Farándula

Thais Alfaro habla sobre sus altibajos como mamá: ‘Me di cuenta que soy fuerte, pero también vulnerable’

Convertirse en madre era uno de los mayores anhelos de la periodista y presentadora de ‘Buen Día’. Y aunque no ha sido fácil e incluso afrontó un período depresivo, está convencida de que estos han sido los años más felices de su vida.

Desde hace tres años y cuatro meses, Thais Alfaro tiene un momento favorito en su jornada diaria: cuando llega la noche y su bebé se queda dormido, y ella está a su lado, contemplándolo.

Ese instante la llena de paz y de gratitud, y es inevitable que de repente aparezcan algunas lágrimas.

Desde que Jonathan Josué nació, el 30 de agosto del 2017, la periodista y presentadora entiende muchas cosas que antes no tenían sentido para ella.

“Cuando a mí me lo pusieron en los brazos por primera vez fue cuando yo caía en cuenta de que tenía un hijo, y yo dije ‘qué voy a hacer’ y cuando lo estaba amamantando por primera vez, yo pensaba en lo maravilloso que es el milagro de la vida, que él había salido de mi cuerpo y que ya estaba comiendo y entonces se vinieron los años más felices de mi vida”, recuerda.

La periodista de Buen Día siempre había querido ser mamá y anhelaba el día en que por fin iba a tener a su hijo en brazos. Thais afirma que siempre había querido tener un hijo varón y en el pequeño de poco más de tres años hoy ve ese sueño cumplido. Fue hace exactamente cuatro años que se enteró que iba a ser mamá.

Jonathan Josué es un niño alegre, de voluntad firme, ocurrente, enérgico y muy chistoso. También es amoroso y dulce y su mamá asegura que al menos unas 10 veces al día le repite que la ama.

“Ahorita estamos en la etapa de enseñarle modales, entonces, por ejemplo, cuando estamos hablando dos adultos él llega y me dice ‘con permiso’ para hablar, antes sólo empezaba gritarme ‘mamá, mamá; y ese logro de qué él sepa que no puede interrumpir a las personas y que primero tiene que pedir permiso, es una etapa en la que yo me siento orgullosa, porque es un trabajo bastante arduo. Pero es el trabajo más hermoso del mundo y yo creo que Dios me muestra cuánto me ama a mí dándome la oportunidad de ver cuánto puedo amar a mi hijo”, explica.

Una pausa

Sin embargo, para la presentadora de 29 años la maternidad no ha sido una tarea sencilla. Recuerda que cuando su hijo cumplió un año atravesó por un momento de crisis, que la hizo replantearse para dónde se dirigía su vida.

“El primer año de vida de Josué yo estaba 100% con él, de día y de noche y después de un año me empecé a sentir depresiva, empecé a sentirme mal, empecé a llorar, a tener pensamientos que no son habituales en mí y tal vez empecé entrar en una negación, porque yo siempre soy de las que dicen ‘todo va a estar bien, yo puedo’. Y recuerdo que conversé con una persona espiritual a la que le comenté lo que me pasaba, porque pasé una situación realmente difícil.

“Y lo que pasa es que para mí ya había pasado esa adrenalina fuerte de ‘vamos adelante’ y lo que hice fue pedirle mucha fortaleza a Dios. A veces uno cree que porque uno va a una iglesia o tiene Dios presente, no va a sentirse depresivo y me di cuenta que soy mamá y que tengo que ser fuerte, pero también soy vulnerable y esa vulnerabilidad me llevó a buscar muchísimo más la fortaleza de Dios. Ahí entendí que mi vida cambió porque tal vez dejé de hacer cosas y pensaba que mi vida era sólo vivir para mi hijo y que yo sólo servía para eso”, relata.

La periodista no suele hablar mucho de ese capítulo de su vida, sin embargo, decidió abrir su corazón porque considera que posiblemente otras mamás primerizas han pasado por lo mismo y se sienten identificadas.

Alfaro no quiere que al contar esta experiencia “suene como que soy mala mamá”, más bien que debe existir un balance entre su lado como madre y su faceta profesional y personal.

A partir de allí la presentadora de la revista matutina de Teletica empezó a trabajar en un cambio interno y emocional a fin de poder dividir su tiempo y establecer prioridades.

“Ahora tengo tiempo para hacer ejercicio, salgo con mis amigas pero ya no como antes.Trato de tener ese balance de que si salgo tengo que regresar temprano a la casa, si voy a comer en la tarde o voy a tomar café puedo hacerlo pero tengo que organizarme y ahí mi mamá ha sido un bastión y un pilar, porque es la que me ayuda. Incluso yo hasta pensaba que estaba mejor con ella que conmigo, pero Josué siempre está esperando a que mamá llegue, y si a cierta hora yo no he llegado, él empieza a preguntar que por qué yo no estoy en la casa”, comenta.

Y aunque su vida no es igual que antes, la comunicadora disfruta esta etapa, que de una u otra forma la obligó a madurar y a desarrollar un instinto que antes no tenía.

Afirma que ahora los consejos que su mamá, Yorleny Cordero, le daba cuando era una adolescente tienen sentido y entiende más la ardua labor que representa criar un hijo.

“Siempre digo que cuando Josué nació, yo volvía a nacer. Nació Thais la mamá, sin saber cómo hacerlo y a veces uno se pregunta ‘¿será que lo estoy haciendo bien?’, ‘¿será que esto es correcto?’ y es que hay tanta información en Internet que usted empieza a decir ‘Dios mío no lo estoy haciendo bien’ y hubo un momento en el que yo dije ‘voy a dejar de leer cosas y voy a empezar a hacer lo que mi corazón de mamá me dice que haga’ y eso me ha funcionado mucho porque cuando uno es mamá no hay blanco y negro.

“Desde entonces aprendo todos los días con él sobre la paciencia, el amor y veo la vida con otros ojos: con más responsabilidad, tranquilidad y paz; y trato de no afanarme por las cosas y solo espero que él siempre se sienta amado, que vea en su familia un lugar seguro, que el amor de Dios es de cada día, que él crezca creyendo que lo que se proponga lo va a lograr, que comprenda que a las demás personas se les ama y se le respeta como son y que elija un camino adecuado y eso es una responsabilidad muy grande”, finaliza.

Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.