Televisión

'El barrio': reencuentro con olor a nostalgia

Cinco actores de la serie recorrieron nuevamente las aceras del barrio Santa Cecilia de Guadalupe, se reencontraron con el vecindario y reseñaron anécdotas jamás contadas de hace 20 años.

Cuando Anabelle Ulloa, Grettel Cedeño, Rocío Carranza, Andrés Montero y Eduardo Quesada llegaron al barrio Santa Cecilia, en Guadalupe, el tiempo se retrasó en dos décadas.

Reencuentros, nostalgia y memorias exaltaron a ese grupo de actores, quienes atendieron el llamado de Viva para una inusual reunión con el elenco de una de las series más recordadas de la tevé tica: El barrio.

La convocatoria se extendió a toda la nómina actoral de ese programa; sin embargo, compromisos laborales o profesionales impidieron mayor participación. Otro –Salvador Solís, El cuervo– ya falleció.

Durante tres años –de 1996 a 1999– una de las calles de esa barriada josefina se agitó todos los sábados desde las 6 a. m. con la grabación de nuevos episodios de la comedia dramática, creada por Óscar Castillo y Maureen Jiménez (entonces esposos), producida por La Mestiza (hoy La Zaranda) y transmitida, originalmente, por Repretel.

Por ello, cualquier rincón de ese sitio habla al oído de esos cinco intérpretes y los incita a hurgar entre los recuerdos de aquella época, tan lejana y tan cercana a la misma vez.

A la vista. Cara a cara frente al barrio estuvieron hace unas semanas Doña Maruja (Ulloa) y sus hijos en la serie: Manuel (Quesada) y Tony (Montero). Raquel (Carranza) y Kathia (Cedeño) también volvieron a caminar por aquellas aceras.

Sin personificar, los actores encontraron un lugar donde los años dejaron rastro. Concuerdan que, físicamente, algunas de las fachadas de las casas están distintas: ahora tienen dos pisos y diferente color de pintura; pero otras estructuras se mantienen con leves cambios.

Entre esas está la casa de doña Giná Barrientos, que en las grabaciones sirvió como comedor y vestuario, y cuya apariencia sigue casi intacta.

Pero sumadas, las novedades en aquel barrio son más: ahora hay antenas de televisión satelital, una venta de helados caseros, un contador público que ofrece sus servicios, una cruz relacionada a la resurrección de Cristo y una gruta que cuida la imagen de una virgen.

Esa calle –sin salida– que en la serie tejió historias de amor, celos, solidaridad, generosidad y en donde la vida familiar era comidilla comunal, hoy, también tiene nombre. Se llama La Medalla Milagrosa en honor a esa imagen de la gruta. ubicada al final del discreto acceso, con aires de “propiedad privada”.

Asimismo, en la calle La Medalla Milagrosa del barrio Santa Cecilia hay nuevos vecinos; aunque son los menos.

De esos vecinos nuevos, los actores no tienen nada de qué hablar, pero de los “viejos”, sí; porque fueron esos los que se vieron obligados a compartir su vida comunal con extraños que, de un día para otro, se apropiaron de sus espacios públicos.

Eso, con los meses, generó problemas de convivencia en ese lugar e incluso derivó en desacuerdos con la producción de la serie. “Es que imagínese que a un barrio así de tranquilo se le viniera a meter ese montón de gente. Entonces había problemas. No todo en las grabaciones fue ni bonito ni color de rosa”, intentó justificar Grettel Cedeño la conducta de aquellos habitantes que no respetaban el solo “limítese a respirar” que, sutilmente, sugería la producción cada vez que gritaba “acción”.

El relato de esos episodios ocupó gran parte del encuentro, historias que bien dan para un capítulo inédito de la serie.

“Este encuentro me emociona montones porque es recordarse de cuando uno filmaba aquí y de cómo la gente nos aguantó durante tres años. Porque era llegar en la madrugada a hacerles ruido, y ellos no podían hacer ruido. ¡Ni los niños podían llegar a jugar en la calle!”, reseñó Rocío Carranza.

Con esas alusiones, ambas actrices recordaron a dos vecinos en particular, quienes los sábados durante las grabaciones, comúnmente debían resolver tareas hogareñas impostergables como reparaciones que, en gran medida, requerían el uso de martillos o serruchos. Si todo en la casa caminaba bien, los mismos vecinos se antojaban de escuchar la radio, pero a decibeles muy altos.

“Personal de la producción era la que hablaba con el señor, porque después se armaba un bochinche. Nosotros no interveníamos en eso”, afirmó Anabelle Ulloa.

Si no era la producción la que mediaba, era un representante del vecindario. Hugo Angulo –con 35 años de vivir en ese barrio– fue uno de ellos.

“Solo dos vecinos nunca estuvieron de acuerdo con que la serie se grabara aquí. En algunas ocasiones yo llegaba y hablaba con él y le decía: ‘Manda huevo fulanito, porque esto es fino para el barrio. Mucha gente quisiera tener esto’. Y ya dejaba de hacer ruido. Pero sí, el 99.99 por ciento de los vecinos estábamos felices y de acuerdo con que la serie se grabara aquí”, dijo Angulo.

