La serie de Netflix, inspirada en los años 80, y que recibió varias nominaciones a los Globos de Oro, tiene una trama que amplía el peligro latente del 'Upside Down'

Por: Óscar Cruz 11 diciembre, 2017
'Stranger Things' es una serie estadounidense de ciencia ficción creada por Netflix​ escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer. Fotos: Netflix
'Stranger Things' es una serie estadounidense de ciencia ficción creada por Netflix​ escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer. Fotos: Netflix

Posiblemente, todo fanático hizo la maratón de oficio observando en menos de una semana la temporada. Ante la histeria que desata la serie, es posible que la trama ya no sea un misterio para la audiencia. Sin embargo, si no la ha visto, le aconsejamos no seguir leyendo, para que no le sean revelados antes de tiempo, algunos detalles de la serie.

Regresa con un gran número “2” en su título, diferenciándose de la anterior entrega. No es solo la segunda temporada sino Stranger Things 2, cual si de una película se tratara.

La crítica anterior resaltó el ejercicio narrativo de mercado de la serie, hoy queda claro que el ejercicio audiovisual se apareja de una estrategia clara en lenguaje que renueva la curva del producto cada temporada, como cualquier producto de consumo.

Con una plétora de homenajes y referencias esta temporada sigue introduciendo intertextos de la época: Terminator, Dragons Lair, Mad Max, los Gremlins, Dig Dug y Centipede en la sala de arcade, la campaña electoral de Reagan en 1984, Encuentros cercanos del tercer tipo, los mismos Cazafantasmas y todas las referencias que Halloween puede camuflar.

Aunque es cuestionable pensar hasta dónde un plano común representa para nuestras mediaciones un guiño a un clásico, estando esto posiblemente más relacionado con nuestra expectativa que con una referencia adrede de dirección, lo que demuestra que el amor se despierta en el intercambio con la serie y no siempre en su escritura.

Apartando la oda a los ochentas –posiblemente su mejor capital– aún existen elementos propios de la trama y tratamiento valiosos de anotar.

Max, la niña pelirroja, es la nueva chica que se une a la pandilla de Stranger Things. Foto: Netflix
Max, la niña pelirroja, es la nueva chica que se une a la pandilla de Stranger Things. Foto: Netflix
Narrativa

Múltiples tramas que se desarrollan en paralelo. Esto hace posible la presencia de todos los personajes –contractualmente– aunque con importancia relativa, como Steve Harrington –Joe Keery– que debido a estas múltiples tramas queda un poco a la deriva, necesitando la presencia de un personaje terciario como el hermano de Max para sostener su participación.

Resulta interesante que la narrativa paralela es bien unificada oportunamente en torno al final de la temporada, pues todos los personajes andan “por aparte” con recelo y miedo de revivir o comentar las experiencias anteriores, todos lidian con lo que vivieron en la temporada uno.

Los hermanos Duffer escalan el universo de Stranger Things al enfrentar ya no la desaparición de un chico sino la posible invasión del “Upside Down”. La trama crece en potencial sobre todo por la posibilidad de presentar más y mejor la otra dimensión, en variedad de criaturas y parajes. El poster de la segunda temporada se quedó corto en su pretensión, pero atina en mostrar la masividad del peligro potencial que se enfrenta.

Un lugar común adecuado es la no completa maldad ni bondad de ningún par. En el “Upside down” está Dart que comparte al final un lazo con Dustin, que al tiempo miente a sus amigos por mantener a Dart con él. Esta característica dual de muchos personajes hace que sean más fácilmente aceptados, los hace imperfectos y convulsos.

Estética & Filosofía

Tiene una belleza que lo asemeja incluso al Exorcista de modos menos “espirituales” como la salida del monstruo del cuerpo de Will Byers. Stranger Things nunca ha divagado hacia la magia, mantener lo sobrenatural enfocado desde la ciencia con plausibilidad en nuestros tiempos. Explica lo paranormal desde un intercambio dimensional, lo que actualiza el conflicto en tiempos modernos, y crea una estética muy particular que es fácil seguir.

Con dos temporadas la trama global se hace muy valiosa, es posible aparatar la distorsión de los homenajes y ver la narrativa subyacente: la existencia de aquello que invade nuestra realidad. La historia va madurando y muestra un potencial mayor, en una tercera temporada que se constituye en reto al tener que redirigir convincentemente la narración a un campo fértil que le permita proyectarse en el tiempo.

Netflix se apunta en una buena posición para sustituir House of Cards u Orange is the New Black con otra serie amada por la audiencia que le rinda un par de años, lo que es vital en su modelo de negocio, más hoy que la producción propia es una de sus metas.


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