
La ignorancia periodística no tiene fondo, y pocas veces es tan entretenida y peligrosa como cuando la prensa tica informa sobre aquello que se sale del espectro de lo que sus cerebros consideran normal y tradicional.
No, no hablo de cuando el presentador Víctor Carvajal pronunció mal el nombre de la banda Iron Maiden en De boca en boca (aunque... manda huevo). Hablo del más reciente caso de “si no sé qué es, se vale mostrar mi ignorancia”.
El 25 de febrero, Telenoticias transmitió un reportaje sobre los “100 jóvenes amantes del rock” (en las tomas parecen como 10) quienes hacían fila para el concierto de Iron Maiden, que será este martes en el Estadio Saprissa.
Luego de la primera mitad del reportaje, la periodista dice: “A pesar de su cabello largo y vestimenta negra, dicen que son jóvenes como cualquiera y poco les importa lo que piensen de ellos”.
No estoy bromeando; ¡eso dijo! Entre líneas, todos sabemos lo que la profesional en comunicación quiso decir: “A pesar de que aparentan lo contrario, dicen que son gente normal”. Hagamos énfasis, por favor, en eso: “ellos dicen”.
Como si aquello no fuera suficientemente discriminatorio (pretender que los ‘camisetas negras’ son anormales hasta que ellos lo desmientan), la periodista hizo otro esfuerzo para demostrar su ignorancia con respecto al tema (y su negativa a informarse al respecto).
“El primer día pasó gente a burlarse. (Decían:) ‘¡Eh, satánicos, 666!’, y así”, dijo uno de los fans de Maiden consultados, a lo que la periodista alcanzó a preguntar: “¿Es satánica esa música?”.
Como si le debiera explicaciones a alguien, el fan respondió: “No, jamás; o sea, yo soy católico”. Y está todo bien que lo sea, porque a lo mejor la dejó callada, pero... ¿y qué si el tipo fuera satánico? ¿Qué si en lugar de alabar a Jesús alabara a Satán? ¿Cuál sería el problema? ¿No tenemos libertad de culto?
Que la periodista pregunte si la música de Maiden es satánica revela el oscurantismo que con su irresponsabilidad periodística profesa. Es decir, estamos en 2016: Maiden viene por tercera vez al país, y lejos estamos de las épocas en las que el personal de migración le negaba entrada a artistas que se declaraban satánicos. Mucha agua ha corrido bajo el puente como para que sigamos escuchando ese tipo de sandeces.
Los ‘camisetas negras’ son “normales” (sea lo que sea que eso signifique), y eso solo hay necesidad de explicárselo a quien no pone tanta atención a su alrededor. El 12.5% de la población tica está tatuada , y miles de personas van a conciertos de rock , metal y afines todos los años en el país. ¿Por qué faltarles el respeto de a gratis y en sus caras?
Este hecho se une a una larga tradición de la prensa costarricense por desinformar acerca de todo aquello que no calza bien con la “ideología institucional” del país; es decir, con el cristianismo. Les da miedo lo oculto, lo oscuro, lo diferente. Y el miedo vende bien.
Desde l a cacería de brujas de Luis Fishman en los 90 (por la cual el político todavía debe una disculpa pública) hasta los múltiples reportajes de la prensa sobre supuestos actos satánicos, la norma es que cuando el reportero tico se enfrenta a lo desconocido tiene licencia para abstenerse de usar herramientas con las que históricamente el gremio del periodismo ha encontrado la forma de discernir entre el mito y la verdad.
No existe la ética cuando amenaza el diablo, incluso en noticias en las que el satanismo no es parte de la fórmula, como en la música de Iron Maiden. Por eso le permitimos a la periodista de canal 7 preguntarle a un fan de la banda si la música que ama es satánica, en lugar de averiguarlo ella misma. Por eso ella, con la amabilidad que la caracteriza, nos asegura que estos tipos –a pesar de su apariencia– son personas normales. ¡Gracias por el dato, señora periodista!
Esta es una columna de opinión y, como tal, refleja los pensamientos de su autor y no necesariamente del medio que la publica.