Manuel Herrera. 28 octubre, 2017

El teatro Eugene O’Neill del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en San Pedro, alojó el viernes pasado una velada íntima.

Las paredes de ese recinto cobijaron una presentación musical que tan pronto inició, dejó en el olvido del público los vientos y las lluvias que había fuera de ese teatro.

Así, los asistentes rápidamente se situaron en un espacio que simuló una reunión de amigos, en el que la música sería la gran protagonista.

Bernardo Quesada fue estrella de esa noche. Su voz poco a poco se fue mezclando con la batería, el bajo, el piano, los violines y los otros instrumentos musicales que lo acompañaron por un lapso de dos horas.

Era un recital importante para Quesada y una presentación esperada por su público en el país. El costarricense se radicó en México hace cinco años y desde entonces no cantaba así para los seguidores que había cosechado en su terruño.

Reencuentro. Bernardo Quesada cantó para sus seguidores en el país este viernes en el teatro Eugene O’Neill. Rafael Murillo.
Reencuentro. Bernardo Quesada cantó para sus seguidores en el país este viernes en el teatro Eugene O’Neill. Rafael Murillo.

La asistencia fue discreta, sí, pero la cantidad necesario para sentir su música aceptada y para recibir el cariño y el aprecio por su talento.

A las 8:15 p. m. inició el concierto en el que Bernardo Quesada presentaría su disco Más de lo que imaginé , el sexto de su carrera y el más importante producido hasta ahora, según dijo en una entrevista con La Nación días antes.

Más de lo que imaginé es el primer trabajo hecho por el artista para sí mismo, de ahí lo trascendental de ese proyecto.

El compositor, arreglista, músico y cantante fue recibido con un aplauso caluroso. Vistió relajado, como es él y como fue su presentación: pantalón y camisa de mezclilla, botas y un gorro azul.

A la luz. Como Luna creciente fue el primer tema del repertorio elegido para la noche. “Buenas noches. Gracias por estar aquí. ¡Qué maravilla!”, fueron las palabras que se colaron entre la letra y acordes de ese tema y con las que saludó a los presentes por primera vez.

La respuesta de la audiencia fue ensordecedora: gritos y aplausos formaron parte de las ovaciones para el tico.

De esa manera, Quesada comenzaría a interpretar una seguidilla de éxitos suyos y de temas nuevos con los que dirigió al público por los caminos del amor, la nostalgia y el agradecimiento.

Entre amigos. Manuel Obregón, Iván Rodríguez y Pedro Guerra acompañaron a Quesada. Rafael Murillo
Entre amigos. Manuel Obregón, Iván Rodríguez y Pedro Guerra acompañaron a Quesada. Rafael Murillo

Previo a cantar Por mirar el mar –uno de sus temas más recientes– Quesada advirtió al público de que por recomendación de la producción no hablaría mucho durante la noche. Lo cumplió a medias.

“Es una noche llena de cosas muy hermosas y tenemos rato de estar preparando esto. Agradezco a ustedes por venir y estar conmigo”, dijo mientras una luz amarilla lo cubría.

Lobo insomne inquietó la velada con un estilo roquero y sirvió de antesala a una reseña que hizo el artista sobre el día en que llegó a México: un 18 de octubre del 2012, con dos maletas y $200 en la bolsa.

También habló de su primera presentación en Zacatecas, dos semanas después de arribar a México y de Muerta en vida , la primera pieza que escribió al llegar como migrante a ese país.

Precisamente, fue ese tema el que presentó en ese momento y que acompañó con proyecciones de las tradicionales Catrinas, figuras representativas de la cultura popular mexicana.

Con Réquiem, el cantante le dio un carácter lúgubre a la noche. “En esta parte del show es que empiezan las canciones tristes”, dijo al público.

Justificó la selección de ese tema y de otros como Ni vos ni yo, Fuiste más de lo que imaginé y Nací mirándome a los ojos (la segunda que escribió en México) en una petición de un dueño de un bar en el que cantó en alguna oportunidad.

“La gente entre más triste más toma, me dijo una vez un dueño de un bar. Por eso no nos dejan cantar en el Teatro Nacional”, afirmó entre risas.

De seguido, el artista nacional cantó , otro de sus temas recientes incluidos en Más de lo que imaginé y que escribió con Alberto Plaza. El concierto avanzó con Si algún día, Retrovisor y Vos estás ahí ; con esta última dejó el centro del escenario para irse hacia un lado donde estaba el piano que sería su cómplice en ese momento.

Si la noche ya era especial, lo sería aún más. “La verdad que no me puedo quejar. La vida me ha tratado increíblemente. No podía imaginar que ponerle a este disco Más de lo que imaginé iba a ser un conjuro, porque esto ha sido increíble”, dijo al público poco antes de anunciar a un “invitado especialísimo” que lo acompañaría en el escenario.

Sin saber el nombre, el público explotó en euforia y en medio de esas algarabía Bernardo Quesada anunció al español Pedro Guerra.

Guerra quedó solo en escena y cantó El marido de la peluquera que fue coreado por los ahí presentes de inicio a fin.

Tan pronto el español culminara su interpretación, Quesada subió al escenario y llamó a Manuel Obregón e Iván Rodríguez. El cuarteto cantó Tareas , sin duda la pieza más aplaudida de la noche.

El final del concierto se acercaba. Bernardo Quesada lo anunció y el reloj marcaba las 10 p. m. La producción apuró al intérprete.

La cruz de tus mentiras y María Luna formaron parte de esas últimas canciones con las que el artista se comenzó a despedir de un público que lo abrazó y le devolvió tanto cariño como el que Bernardo Quesada les otorgó desde aquel escenario.

A las 10:30 p. m., afuera del teatro, la noche seguía fría y la lluvia era más fuerte, pero a esas alturas, al público eso ya no le importaba.