
Hay cineastas que pasan décadas persiguiendo la misma pregunta desde ángulos distintos. En el caso de Ildikó Enyedi, es cómo los seres humanos intentamos convivir con los cambios del mundo moderno sin perder el vínculo con lo íntimo, lo corporal y lo natural. Su nueva película regresa al tema y la veremos en el Festival de Cine Europeo del Cine Magaly.
Con Silent Friend (2025), la directora húngara elabora una película contemplativa y extrañamente cálida que conecta el siglo XX con las incertidumbres contemporáneas a través de una presencia silenciosa pero decisiva: los árboles. La función de estreno de la cinta será el miércoles 27 de mayo a las 8:35 p. m.
Para la directora, ha sido crucial explorar la relación entre el ser humano y sus creaciones, entre el mundo acelerado y el intento de conexión. Ya desde My 20th Century, estrenada en 1989 y ganadora de la Caméra d’Or en Cannes, Enyedi exploraba cómo la modernidad transformó radicalmente la experiencia humana.
Aquella película seguía a dos hermanas gemelas separadas desde la infancia mientras el cambio tecnológico y el entusiasmo por el nuevo siglo alteraban la percepción del mundo. El progreso aparecía como una fuerza seductora, puerta a posibilidades inéditas, pero también como torbellino que fragmenta identidades y modifica la relación entre las personas y la realidad misma.
Décadas después, la cineasta alcanzó una nueva consagración internacional con On Body and Soul, ganadora del Oso de Oro en Berlín y exhibida también en Costa Rica. Allí, la conexión entre cuerpo y naturaleza adquiría una forma más visceral y perturbadora: dos trabajadores de un matadero descubrían que compartían sueños idénticos en los que aparecían convertidos en ciervos.
Silent Friend continúa esa línea, aunque con un tono más sereno y meditativo. La historia se desarrolla alrededor de un árbol centenario y las vidas humanas que atraviesan su existencia a lo largo del tiempo. Enyedi propone una reflexión sobre la memoria, la permanencia y la manera en que la naturaleza observa las transformaciones humanas. Los árboles nos perciben, así como nosotros los vemos a ellos; es un defecto del lenguaje que suene tan torpe esta expresión, del lenguaje que creemos que nos separa tanto del resto de la naturaleza.
Enyedi reúne en Silent Friend a dos intérpretes de enorme peso dentro del cine de autor internacional. Por un lado está Tony Leung Chiu-wai, figura esencial del cine asiático y rostro inseparable de las películas de Wong Kar-wai como In the Mood for Love o 2046. Aquí como en aquellos clásicos, reúne melancolía, contención y profundidad emocional.
Junto a él aparece Léa Seydoux, una de las actrices francesas más importantes de su generación. A diferencia de muchas estrellas europeas que alternan cine de autor y franquicias comerciales sin demasiada coherencia, Seydoux ha construido una carrera marcada por elecciones arriesgadas y colaboraciones con directores exigentes, de Denis Villenueve a David Cronenberg, a la par de éxitos de taquilla y una defensa constante del cine como arte e industria.
Enyedi hace películas que obligan a mirar, sentir y pensar más despacio. Incluso cuando lo que observa, como ocurre en Silent Friend, es algo tan aparentemente inmóvil como un árbol.
