
Hay recuerdos que se mantienen en la memoria con mucho cariño. Hay otros que se reviven con sonrisas, se rodean con lápiz, se señalan con el dedo y se celebran con la familia. Toda una generación de costarricenses festeja hoy el regreso de unos personajes traviesos y entrañables a sus hogares: Los Zumbis que vuelven a La Nación.
No fueron solo un juego, fueron un ritual familiar; un punto de encuentro que semana a semana provocaba el periódico abierto en la mesa del desayuno mientras papá, mamá y hermanos se enfrascaban en la búsqueda de Mamá Zumbi, Papá Zumbi, Junior Zumbi, Linda Zumbi, Desastre Zumbi y Bebé Zumbi, entre la multitud de coloridos dinosaurios que disfrutaban de conciertos, de la playa y de muchas historias que conmovieron a los ticos.
Su creador, el artista colombiano Fernando de Narváez, se suma a esta alegría de poder reencontrarse con Costa Rica después de más de 30 años y revivir aquellos buenos viejos tiempos; pero también de conocer y acercarse a nuevas generaciones que se sumarán a la aventura semana a semana.
Décadas después, este universo regresa a La Nación (y también tendrá presencia en La Teja) a partir de este domingo 26 de abril.
En medio del relanzamiento, De Narváez habla con la emoción intacta. Su voz mezcla la nostalgia con la certeza de que lo que construyó siendo un jovencito sigue vivo, no solo en el papel, sino en la memoria de quienes crecieron buscándolos.
Porque si algo queda claro al escucharlo, es que Costa Rica no fue un destino más en la historia de Los Zumbis: fue el lugar donde el fenómeno se volvió real, donde dejó de ser un proyecto para convertirse en un vínculo emocional entre familias.
Hoy, ese lazo se reactiva. Y lo hace con una promesa poderosa: volver a sentar a padres e hijos alrededor de una misma página.

Buscar con paciencia a los entrañables Zumbis
Había estrategias: el papá buscaba a un personaje, la mamá y los niños a otros. Hubo competencias: el que encontraba primero se llevaba un premio. La concentración y el entusiasmo eran inevitables; así entraban Los Zumbis a las casas: eran una invitación a detener el ritmo, a mirar con atención y, sobre todo, hacerlo en compañía.
Uno de los éxitos de los personajes era que todos podíamos identificarnos: entre grandes conciertos, paseos o salidas de compras había torpezas, gozo, pasión y diversión; cada zumbi tenía su propia personalidad.
El regreso de Los Zumbis
Los Zumbis circularán los domingos en La Nación y los lunes en La Teja; además, otra de las novedades es que también se publicará un afiche, el cual se publicará los miércoles (en La Nación) y los jueves (en La Teja).
Sobre su historia y la emoción de reencontrarse con los ticos, habló el colombiano con este medio.
—¿Cómo se siente de reencontrarse con los ticos después de tantos años, por medio de estos personajes tan entrañables?
—Es una felicidad increíble porque Costa Rica es el país de mi corazón; fue el primer país donde salieron Los Zumbis y que yo los pude mantener. Primero, Los Zumbis salieron en El Espectador de Colombia y simultáneamente salieron en El Comercio de Ecuador, pero no tuve tiempo de disfrutar lo que fue la zumbimanía. Entonces, Costa Rica fue mi primer país donde los disfruté completamente; fui muy feliz. Volver a tu país y a La Nación es volver a casa.
—¿En qué momento exacto nacen Los Zumbis?
—Nacieron de la necesidad de hacer un proyecto para un periódico, porque en esa época los periódicos necesitaban proyectos para su circulación.
—¿Cómo surgió el concepto creativo?
—Los Zumbis no comenzaron siendo zumbis; comenzaron siendo unos unicornios, se llamaban Los Cornios y tenían alas. Mi hermano me dijo que no iban a pegar, por eso desistí. Después nos dimos cuenta de que los dinosaurios les gustaban mucho a los niños y nos decidimos por ellos.

