
Un mar embravecido bajo un cielo pesado, reflejado en múltiples y confusos espejos: en el nuevo montaje de Otelo , de la Metropolitan Opera de Nueva York , el interior agita el paisaje.
La trágica obra de Giuseppe Verdi, inspirada en el texto de William Shakespeare, será proyectada este sábado en el Teatro Eugene O’Neill (barrio Dent) a las 10:55 a. m. Las entradas para esta transmisión en alta definición están disponibles en SpecialTicket.net y cuestan ¢10.000, ¢15.000 y ¢20.000.
El tenor Aleksandrs Antonenko interpreta el Otelo del destino fatal, acompañado por la soprano Sonya Yoncheva, nueva estrella de la ópera, como Desdémona, esposa y víctima del Moro de Venecia.
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El barítono Zeljko Lucic personifica al traicionero Iago, cuyas tramas ocultas sacudirán el destino de Otelo. El maestro Yannick Nézet-Séguin dirige la orquesta en esta producción de Bartlett Sher estrenada recientemente.
Este montaje ha llamado la atención de los amantes de la ópera porque rompe con una de las tradiciones más incómodas del campo. Tanto la obra de Shakespeare como el libreto describen a Otelo como “moro”; en la Met Opera, lo han interpretado cantantes blancos con blackface , maquillaje que los hace verse como si fueran negros. Ofensiva para muchos, esta práctica ha sobrevivido para adaptarse a los cantantes invitados. Esta vez, el ruso Antonenko hace de Otelo sin intentar lucir como si no fuese blanco.
Si en otras épocas que Plácido Domingo se tiznara el rostro no parecía un problema, hoy la sensibilidad en torno al racismo es más aguda . Este año, una producción del musical Mikado , de New York Gilbert & Sullivan Players, fue cancelada por tener a actores blancos fingiendo ser asiáticos.

Ahora bien, en el ámbito musical, la obra ha sido destacada por la crítica. Los seguidores de la ópera estarán muy atentos a las interpretaciones, pues los roles protagónicos se cuentan entre los retos más notorios para los cantantes clásicos. Para Yoncheva, ha sido una confirmación de su categoría; para Antonenko, recibido con mayor reserva , un reto.
La dirección musical de Nézet-Séguin ha sido celebrada por su brío, mientras que el diseño escenográfico y de vestuario ha sido calificado de “potente”, “exquisito” y “magnífico”.
