Robert E. Lee. 25 noviembre, 2020
El 19 de mayo del 2018 Meghan Markle se casó con el príncipe Harry. Su madre, Doria Ragland, acompañó a su hija a la Capilla de San Jorge, Castillo de Windsor, donde se realizó la mediática boda. FOTO: AFP
El 19 de mayo del 2018 Meghan Markle se casó con el príncipe Harry. Su madre, Doria Ragland, acompañó a su hija a la Capilla de San Jorge, Castillo de Windsor, donde se realizó la mediática boda. FOTO: AFP

Dejarse ver vulnerable no es nada fácil, y menos si se es parte de la corona británica. Ese silencio que guarda la realeza ante el mundo para mostrarse perfectos y fuertes, y que ha consumido a muchas de sus figuras más prominentes y famosas, la dejó hoy atrás Meghan Markle, la duquesa de Sussex y esposa del príncipe Enrique, en un artículo de opinión que escribió para The New York Times que tituló Las pérdidas que compartimos.

Con el relato de la duquesa, es imposible olvidar lo que vivieron figuras como Lady Di, la princesa Margarita y hasta el rey Eduardo VIII (quien abdicó al trono el 11 de diciembre de 1936), quienes sus vidas se convirtieron en un infierno cuando por error o simple humanidad revelaron un halo de vulnerabilidad.

Hoy, Meghan Markle habló por ellos, por el mundo entero, cuando relató la dramática historia que vivió al enterarse de que había sufrido un aborto espontáneo.

Lo que comenzó como una mañana normal un día de julio de este año, terminó en uno de los eventos que la marcaría por siempre: “Sabía, mientras abrazaba a mi hijo que estaba perdiendo al segundo”, dice una de sus primeras oraciones, cuando sintió un fuerte calambre en su estómago.

Horas después, mientras estaba en en el hospital tomada de la mano del príncipe Enrique, relata el inexplicable y desgarrador dolor que se siente al perder un hijo. Una pena que la hizo preguntarse: “¿Estás bien?”.

“Sentada en una cama de hospital, viendo cómo se rompía el corazón de mi esposo mientras trataba de sostener los pedazos rotos del mío, me di cuenta de que la única forma de comenzar a sanar es preguntar primero: ‘¿Estás bien?”, escribió.

“Un dolor casi insoportable, experimentado por muchos pero del que pocos hablan”, dice y en el que asegura que entre 10 a 20 mujeres de cada 100 lo han sufrido y que deciden callar su pena.

En enero del 2020, Meghan Markle y el príncipe Enrique anunciaron en su Instagram que se retiraban de la realeza británica. Foto: AFP
En enero del 2020, Meghan Markle y el príncipe Enrique anunciaron en su Instagram que se retiraban de la realeza británica. Foto: AFP
Abrir el corazón

Como pocas veces lo ha hecho una figura tan mediática y cercana a la corona británica –quienes por cierto decidieron separarse de la familia real con el beneplácito de la reina Isabel II a principio de año–, Meghan dejan entrever en su relato lo importante que es compartir nuestras penas para poder sobrellevarlas y, eventualmente, sanarlas.

El artículo de la duquesa no es solo un conmovedor relato de lo que también ha vivido en esta pandemia, sino que es una clara señal del por qué se tuvo que alejar de la familia de su esposo.

“¿Estamos bien? Este año ha llevado a muchos de nosotros a sobrellevar puntos más críticos. La pérdida y el dolor nos han afectado en este 2020, en momentos tensos y debilitantes. Hemos escuchado todas las historias: una mujer comienza su día, tan normal como cualquier otro, pero luego recibe una llamada en la que le dicen que perdió a su madre a causa de la covid-19. Un hombre se despierta sintiéndose bien, tal vez un poco cansado, pero nada fuera de lo común. Da positivo por el coronavirus y, en cuestión de semanas, él, como cientos de miles más, ha muerto”, escribe.

Incluso, Megahn va más allá y decide recordar los terribles actos de violencia y discriminación que ha sufrido la población afroamericana en EE. UU, al recordar la manera tan brutal en la que murieron Breonna Taylor y George Floyd en manos de la policía.

Se rumora que existe un distanciamiento entre los príncipes Guillermo y Enrique, luego de que éste último decidiera alejarse de su familia. Foto: AFP
Se rumora que existe un distanciamiento entre los príncipes Guillermo y Enrique, luego de que éste último decidiera alejarse de su familia. Foto: AFP

“Una joven llamada Breonna Taylor se va a dormir, tal como lo hacía todas las noches, pero no vive para ver la mañana siguiente porque una redada policial termina terriblemente mal. George Floyd sale de una tienda, sin saber que tomará su último aliento bajo el peso de la rodilla de alguien, y en sus momentos finales, llama a su mamá”, escribe.

Sin embargo, Meghan Markle está segura que hay esperanza en medio del miedo, la desesperación, el dolor y la enfermedad a la que hemos estado todos expuestos por la pandemia, la discriminación y la violencia. Ahí deja entrever que si contamos nuestras penas y escuchamos “con el corazón”, el mundo podría, poco a poco, recuperarse del dolor y la desesperanza.

“Algunos han compartido valientemente sus historias; han abierto la puerta, sabiendo que cuando una persona dice la verdad, nos da licencia a todos para hacer lo mismo. Hemos aprendido que cuando las personas preguntan cómo nos va, y cuando realmente escuchan la respuesta, con el corazón y la mente abiertos, la carga de dolor a menudo se vuelve más ligera, para todos nosotros. Al ser invitados a compartir nuestro dolor, juntos damos los primeros pasos hacia la curación.”.

¿Una bofetada a las estrictas normas que la realeza británica siempre ha promovido al ocultar sus miedos y debilidades? ¿Será una revelación del por qué el príncipe Enrique y ella se alejaron abruptamente de la familia real británica? Aunque no habla de ello, ni mucho menos hace mención a la familia de su esposa, lo que hoy hizo Meghan Markle va en contra de todo lo que la corona británica, al mando de la reina Isabel II, ha promulgado a través de décadas.

Eso no lo sabremos, aunque el último párrafo de su artículo es contundente al dejar clara su visión de mundo y su manera de vivir:

“Nos estamos adaptando a una nueva normalidad en la que los rostros quedan ocultos por máscaras, pero nos obliga a mirarnos a los ojos, a veces llenos de calidez, otros de lágrimas. Por primera vez, en mucho tiempo, como seres humanos, realmente nos estamos viendo”. ¿Estamos bien? Lo estaremos”, finalizó.