Arturo Pardo V.. 8 abril
Andrea Echeverri durante el concierto del FIA. Foto: John Durán.
Andrea Echeverri durante el concierto del FIA. Foto: John Durán.

Hay un gran mérito en componer letras cuyo mensaje y valor perduran con el paso de las décadas. Sucede, por ejemplo, con las canciones de Aterciopelados que llaman incansablemente a defender la naturaleza que nos rodea; así como aquellas que tienen la necesidad de darle a la mujer el espacio y empoderamiento que merece a nivel histórico y en la cotidianidad.

Son estos los dos discursos preponderantes dentro de la agrupación que pronto cumplirá 30 años de levantar la voz desde la garganta de la incansable Andrea Echeverri y la producción musical del versátil Héctor Buitrago.

La dupla, que regresó de una pausa hace tres años, mantiene incólume su capacidad de escribir himnos con un alto valor en su significado.

No hace falta un sobreesfuerzo para comprender sus líricas, ni siquiera hay mayor espacio para las interpretaciones. Los mensajes son claros y directos, sus intenciones son concisas y obvias.

En su concierto como parte del FIA 2018, realizado en San Pedro de Montes de Oca, el repertorio incluyó prácticamente todos los éxitos que se le podrían pedir a la banda, algo que no resulta inesperado, dado que el grupo no está en promoción de disco. Sin embargo, resultó interesante que gran parte de estas piezas híper-reconocidas fueran elegidas para abrir el concierto.

Por otro lado, sorprende la efectividad del tema Yo amo mis piernas, el único que tocaron que vendrá en su próximo disco, Claroscura, que saldrá en mayo próximo. Su letra es inevitablemente llamativa: “Yo amo mi culo” (…), “Yo amo mis tetas” (…) “Me amo de cuerpo entero”.

Para algunos será memorable por sencilla malicia, pero la verdad es que su mensaje, que resulta un reto o confesión de auto aceptación física, es prácticamente una necesidad universal que, estoy seguro, calará tanto en hombres como mujeres una vez que salga como sencillo.

Al compartir esas inquietudes y debilidades personales se muestra una honestidad y transparencia en las canciones. Esto, a su vez, permite una cercanía con la audiencia.

La autenticidad de lo que se dice por los micrófonos es evidente no solo en las canciones, sino también en las intervenciones de la cantante entre una pieza y otra, ya fuera para adelantar el siguiente tema por tocar, para revelar una infidencia jocosa o decirle algo al técnico de sonido.

El audio, en general estuvo realmente bien, quizá con el único lunar del volumen bajo en los coros, inclusive cuando el mismo Héctor Buitrago tenía que hacer segundas voces.

Las interpretaciones sonaron, quizá, un poco más “tranquilas” que en la última vez que la banda nos visitó, hace nueve años, excepto cuando las distorsiones de la guitarra así lo demandaron.

De todas formas, esa decisión no afectó el curso del concierto, ni le restó disfrute a la velada.

En lo técnico destaco también el sobresaliente trabajo lumínico, a cargo del tico Emilio Aguilar.

Hubo gran mancuerna con el uso de una pantalla grande sobre los artistas, donde el contenido pasó de videos animados, a otros filmados, algunos videos con líricas e inclusive el uso de grabaciones de una fundación costarricense para alertar sobre la emergencia ecológica.

En cuanto al escenario en la plaza Máximo Fernández (c.c. plaza Roosevelt) puedo decir que, debido a su gran envergadura, le ofrece a la audiencia una amplia posibilidad de visibilidad.

En aquella tarima amplia, igual, quedó claro que Aterciopelados no requiere de mayor espacio para ser efectivo o para evocar la nostalgia manteniéndose fresco. Su recital ya es memorable, gracias a una evidente autenticidad, buen humor y un significativo humanismo.

El concierto

Artista: Aterciopelados.

Fecha: 7 de abril

Lugar: Plaza Máximo Fernández

Organización: FIA