Música

Crítica de música: Passiflora; una promisoria segunda parte

En su reunión, después de varios años de inactividad, el sexteto trae nuevas canciones y mantiene su esencia musical armoniosa y tranquilizadora.

Con el regreso oficial de Passiflora a la actividad musical, vuelve también un sonido único a nivel local, que ninguna otra agrupación ha puesto sobre la mesa en los últimos años. Su cita en Jazz Café Escazú (después de una presentación días atrás en la UCR) se moldeó con anticipación como una ocasión especial y así fue.

La justificación del retorno, según explicaron, tuvo la motivación de reconectar con el público y regenerar lazos entre los miembros de la banda. La intención surtió efecto, a sabiendas de que hay una audiencia cautiva que esperaba esta reunión desde el 2016, cuando la banda cesó su actividad.

Con la efusividad que produce un reencuentro, la noche fluyó con disentimiento, pero también con espacio para los recuerdos, la reflexión y la meditación. Fue posible no solo gracias a las canciones, sino también por los mensajes entre piezas, donde los integrantes compartieron historias de lo que han pasado, aprendido, sufrido y disfrutado durante estos últimos años de inactividad grupal.

“Éramos soñadoras, osadas, libres, dejando que el arte llegara hasta donde fuera”, dijo en un momento Christine Raine, una de las dos coristas, junto con Martha Palacio.

La nostalgia siempre es un motor potente, así que, en conjunto con el feeling relajado de las piezas de Passiflora, esas emociones se entremezclaron fácilmente.

La cita del miércoles pasado permitió escuchar de nuevo canciones pertenecientes al EP Noches en vela (2011) y a su versión extendida, Passiflora en vivo: Noches en vela (2013). Además, se incluyeron temas posteriores como Chanson a moi (una obra que podría ser de Mon Laferte) y composiciones que no habían visto a la luz sino hasta este nuevo episodio, como Hall of Fame.

La luz también estuvo presente en The Show, un tema lindísimo tocado, en esta ocasión, en honor a la memoria de la también artista Paula Rodríguez. A Passiflora se sumó el vocalista Andrés Calvo (11:11), que le dio un sentido tono al homenaje.

Durante la velada también hubo espacio para los covers, con Heartbeats (The Knife), siempre manteniendo el estilo musical que el grupo define como gypsy folk. La propuesta se manifiesta como sonidos que provocan un efecto tranquilizante, capaz de hacer que se respire en una misma sintonía por medio de las melodías.

A nivel sonoro, la voz singular e irrepetible de Mariana Echeverría siempre le da un carácter especial al sonido del grupo, que también sobresale por armonías o réplicas de los coros de sus dos compañeras. Además, a nivel instrumental, el grupo mostró una solidez en las manos de Héctor Morales, el bajista Michael Muñoz y el baterista Mauricio Delgado, estos dos últimos siendo nuevas inclusiones para el reencuentro.

La presentación del espectáculo estuvo cuidado en los detalles no solo musicales, sino también en el performance y la escenografía. El espacio fue decorado con arreglos de hojas secas de palmera y flores vistosas, así como dispuso un par de puntos de la estructura del recinto desde donde aparecieron bailarinas en telas colgantes. La fluidez fue otro gran punto en un repertorio donde aparecieron otros temas favoritos como What About the Moon, Montaña, Like a Tree así como una ejecución con ukelele de Bosque.

Da gusto escuchar a la banda y, además, poder participar, en noches como esta, de la armonía que se crea junto a la audiencia. Es un reencuentro que se celebra y para el que, evidentemente, hay mucho potencial para una gran segunda parte.

Ficha técnica

Artista: Passiflora.

Artista invitada: Karol Barboza.

Lugar: Jazz Café.

Fecha: 18 de mayo

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.