—¿Por qué el nombre zumbi?
—Zumbi es una palabra sonora, graciosa y se une fácilmente con cualquier palabra: zumbinación, Papá Zumbi, Mamá Zumbi. Otra confesión que tengo que hacer es que al principio eran zombies, como los muertos vivientes; esa fue la primera inspiración.
—¿Cuál fue el primer zumbi?
—Fue un zumbi genérico. Dibujé dos bolitas: una para la nariz, otra para el cuerpo y un pelito loco.
—¿Por qué la familia es el eje de la historia?
—Porque cada integrante se va a identificar con alguien. Los papás con Papá Zumbi, los adolescentes con Junior, las niñas con Linda y funcionó perfecto.
—¿Cómo construye ese universo tan detallado?
—Primero escogemos lugares: playa, centro comercial; donde un patrocinador quiera estar. Después hacemos una lluvia de ideas; todo lo que pasa en la vida real está ahí dibujado.
“Un ejemplo, el del centro comercial: está el zumbi que compra un helado, pero se le cae encima de otro; este se chorrea y le pega al zumbi niño y este llora. Otra es la zumbicompradora, que quiere llevarse todo lo de las tiendas, y el zumbiurgido, que va tarde y tiene que entrar al baño muy rápido. Son cosas de la vida, lo que le puede pasar a cualquiera”.
—¿Ese es el gran secreto: la identificación?
—Sí. La identificación, eso es.
—¿Hay personajes basados en personas reales?
—¡Yo! Junior Zumbi soy yo. Quería tocar guitarra, pero no sabía; quería cantar, pero tenía pésima voz; era muy inteligente, pero las calificaciones no lo demostraban. Esa era mi personalidad.

“La mamá está inspirada en mis hermanas, que se casaban y, ¡pum!, se cortaban el pelo. Linda es como mis sobrinas. Desastre Zumbi era el niño que yo siempre quise y mira que cuando llegué a La Nación, Luciano Cisneros (director comercial de entonces, fallecido en el 2006), tenía uno igualito, un chico de unos cinco años que era un terremoto divino".
—¿Cómo era el proceso de creación en aquella época?
—Para dibujarlos, yo compraba un papel que se llamaba papel de arte, que era grueso, y dibujaba todos los zumbis en lápiz. Después unas personas coloreaban con témper, pero al reproducir en el periódico había que usar ecolín (un tipo de acuarela).
—¿Y cómo es ahora?
—Sigo haciendo lápiz; después los pinto. Se los paso a un ilustrador que los entinta. Por último, los vectorizo y los coloreo en un programa que se llama Illustrator.
—¿Cómo han evolucionado Los Zumbis con el tiempo?
—En Los Zumbis no nos queremos meter con ninguna ideología, aunque respetamos la diferencia de personas, pero esto es una cosa, en mi concepto, dirigida para los niños y lo que tenemos que representar es la sociedad en que vivimos. Cada cual es libre de hacer lo que quiera, pero en Los Zumbis reflejamos lo que se vive en el colegio, en la ciudad; queremos sacar la parte bonita de nosotros.
—¿En esta nueva etapa se van a incorporar elementos actuales?
—Claro; por ejemplo, el zumbi que sale con la zumbinovia al centro comercial y no le para bolas por estar pegado al celular y la novia lo regaña.
—¿Cuál es su personaje favorito?
—Junior Zumbi y Desastre Zumbi. Pero después, con el tiempo, fue Linda Zumbi, que estaba inspirada en las hijas de mi hermano Diego, el cocreador de los personajes. Después nació mi hija, que se convirtió en mi zumbiprincesa.
—¿Van a cambiar los personajes?
—La familia no, porque aunque el tiempo ha pasado con las personas, no es el mismo para todos. Un joven se va a ver en Junior Zumbi, que es un adolescente con el que se va a identificar. Lo que sí van a cambiar son los personajes alrededor; esos sí están más actualizados.

