
La historia entre la presentadora Natalia Rodríguez y su esposo, Emilio Garro, no fue un amor a primera vista, sino una lección de perseverancia. En el marco del Día del Amor y de la Amistad, la conductora recuerda cómo se casó con el amor de su vida, a quien llama su superhéroe.
Lo que empezó con la insistencia de una “Cupido (a)” en el canal, terminó convirtiéndose en un testimonio de supervivencia que parece sacado de un guion de Hollywood.
“Conocí a Emilio por doña Nuria, la de relaciones públicas del canal (Teletica); ella hizo el match porque él es hijo de sus mejores amigos. Pasó como un año y medio en ese proceso donde ella me insistía que le escribiera o saliera con él, pero yo no quería", recordó Rodríguez.
“Al final, ella le dio mi número a Emilio y él pasó como otro año siguiéndome e intentando, hasta que a los dos años decidí darle bola”, agregó.
En esa época, él le confesaba que la veía y seguía en los diferentes programas que presentaba, pero ella solo le reaccionaba con un emoji. Tiempo después, en enero del 2019, Natalia aceptó una salida que se extendió hasta la medianoche. Se hicieron novios en cuatro días y al mes y medio ya tenía su anillo de promesa; el cual pronto cambiaría por el de compromiso, no sin antes afrontar la prueba más difícil de su vida.
“El 24 de diciembre choqué con una puerta de vidrio en mi casa, explotó y me hizo siete rajadas; una me cortó una arteria principal. Me estaba desangrando y una voz me habló y me dijo que tenía que llamar a Emilio. Él llegó en cuestión de minutos; si no hubiera sido así de rápido, yo no estaría aquí”, recordó la presentadora.
Por el anterior motivo, es que Natalia afirma que se casó con su “superhéroe de carne y hueso”.
“Cuando él llegó yo ya estaba agonizando, sentía el cuerpo frío y ya no sentía nada. Él me alzó como Superman, me metió al carro y me llevó al hospital. Gracias a él y a la rapidez del Seguro Social, hoy tengo mi pierna funcionando”, agregó.
Su vida fue rescatada, y fue así como el amor siguió aumentando hasta que llegó la pedida de mano.
“Cuando ya empecé la rehabilitación y vi que no me iban a amputar el pie, me fui con él a China. Yo decía: ‘si ya me muero, me muero en China’. En un hotel en Shanghái reservó una cena y ahí me pidió matrimonio. Yo pensé que me lo iba a decir en la Muralla China, pero se esperó hasta el final”, recordó.
Finalmente, la pareja decidió sellar su unión con una fecha tan única como su historia: el 29 de febrero del 2020. Al casarse en año bisiesto, Natalia convenció a Emilio de que, aunque solo cumplirían aniversario formal cada cuatro años, celebrarían cada “bisiesto” al casarse en un lugar distinto del mundo.
Hoy, tras haber superado la sombra de la muerte, ambos celebran cada 14 de febrero con la certeza de que su amor es, literalmente, para siempre.

