
Vilma Ibarra puso fin a los 19 años en que, mañana a mañana, Hablando claro llegó hasta el oído de los costarricenses que desayunaban o enfrentaban una presa. Este 5 de junio será la última vez que su contundente voz sonará en Columbia, con la discusión candente del momento.
Tras anunciar el fin del espacio, que dejará vacante la franja de opinión de las 8 a. m. en la reconocida emisora, Ibarra conversó con La Nación sobre lo que representa su adiós y los retos que vivió en estos últimos años.
—El fin de Hablando claro se da en una coyuntura compleja para la prensa, sometida a ataques y donde no abundan espacios críticos, ¿cómo analiza el momento que atraviesa el ecosistema de medios?
Es un momento complejo. Cuando un proyecto de carácter autoritario aspira a tomar el control de los tres poderes, evidentemente, ese es un proceso de erosión democrática que ha afectado mucho el ecosistema de la prensa independiente. Entonces, esta decisión para mí ha sido muy difícil, pero es algo que me impuse desde hace tiempo. Era un paso que yo tenía que dar; tengo 43 años de estar en el periodismo y 67 años de edad.
“Llega en un momento en el que la edad me permite todavía hacer cosas personales, proyectos que tengo un poco en standby, sobre todo porque el hecho de que al Boris (Ramírez) salir del programa me implicaba una atención permanente en un programa que se transmite todos los días del año”.
—¿Le preocupa el vacío que deja su salida, no como autobombo, sino porque pareciera que las voces críticas escasean?
Me asalta una preocupación profesional, que es consustancial a mi manera de ser y de abordar el ejercicio del periodismo de opinión. Hay muy pocos espacios; en Costa Rica es muy limitado el espacio y también ha habido un proceso de neutralización de la prensa independiente que ha sido muy dañino.
”Mi salida no tiene nada que ver con esas condiciones, sino con las mías personales. Pero sí me preocupa; aunque también tengo la convicción de que hay personas profesionales en el periodismo que están tomando las estafetas, gente más joven que tiene la determinación de hacerlo y a la que tenemos obligación de acompañar”.

—¿Entonces los ataques de Rodrigo Chaves y su gobierno no la desgastaron?
En un primer momento fue muy fuerte; pero siento que me fortaleció mucho. Me tomó en una etapa de mi vida de mucha madurez y, además, tuve un respaldo incondicional de la emisora, de mi familia, de mis amigas y amigos que han sido un gran baluarte. Lo han sido siempre, pero en este tiempo se mostraron muy solidarios.
”Lo que más he cuidado en mi carrera son mis principios éticos y mi independencia; no he bajado la bandera. En ese sentido, siento que estoy satisfecha y tranquila con mi conciencia y con el trabajo que he podido realizar, entendiendo que, como yo siempre digo, Hablando claro ha sido una ventana de opinión, una vitrina. Hay otros puntos de vista, pero yo no quise cambiar nunca y espero así será hasta el 5 de junio”.
—El hecho de que un proyecto “con intenciones autoritarias”, como usted lo señala, justo la atacara y la quisiera acallar, ¿es como una última medalla, un reconocimiento a su ejercicio del periodismo?
Pues sí, me intentaron acallar, pero tuve suficientes agallas gracias al apoyo que recibí para no haber cambiado. El periodismo independiente es un periodismo odioso para el poder, sobre todo cuando no están en el ejercicio demócratas convencidos de que el régimen de libertad de prensa y de opinión es fundamental para la democracia. Esa convicción evidentemente ha estado ausente en estos últimos años.
”Pero también tengo que decir que la institucionalidad costarricense es fuerte y ha respondido como se debe a esos intentos. La Sala Constitucional, la Fiscalía y el Organismo de Investigación Judicial me brindaron protección. Me preocupa más el efecto pernicioso que el ataque y la censura indirecta han generado en el ánimo de muchos colegas que han descafeinado el ejercicio del periodismo independiente”.

—Usted mencionó que su espacio era una vitrina entre las diversas opiniones, ¿cómo lidió con los cuestionamientos que perseguían variar las posturas en su programa?
Entiendo bien que hay un malestar con la democracia... Es muy difícil que todas las personas puedan entender cuál es el valor de una institucionalidad que nos ha sido dada y que la dimos por descontada durante tanto tiempo. Los procesos de erosión son acaso imperceptibles como fallas sísmicas que no todo el mundo siente y a no todos asustan.
”Yo soy obligatoriamente optimista respecto a que vamos a superar esta etapa, pero creo que todavía falta un momento todavía más difícil antes de que podamos empezar a decir que hemos superado este impás, que ha golpeado nuestra estabilidad democrática y que es constatable solamente con observar cuál es nuestra caída en el índice de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras.
—¿Qué decirle a esos nuevos periodistas llamados a ejercer durante un periodo tan complejo como el actual, donde incluso la pérdida de criticidad podría parecer una buena opción?
El periodismo es un oficio noble, difícil en estas circunstancias, pero muy satisfactorio en términos de lo que implica hacer las cosas bien. Hacer buen periodismo es difícil, es complejo. Pienso en colegas en otras actitudes en las que, en circunstancias aún más difíciles que la nuestra, logran mantenerse incólumes.
”Es una tarea de enorme responsabilidad social y tenemos que saber, cuando adoptamos este camino de vida profesional, que este oficio es complejo y que si tenemos el respaldo, como yo lo he tenido de mi empresa, tenemos la obligación de corresponder a nuestro público, sabiendo que las cosas son difíciles, pero creo que es más difícil claudicar que mantenerse en pie”.
