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En su concierto debut en el país, los hermanos Cavalera transportaron a sus fanáticos de la angustia al éxtasis, durante la madrugada del miércoles.
Pactado para la noche del martes, el concierto de Cavalera Conspiracy sufrió grandes atrasos, debido a la demora de su vuelo proveniente de Panamá.
A pesar del anunciado retraso, cientos de fanáticos posaron con tranquilidad en las afueras de Club Pepper’s, en Curridabat, y a las 7:35 p. m. se abrieron las puertas del recinto en el que sonaban clásicos del heavy metal para calmar los ánimos de los presentes.
Durante los siguientes minutos, se dejaron escuchar miles de gritos de seguidores pidiendo “¡chivo, chivo!”, pero Cavalera Conspiracy ni siquiera había ingresado al país.
Muestra local. A las 9:15 p. m., la legendaria banda costarricense Colémesis tomó el escenario para dar una presentación de 33 minutos, que se venía cuajando desde hace un mes.
Decorando el escenario con mascaradas y demostrando una precisión letal a la hora de interpretar sus canciones, el cuarteto fue recibido desde el primer tema con una tremenda rueda por parte de la fanaticada.
Sedientos de música en vivo, los seguidores metaleros aprovecharon el ordenado escándalo de Colémesis para armar su baile en círculo, con fiesta de puños y patadas al aire, todo al ritmo del potente redoblante del baterista Emilio Cortés.
Entre las canciones interpretadas por la banda figuran Hombre-pez , canción reciente que denuncia la opresión; Raining Blood , un cover muy bien jalado de Slayer; y Still Oppression Rules .
Con El serrucho , que incluyó una marimba nicoyana, espeluznantes fuegos artificiales y la bandera de Costa Rica encima del cantante Fabián Bonilla, la banda se despidió bajo una ola de aplausos y un largo coro que simplemente gritaba “¡ticos, ticos!”.
Más de dos horas transcurrieron desde el final de Colémesis y el inicio del plato fuerte de la noche, tiempo que algunos aprovecharon para insultar a cuanto técnico de sonido se subiera a la tarima.
Poco a poco, el escenario fue tomando las propiedades de la esperada agrupación, gracias a una bandera de Brasil, dos mantas con el logo de la banda y una inmensa batería.
Poco después de la medianoche, los sonidos de estruendos, los gritos de terror, el humo en la tarima y los acordes de Warlord , marcaban el inicio de Cavalera Conspiracy.
Sin titubear, la masa de cansados pero fieles metaleros peregrinos le enseñó a la banda cuán esperada era en el país, moviéndose de lado a lado y en círculos al ritmo de cada liberadora nota.
El cálido recibimiento no era para menos; Cavalera Conspiracy es lo que llaman una superbanda, con una alineación de lujo: Max e Igor Cavalera (miembros fundadores de Sepultura), Marc Rizzo (de Soulfly e Ill Niño) y Tony Campos (de Soulfly y Static-X).
Repasando un poco de sus dos discos en estudio, el grupo tocó temas como Inflikted, Sanctuary, Killing Inside y Black Ark , en la que invitaron a Igor Cavalera Jr. y Richie Cavalera, dos jóvenes miembros de la familia que tomaron los micrófonos y gritaron con el talento que su ADN otorga.
A su vez, los Cavalera repasaron unos cuantos clásicos de Sepultura, la banda que alguna vez formaron. Retumbaron entonces himnos como Refuse/Resist, Territory y Propaganda , entre otros.
El final llegó con un poco de frenesí musical cortesía de Roots Bloody Roots , en una versión alargada que provocó un temblor de cinco minutos en Club Pepper’s. A la 1:41 a. m., con los últimos acordes, la mayoría de los presentes solo vociferaba “valió la pena”.