
El pronóstico es claro: el próximo 1.º de noviembre caerá un Trueno sobre Costa Rica. El choque eléctrico será tan grande que una onda expansiva de rimas, beats y relampagueante estilo iluminará todo el Parque Viva y varios kilómetros a la redonda.
La energía que será liberada tiene como origen las plazas de Buenos Aires y su punto de ignición se llama Mateo Palacios, mundialmente conocido como Trueno. El rapero regresará al país con un espectáculo que promete un estruendo total, al ritmo de su más reciente producción: Turr4zo.
A sus 24 años, el argentino se ha consolidado como una de las voces más reconocibles del rap latinoamericano: un artista capaz de tender puentes entre el hip-hop clásico, la identidad barrial y los códigos de una nueva generación.
En entrevista con La Nación, el rapero argentino habló de la ruta que lo llevó de las plazas de freestyle a los grandes escenarios, de la influencia de su padre y de la propuesta con la que regresará a Costa Rica. En ese recorrido, La Boca, su familia, sus amigos y los valores que lo formaron aparecen como una base constante: el beat que sostiene cada una de sus letras.
Trueno nació en el barrio de La Boca, en Buenos Aires, y su historia demuestra cómo un talento forjado en el freestyle callejero puede escalar hasta los grandes escenarios internacionales. Su carrera no salió de un laboratorio: creció entre plazas, competencias, rimas improvisadas y una cultura que aprendió a respirar desde niño.

Su padre, Pedro Palacios —conocido como MC Peligro—, es un pionero del rap underground argentino y líder del colectivo cultural Comuna 4. Gracias a él, Trueno tuvo contacto temprano con la música, el grafiti, el breakdance y el universo hip-hop.
A los tres años ya mostraba interés por la batería y el beatbox. Para los 10, competía en batallas locales. En 2016 comenzó a ganar visibilidad nacional mediante su canal de YouTube y sus participaciones en torneos como Acomodate en el Freestyle y El Quinto Escalón.
Pero fue en 2019 cuando su carrera lanzó el primer relámpago de una tormenta que todavía no termina. Con apenas 17 años se coronó campeón de la Freestyle Master Series Argentina tras una recordada final contra Papo. Ese mismo año se consagró como campeón nacional en el Luna Park, representó a Argentina en la Final Internacional en España y grabó su sesión de improvisación con Bizarrap, convertida en uno de los videos de freestyle más vistos de YouTube.
Después de conquistar la cima del circuito competitivo, Trueno decidió guardar los guantes de batalla y concentrarse por completo en su carrera discográfica.
“Las batallas fueron el mejor entrenamiento que pude tener, porque ahí aprendí primero a rapear y a improvisar, incluso antes de escribir. No es algo que pase seguido, pero me ayudó muchísimo cuando empecé a componer: ya tenía el entrenamiento de buscar palabras y encontrarles una rima en el momento”, aseguró.
“Cuando logré todo lo que quería en el freestyle dije: ‘Bueno, es el momento de arriesgarme con la música’”, recordó.
Así cambió las plazas y los escenarios de freestyle por los estudios de grabación. Desde entonces ha publicado cuatro álbumes: Atrevido (2020), Bien o mal (2022), El último baile (2024) y Turr4zo (2026).
Bien o mal le valió cuatro Premios Gardel en 2023, incluido el Gardel de Oro al Álbum del Año. Sin embargo, el artista asegura que su escuela sigue estando en las batallas, donde aprendió a dominar el escenario y a construir rimas bajo presión.
“Ya nadie me insulta en el escenario”, dijo entre risas, al comparar las competencias de freestyle con sus conciertos actuales.
Herencia, barrio y propósito
Trueno tenía claro que quería vivir de la música, aunque nunca imaginó la dimensión de la fama que alcanzaría. Su padre y su abuelo, ambos vinculados con este mundo, fueron referentes importantes en ese camino.
“Le debo todo al Peligro”, dijo al referirse a su papá. “El hip-hop lo conocí por él. Empecé a acompañarlo a donde tocaba; con él vi mis primeras competencias de freestyle. Él está hace un montón en la cultura y la verdad fue un placer que me haya metido así, dentro de todo el movimiento”, afirmó.
Aunque reconoce el peso de esa herencia, desde el inicio quiso construir una identidad propia y ganarse el respeto por méritos propios.
“Ser el hijo de… te carga con una responsabilidad de que tenés que ser bueno, pero nunca fue un peso; ha sido un privilegio compartir esto con él”, agregó.