Otro de los infortunios que hoy provocan risas entre los actores, tiene que ver con la filmación de un episodio relacionado con la recolección de basura.

“Era un capítulo en el que supuestamente la municipalidad tenía semanas de no recoger la basura. El encargado de arte y escenografía llenó de papel bolsas de basura y las colocó en la calle, pero hubo personas que pensaron que nosotros les estábamos dejando la basura. ¡Fue un pleito terrible!”, recordó Grettel Cedeño.

A la luz. Esas anécdotas se suman a otras nunca contadas, como la vez que Eduardo Quesada le quemó el pelo, accidentalmente, a una de sus compañeras con una bengala o la ocasión en que un andamio le cayó sobre la cabeza a Rocío Carranza y debió ser trasladada a un hospital. Empero, a pesar de ello, la serie cambió la vida de quienes actuaron en ella.

“Fue gracias a El barrio que me salió la oportunidad de estudiar en México. Estudié, viví y trabajé allá. El barrio para mí fue una escuela porque entré sin saber nada, pero ahí me rodeé de grandes actores que siempre estuvieron anuentes a aconsejarme y así me fui soltando poco a poco. Las cosas que aprendí ahí me pusieron en un buen nivel allá (en México)”, aseveró Eduardo Quesada.

El actor regresó a Costa Rica hace ocho años para concluir su carrera en Medicina, en lo que trabaja actualmente. Llegó al país arrastrando la experiencia de participar en telenovelas como Rayito de luz o La fea más bella . “Después de regresar estuve en La pensión unos años y en Cantando por un sueño ”, agregó Quesada.

Anabelle Ulloa también destacó la repercusión de la serie en su carrera.

“Salir en El barrio me expuso a la luz, a todo tipo de gente e instituciones. Por supuesto que la demanda y las muestras de cariño hacia mi personaje aumentaron y surgieron interesantes propuestas para cine y televisión. Tengo que agradecerle a Óscar Castillo y a su productora el honor de haber sido escogida para representar un personaje clave en una serie tan absolutamente ‘fuera de serie’ en el país. Personalmente fue una escuela de transición entre la actuación para teatro –a la que estaba acostumbrada– y la actuación para cámara de TV o cine”, consideró la actriz.

Gustavo Rojas –ausente en la sesión de fotos– señaló que interpretar al doctor Farabundo Zaldívar, marcó un antes y un después en él como persona mas que como actor. Similar a Ulloa, Rojas llegó a la serie con una carrera consolidada en la actuación. “Ya tenía muchos años de trabajar en teatro y contaba con algún tipo de reconocimiento popular, después de eso fue un posicionamiento mayor porque, más que un tema de trabajo, fue un tema de modificación de vida, de que la gente me sintiera como parte de sus hogares. Ya no era un extraño para la gente en la calle”, sostuvo Rojas. Él sigue vinculado a la actuación, a la producción y también es abogado y notario.

Grettel Cedeño no se aleja de las impresiones de sus compañeros. “ El barrio fue una producción muy grande. Muy bien hecha; con actores y personal técnico profesional que fue una gran universidad para mí. Creo que al final el resultado fue estupendo porque fue una serie que los ticos quisieron y siguen queriendo”, sentenció Cedeño, hoy vestuarista de la serie La pensión y encargada de producción de algunos montajes.

Finalmente Rocío Carranza recordó que integró la serie siendo una adolescente. Ello implicó vivir su desarrollo hacia la adultez frente a las luces y cámaras. “Más que un cambio como actriz (ya había trabajado en otros proyectos), fue un cambio de vida, porque hasta el día de hoy me frenan en la calle para decirme ‘Raquel’. Lo que más me gusta de esto, es recordarle a la gente una época muy lindo de ellos porque de alguna manera uno le remite a la gente momentos muy lindos de ellos mismos”, consideró la actriz, activa en la profesión y en movimientos a favor del medio ambiente.

Fueron esos los pasajes y recuerdos entrañables, de un grupo reducido de actores que participaron en una serie que todavía vibra en la memoria nacional, y que se aferró en los verdaderos valores que nos definen como costarricenses, tan necesarios revivir en la Costa Rica de hoy.

Sus personajes hoy. ¿Qué habría sido de estos personajes en la actualidad?

Doña Maruja: “Habría aprendido a utilizar todo lo que ofrece la Internet y estaría dando clases en Upala”.

Manuel: “A lo mejor habría logrado lo que siempre ambicionó: una posición social; pero le pasaría algo y vuelve a sus raíces”.

Raquel: “Ella quería ser modelo y seguro hubiera creado una agencia. Viviría en Santa Ana”.

Kathia: “Ella era de Santa María de Dota, entonces estaría allá. Sería barista”.

Farabundo Zaldívar: “Sería un gran abuelo. Posiblemente se habría casado con Kathia porque ya Miriam se había muerto en la serie”.

Manuel Herrera

Manuel Herrera F.

Periodista en el suplemento de Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo en la Univerdad Latina. Además, posee estudios en Diseño publicitario. Escribe sobre televisión, farándula y temas de entretenimiento.