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'Mazinger Z': el feliz regreso a la infancia fotónica

A inicios de los años 80, la niñez costarricense amó a Japón y sus monstruos mecánicos con un animé a prueba del tiempo. 'Mazinger Z: Infinity' –inesperado estreno en las salas de cine– es la oportunidad para reencontrarnos con nuestra infancia

A los 5 años, uno no se cuestiona por qué Koji Kabuto anda todos los días la misma ropa o por qué lo dejan andar en moto sin casco. A los 5 años, uno quiere ser Koji Kabuto.

A los 5 años, uno cree que Japón es el país más importante del mundo y el monte Fiji la montaña más alta del planeta.

A los 5 años, uno se ríe en secreto de que Koji le diga “estúpido” a su hermano, y de que maldiga con frecuencia. Koji es incorrecto –vulgar– y los chiquillos de 5 años lo celebran.

A los 5 años, uno no pone atención cuando los adultos subrayan que el programa de televisión que uno más ama es “violento” y “nocivo”.

A los 5 años a uno no le importa que el villano del programa de televisión que uno adora sea mitad hombre y mitad mujer, y que al hablar su voz suene tanto como hombre y como mujer.

A los 5 años, uno no se detiene a masticar que el antagonista de Koji es un científico satánico que lleva Hell por apellido, o que sus secuaces son un nazi decapitado o un mutante demencial, parte tigre dientes de sable, parte humano.

A los 5 años, uno se ríe de que un robot femenino dispare sus pechos como cohetes. Es inevitable.

A los 5 años, uno llora cuando un robot muere porque uno no se anda con rollos metafísicos y asume por cierto que Afrodita se murió salvando a Mazinger.

A los 5 años, uno se angustia cuando un personaje tan entrañable como el doctor Morimori conduce su jeep por un campo minado con tal de salvar a Koji. Y a uno se le vienen las lágrimas cuando el profesor Morimori muere en los brazos de un desconsolado Koji.

A los 5 años, uno se ríe a carcajadas cada vez que al robot Boss le cortan la cabeza.

A los 5 años, uno se cree que Minerva lloró, aún sabiendo que era un robot y que los robots no tienen alma... Y que ella amaba a Mazinger.

A los 5 años, uno no puede evitar grabarse en la memoria aquella frase desgarradora con la que Shiro reacciona ante la muerte del doctor Juzo Kabuto: “¡Koji, han matado al abuelo!”.

A los 5 años, uno se encarama al portón de la casa de los papás y se deja ir con todo hacia el suelo, convencido de que algo parecido a un scrander amortiguará la caída. A los 5 años, uno no calcula la fuerza de la gravedad.

A los 5 años, uno persigue a los papás para que le compren el álbum de postalitas de Mazinger (¡seguro que el Panini!); la pijama de Mazinger; la tela para hacerle las cortinas y ropa de cama de Mazinger, y la lonchera de Mazinger. Y los papás lo alcahuetean.

A los 5 años, uno vuelve del kínder y cuenta las horas para sentarse religiosamente frente a un tele de perilla, en blanco y negro (con solo 13 canales), y cumplir con su cita diaria con Mazinger Z, la serie. Y al terminar, uno apaga el tele y se queda viendo el puntito luminoso que flotapor un rato en la pantalla, pensando en lo carga (o “tuquis”) que es Mazinger.

A los 5 años, uno no sabe que casi 40 años después estará igual de emocionado de saber que una película sobre Mazinger llegará a los cines, en calidad digital, con animación de punta y contando una historia nueva, que se ubica 10 años después del final de la serie.

A los 5 años a uno no se le ocurre que sea posible que el Doctor Hell, el Barón Ashler y Conde Decapitado puedan volver de su indisputable muerte, como ocurre dentro de la trama de Mazinger Z: Infinity, el inesperado estreno que por estos días se filtra en la cartelera costarricense.

A los 5 años, uno no piensa que Koji, Sayaka, Boss, Mucha, Nuke y Shiro puedan crecer (¿madurar?) y que la vida los obligue a volver a enfrentarse a las bestias mecánicas que, pese a los planes de dominación mundial del Doctor Hell, siempre parecen empecinadas con estropear solo la infraestructura japonesa.

A los 5 años, uno no sabe quién es Go Nagai ni que le estará agradecido toda la vida por haberle dado vida a los Kabuto, los Yumi, y a todo el universo narrativo y mitológico tejido alrededor de un robot gigante.

A los 5 años, uno no puede vaticinar que algún fiebrazo algún día pondrá una réplica de Mazinger Z en el techo de un taller, en San Francisco de Dos Ríos, y que aquella esquina se tornaría en el segundo punto de referencia más reconocible de esa comunidad josefina (ustedes saben cuál es el primero).

A los 5 años, uno no sabe que Mazinger Z será un amigo que se quedará siempre con uno. A los 5 años no se piensa tan a largo plazo.

A los 5 años, uno solo quiere ser Koji Kabuto

Víctor Fernández G.

Víctor Fernández G.

Jefe de información de Entretenimiento. Ingresó al Grupo Nación como periodista de espectáculos al diario Al Día en 1999 y luego pasó a La Nación y al periódico juvenil Vuelta en U, del cual fue su director. Graduado de la Universidad de Costa Rica.