opositores del mandatario; atrincherados en el periódico La Tertulia, dirigido por el presbítero Vicente Castro Ramírez (1792-1845). Entonces, cansado de humillaciones y ataques personales, Gallegos renunció en marzo de 1835. Para sustituirle, fue electo jefe de Estado Braulio Carrillo Colina (1800-1845).
Este traía como prioridad eliminar la Ley de la Ambulancia para establecer un gobierno profesional en una nueva capital; que se ubicaría muy cerca de San José, en San Juan del Murciélago, hoy San Juan de Tibás. Esto provocó de inmediato la insurrección de Cartago, Alajuela y Heredia contra San José, en la llamada Guerra de la Liga (septiembre-octubre de 1835).
La Imprenta del Estado
Empero, el jefe de Estado condujo su causa a la victoria y San José siguió como capital. Tras el conflicto, Carrillo ordenó abrir un riguroso proceso contra los principales implicados; entre ellos Joaquín Bernardo Calvo, funcionario de la gestión gubernamental de Gallegos y cuya “Imprenta La Merced” fue incautadacomo una especie de botín de guerra.
Calvo no sólo era enemigo político de Carrillo, sino también competidor inmediato en el campo de la impresión de Miguel Carranza, yerno y simpatizante suyo. Su objetivo, pues, era sacar a Calvo del negocio de la impresión y asegurarse de que los talleres del Estado divulgaran favorablemente su obra administrativa.

Así, la que empezó a ser llamada “Imprenta del Estado” (luego “Imprenta de la República” y, por último, Imprenta Nacional), continuó trabajando en la que fuera la casa de Calvo; en la esquina noroeste de las actuales avenidas Central y calle 3. El Estado pagaba el alquiler respectivo, pero se ignora quién la dirigió.
Unos años después, la Imprenta pasó a operar en la casa del presbítero Vicente Castro, que fue su director; para pasar después al local de la Factoría de Tabacos (esquina sureste del Banco Central) donde se hallaban las oficinas del gobierno. Ahí debió permanecer la Imprenta hasta el año 1853, cuando aquel edificio fue sustituido por el Palacio Nacional.
Luego, se trasladó la Imprenta a un local no determinado en la Calle Central, cerca del templo del Carmen, pero para 1895, ya se ubicaba en un edificio anexo a la Casa del Cuño; esto es, en la esquina sureste de las actuales avenidas 3 y calle 4. En ese local se encontraban la Administración y las áreas de Tipografía, Litografía y Encuadernación.
Con entrada sobre calle 4, su lote ocupaba aproximadamente una sexta parte de la manzana; y si la Casa del Cuño –ubicada inmediatamente al sur– era una construcción sencilla con la apariencia de una casona de adobes, el local de la Imprenta no debe haber sido muy diferente.
A la llegada de Alfredo González Flores a la presidencia de la República (1915-1917), asumió la administración de la Imprenta Nacional el poeta José MaríaBilloZeledón (1877–1949). A su cargo, la imprenta sufrió una fuerte reorganización, pero también logró que se le dotara de un nuevo edificio que se construiría en el mismo predio que ocupaba.

El nuevo edificio de la Imprenta Nacional
Los trabajos arrancaron en 1915, y estuvieron listos a finales de año. Al respecto, la respectiva Memoria de Fomento señala: “Entre las nuevas obras merecen citarse, en primer término, por su importancia y costo, el edificio de la Imprenta Nacional, construido de concreto reforzado, bajo la dirección del jefe de la Sección [de Obras Públicas] don José Fabio Garnier y con operarios del país”.
Debido a las dinámicas internas de Obras Públicas, hoy no es posible determinar si el arquitecto Garnier (1884-1956) fue su diseñador o sólo aprobó los planos; pero se trataba de un edificio de planta rectangular, con dos niveles perimetrales y un espacio central de doble altura, techado por un monitor de madera y vidrio.
De estética ecléctica, como era usual aquí a principios del siglo XX, integraba de modo armónico y dentro de un esquema simétrico de planta y fachadas, ritmos renacentistas en puertas y ventanas; con elementos provenientes de la arquitectura neoclásica –tales como arcos, falsos balcones con balaustres y pilastras corintias– más todos ellos estilizados por la estética del modernismo o art-nouveau, que inspiraba su decoración.
Al frente, la puerta principal remataba en arco de medio punto y era realzada por el balcón de la segunda planta, cuya puerta, a su vez, remataba igualmente en arco. Arriba, destacándolas, sobre un antepecho que decía “Imprenta Nacional”, se erguía un frontón curvo interrumpido por un busto de Johannes Gutenberg (1400-1468); obra del escultor josefino Francisco Jiménez, discípulo del maestro catalán Luis Llach.
Las viejas fotografías muestran un sobrio interior tan bien iluminado como ventilado, donde se distribuían las diferentes secciones operativas de la imprenta; al tiempo que las administrativas gozaban de espacios adecuados a su jerarquía. El edificio se estrenó en la Navidad de 1915, con un baile que ofrecieron los obreros de la Imprenta y al que asistió el señor presidente de la República; y entró en funciones al año siguiente.
No obstante, la institución sólo lo ocupó hasta 1944, cuando por razones que suponemos de espacio, se trasladó a un nuevo edificio construido al efecto. Ubicado 50 varas al oeste, en avenida 1ª, entre calles 4 y 6, al norte del Pasaje Jiménez; este es un edificio de severas y estilizadas líneas clásicas en fachada, que aún sobrevive en nuestra degradada urbe.
El inmueble esquinero, entonces, pasó a manos de la Caja Costarricense de Seguro Social, que tuvo allí su segunda sede administrativa. Luego, fue adquirido por el Banco Nacional de Costa Rica, que lo demolió hacia 1978; para dar paso a su nuevo edificio, torre que se construyó entre 1979 y 1982.
La Imprenta Nacional, a su vez, se había trasladado desde 1973 a sus actuales instalaciones, en La Uruca. Allí, en su jardín frontal, único sobreviviente de otro notable edificio hoy desaparecido de San José, la efigie de Gutenberg sigue vigilante de la continuidad de su herencia en el país.