Fama: un relámpago fuera del radar
A corta edad, Trueno pasó de rapear por pasión en las calles a llenar conciertos y conectar con millones de jóvenes. Sus canciones hablan de amor, desamor, orgullo, amistad, familia y La Boca, un barrio que lleva tatuado en el discurso y en el alma.
“Pasaron muchas cosas que no tenía planeadas… Conocer países que jamás pensé que iba a conocer, colaborar con artistas que veía superlejanos”, admitió.
Para el rapero, ese ascenso tiene dos motores: el respaldo de su familia y una obsesión diaria por la música. “Cuando vienen cosas lindas, digo: ‘Bueno, esto es resultado también del trabajo que hacemos’, pero me sigo sorprendiendo de cada cosa que pasa”, manifestó.
Escuchar a Trueno también puede sentirse como entrar en una máquina del tiempo con bajos pesados.
Su propuesta recupera elementos del hip-hop de los años 90 y principios de los 2000: boom-bap, baterías contundentes, scratches de DJ y guiños al funk y al jazz. A eso suma métricas complejas, dobles tempos, flows veloces y punchlines afilados por años de improvisación.
La estética también acompaña el mensaje: ropa oversize, códigos urbanos y una intención clara de rendir tributo a la historia del género, mientras la acerca a públicos más jóvenes.
“Gran parte de lo que hago nace de la música con la que crecí y de la que me nutrí desde pequeño. Por mi papá escuché mucho rap de los años 90 y, con el tiempo, fui descubriendo más artistas y sonidos. Sin embargo, mi estilo está muy marcado por el rap de los 2000.
”Eso me influyó profundamente: hago la música que a mí me gusta escuchar de otros artistas y, sin querer, esa esencia aparece en mis canciones. Me encanta que digan que suena a vieja escuela, porque esa es la intención, aunque también busco modernizarla”, comentó.
Esa búsqueda de identidad ha marcado incluso sus colaboraciones. Trueno reconoce que ha dejado pasar propuestas que no conectan con su universo sonoro, pues procura que cada unión artística conserve su esencia.
La sencillez que no se negocia
Premios, escenarios internacionales y colaboraciones con figuras como Gorillaz, Cypress Hill, JID, J Balvin, Young Miko, Feid, El Alfa, Marshmello y Bizarrap no han cambiado su centro de gravedad: el barrio, la familia y el equipo que lo acompañó antes de que llegara la fama.
Las polémicas, dice Trueno, no forman parte de su estilo. Aunque admite que los comentarios negativos le provocaron inseguridades al comienzo de su carrera, con el tiempo aprendió a construir una coraza sin perder la sensibilidad que alimenta sus letras.
“Solo busco representar mis valores, mi barrio y a los amigos que estuvieron conmigo antes de que ocurriera todo esto, especialmente los de la Comuna 4. Ellos siguen trabajando y viajando conmigo; cada uno encontró un lugar dentro de mi equipo, porque ese siempre fue mi plan. No me gusta lograr las cosas solo. Los necesito a ellos, a mi círculo y a mi familia para seguir siendo el mismo.
”Si hubiera cambiado a las personas que me rodean, quizá estaría junto a gente que no me permitiría ser quien soy. Al final, es una cuestión de valores: representar mi música, lo que soy y nada más”, enfatizó.
Su proceso creativo también está guiado por la emoción. Prefiere escribir en casa, aunque con el tiempo aprendió a hacerlo en el estudio. Si está feliz, busca capturar esa sensación; si está triste, deja que ese estado atraviese la letra.
“No puedo escribir algo triste si estoy feliz”, aseguró. “Trato de guiarme con mis sensaciones y me gusta que mis repertorios pasen por sensaciones diferentes: desde la felicidad y la tristeza hasta la protesta, lo que sea”, añadió.
La exposición temprana también le trajo malos ratos. En sus primeros años de freestyle sentía que debía imponerse para evitar que otros cuestionaran su lugar. Con el tiempo, encontró una manera más firme de relacionarse con la fama y de proteger su propósito artístico.
“Hoy, lo que diga cualquier persona no cambia mi foco. Hago música para expresar lo que siento y liberarlo, no para complacer a nadie”, aseguró.

Un ‘Turr4zo’ para Costa Rica
De cara a su regreso al país, Trueno adelantó que el espectáculo estará estrechamente vinculado con la estética y el concepto de Turr4zo, su cuarto álbum de estudio. El número cuatro tiene una carga especial para el artista, no solo por tratarse de su cuarta producción, sino por su vínculo con Comuna 4.
“Es mi cuarto álbum y, como vengo de la Comuna 4, el número cuatro tiene una numerología muy fuerte para mí. Por eso, mi cuarto disco tenía que ser este”, explicó.
El artista trasladó esa simbología al montaje de la gira y promete una experiencia renovada, incluso para quienes ya lo vieron en Costa Rica. La apuesta combinará música, colores, visuales y una puesta en escena diseñada para entrar de lleno en el universo del álbum.
Entre las canciones que considera esenciales en vivo figuran Zombie, su favorita del disco; Pumas, en la que tuvo una participación importante en la producción; y Delivery Freestyle.
El rapero también recordó con entusiasmo sus visitas anteriores al país y la respuesta del público costarricense.
“Las veces que fui a tocar allá me sorprendió muchísimo la cantidad de gente que asistió; no sabía que había tantas personas escuchando mi música en Costa Rica”, comentó.
Ahora espera que el público se apropie de las nuevas canciones y convierta cada fecha en una conversación colectiva entre el escenario y la audiencia.
“Quiero abrir esta experiencia y ver qué pasa: con cuáles canciones saltan, con cuáles se emocionan y cuáles cantan”, expresó.
El consejo para su yo niño
Al mirar hacia sus inicios en las plazas de rap, Trueno dice que no cambiaría nada. Para él, cada paso —incluso los momentos de duda— fue necesario para llegar hasta aquí.
“Si volviera al pasado, no movería ni una taza para que todo pase igual”, afirmó entre risas.
El artista recuerda que, al inicio, su forma de vestir, la música que escuchaba y el sueño que perseguía podían hacerlo sentir como “el bicho raro”. Sin embargo, aprendió que ser diferente también puede ser una apuesta poderosa.
“Hay que bancarse al principio ser diferente, ser el que nadie entiende, el que se viste diferente y escucha otra música. Pero es una apuesta también”, señaló.
A ese Mateo que comenzaba a rimar, le daría un consejo sencillo, pero contundente: “Que confíe, que sea disciplinado y que se cuide; eso es muy importante”.
El 1.º de noviembre, Costa Rica volverá a recibir a Trueno: un artista que convirtió las rimas de plaza en himnos de multitud, que lleva el barrio como brújula y que promete descargar una noche de flows, dobles tempos y estilo sobre el escenario.
Las entradas para ver al argentino están disponibles en Eventcr.com. Aunque una de las localidades ya está agotada, aún quedan boletos con precios entre $53 y $71.

