Pablo tenía unos seis años cuando, pacientemente, pero cargado de emoción, esperaba junto a su hermana que La Nación llegara a su casa. Corrían para recibir el periódico y rápido buscaban lo que les interesaba: no eran las noticias de fútbol o de política, era más bien un colorido mapa con decenas de pequeños dinosaurios disfrutando de un concierto o de un parque de diversiones. Pablo y su hermana, en 1992, fueron parte de la zumbilocura que fascinó a Costa Rica.
Hoy, más de 30 años después, esa misma emoción embarga a Pablo, quien espera con mucha ilusión reencontrarse con una familia muy querida por Costa Rica. Este domingo 26 de abril, sin falta, volverá a recibir el diario para reencontrarse en sus páginas con Los Zumbis.
La infancia de Pablo Blanco no solo está resguardada en su memoria, sino también en un archivo de colección que atesora en su hogar. Los recuerdos, en su caso, no se han perdido; los dobló con cuidado y los guarda con esmero en cajas plásticas. Tiene páginas y páginas de mapas de Los Zumbis, casetes, los diccionarios de inglés-español y hasta los lentes especiales que se usaron para la versión en 3D del entrañable juego.
Recuerda con cariño los pequeños muñequitos que vendió, junto a su menú infantil, un famoso restaurante de hamburguesas; también los vasos de colección. La fascinación de este coleccionista con Los Zumbis comenzó en la mesa de su casa, donde junto a su hermana y su papá dedicaban horas a buscar a los personajes.
Cada viernes, el periódico no era solo lectura, era una aventura familiar, que después se convirtió en un ritual de colección cuando La Nación publicó la segunda generación de Los Zumbis.
“Siempre era una ilusión buscar el plegable y encontrarse una temática distinta”, comenta Pablo mientras mostraba orgulloso ese archivo con olor a nostalgia.
Cada semana era distinta, no todo era sencillo. Algunos personajes parecían esconderse con intención. “Había unos que eran muy difíciles de encontrar. Había que sentarse con mucho tiempo, casi con una lupa para encontrarlos”, explicó.
Sin embargo, la dificultad, lejos de frustrar, más bien era un enganche para aquellos niños que gozaban compitiendo por ver quién hallaba a Los Zumbis más rápido.
Una colección envidiable: Los Zumbis de Pablo
Con el paso de los años, el universo zumbi se expandió. Llegaron los zumbidiccionarios que mezclaban aprendizaje y juego; todos los fascículos los tiene Pablo en su poder, están intactos. Volverlos a tener entre las manos es un viaje en el tiempo; emocionarse es inevitable.
El regreso de Los Zumbis
Los Zumbis circularán los domingos en La Nación y los lunes en La Teja; además, otra de las novedades es que también se publicará un afiche los miércoles (en La Nación) y los jueves (en La Teja).
“Era muy bueno porque así los niños en esa época podían aprender sobre el significado de las palabras en inglés”, expresó Pablo, mientras mostraba con orgullo sus tesoros académicos. Tales fascículos son inolvidables, pues incluían zumbidibujos para ilustrar los conceptos y hacer más fácil el aprendizaje (de grandes y pequeños).
Posterior a esta entrega llegaron los afiches en 3D. La Nación incluyó en los mapas unos lentes especiales para que los lectores se enfrascaran en las historias por medio de un diseño llamativo, añadiendo colores especiales donde Los Zumbis parecían saltar de las páginas del periódico. Los de Pablo siguen adheridos al periódico original, como si el tiempo no hubiera pasado.
Si bien con los lentes la experiencia era innovadora y curiosa, quienes no los tenían no se perdían de la emoción, porque igual podían buscar los dinosaurios. Pablo recordó que quienes no lograron conseguir los lentes en el diario podían comprarlos en las sucursales del periódico en todo el país.
La vocación de coleccionista de Pablo lo ha acompañado a lo largo de su vida. No solo tiene a Los Zumbis resguardados, también tiene ediciones de Revista Dominical y Teleguía, así como juguetes y promocionales de marcas muy representativas de Costa Rica como Tosty y McDonald’s.
Las joyas de la corona
Un producto muy interesante que resguarda Pablo en su archivo es el especial Supergenio, que pocos recuerdan, pero que él trajo de vuelta a nuestra memoria. Era un juego también con Los Zumbis como protagonistas, pero al estilo trivia de preguntas sobre cultura popular e historia.
Esta entrega especial reunía a la familia ya no solo para buscar a los personajes, sino también para enfrentarse a un reto muy llamativo que, en tiempos donde no existía Google o Chat GPT, había que recurrir a enciclopedias, libros y diccionarios para hallar las respuestas.
En esa búsqueda de completar su colección, Pablo encontró en una compraventa de música unos casetes que fueron una edición especial de fonología, la cual acompañaba a los zumbidiccionarios. “Apenas los vi, me dio un sentimiento muy profundo y tuve que comprarlos”, aseguró el coleccionista, mientras recordaba ese reencuentro con su propia historia.
En su colección también están, afectados por el paso del tiempo pero casi intactos, tres pequeños muñecos que su padre le compró junto a un combo de hamburguesa, papas y refresco: Linda Zumbi, Papá Zumbi y Desastre Zumbi.
Su colección es vasta: fascículos completos, decenas de afiches y mapas temáticos, entre ellos el de un partido de fútbol y el de un paseo al Parque Diversiones, que son sus favoritos, y objetos que narran la evolución de Los Zumbis. Sin embargo, lo que realmente guarda Pablo no cabe en una caja: sentimientos de emoción, alegría, amor y compañía.
Por eso, cuando se anunció el regreso de Los Zumbis a La Nación, la noticia tuvo un peso especial para Pablo. No fue solo un relanzamiento editorial, sino un puente directo al pasado. “Es volver a los tiempos de hace 30 años”, afirmó.
El regreso mantiene la esencia: el plegable, la búsqueda, la paciencia, pero también abre nuevas puertas. “Personas que no pudieron disfrutar estos mapas, estos afiches, los conocerán, entonces es como una segunda oportunidad para que los personajes se reencuentren no solo con quienes los vivimos en aquellos tiempos, sino también con los hijos”, explica.
Y hay algo más profundo. En un presente acelerado, dominado por pantallas, esta dinámica propone lo contrario: detenerse, observar, compartir. “Es bonito volver a integrar a la familia y estar todos juntos como ya casi no se hace”, agregó el coleccionista.
Hoy, mientras nuevas generaciones buscarán a Los Zumbis por primera vez, Pablo mira con una mezcla de nostalgia y entusiasmo, pues sabe que no se trata solo de buscar figuras escondidas. Su colección, ordenada y protegida, es mucho más que un archivo, es una prueba de que hay experiencias que no se reemplazan, que sobreviven a los años y que, cuando regresan, lo hacen con más fuerza.
