Jordi Antich. 29 agosto

La figura de Leonard Bernstein reviste gran importancia en muchos sentidos. Por primera vez en la historia un joven norteamericano compositor, pianista y director de orquesta consigue ser admirado en el mundo entero, en lo que hasta el momento era privilegio europeo y con ello convencer a muchos de que la música clásica no era cosa del pasado sino que tenía un lugar importante en la modernidad de la posguerra.

Sus Young People’s Concerts con la Filarmónica de Nueva York, transmitidos por la CBS de 1958 a 1972 y repetidos por televisoras de todo el mundo durante muchos años, fueron decisivos para una generación en la que me cuento. Así mismo el fenómeno televisivo de Bernstein, al lado y en paralelo del discográfico de Herbert von Karajan en Berlin, sirvieron para consolidar la posición de los centros de influencia cultural más importantes de occidente en la segunda mitad del siglo XX, en oposición al otro bando liderado por Moscú y Pekín.

Foto: Wikimedia Commons /Al Ravenna, World Telegram staff photographer. Leonard Bernstein sentado a la piano, anotando una partitura 1955. Source: Library of Congress. New York World-Telegram & Sun Collection. l Ravenna, World Telegram staff photographer
Foto: Wikimedia Commons /Al Ravenna, World Telegram staff photographer. Leonard Bernstein sentado a la piano, anotando una partitura 1955. Source: Library of Congress. New York World-Telegram & Sun Collection. l Ravenna, World Telegram staff photographer

Confieso que no conocía la estrecha relación de Bernstein con Carl St. Clair, pero al parecer, poco antes de morir el gran maestro, nuestro titular -según sus propias palabras- recibió la misión de continuar su obra. Ya me gustaría que eso fuera posible y que St. Clair dedicara mayores esfuerzos al desarrollo musical de nuestro país, como lo hizo Bernstein en el suyo, o aquí también, sus predecesores en el podio de la Sinfónica Nacional.

Es de aplaudir que en el programa se dedicara toda la primera parte a una de las obras de mayor peso del afamado músico, su segunda sinfonía, obra programática basada en un extenso poema del británico, radicado en Nueva York al inicio de la Segunda Guerra Mundial, W.H. Auden. The Age of Anxiety (Tiempo de ansiedad) transluce el optimismo que caracterizó la obra de Bernstein y a buena parte de la sociedad norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial.

No era para menos, ya que los Estados Unidos salieron claramente beneficiados de la contienda, sin haber tenido que pagar el altísimo precio en destrucción y vidas humanas de otros países europeos y asiáticos.

Tuve la suerte de escuchar la Tercera Sinfonía, Kaddish, en febrero pasado en Europa y ahora con esta audición de la segunda, con el brillante pianista Benjamin Pasternack en la parte solista y una excelente interpretación de la Sinfónica Nacional, me reafirmo en la idea de que hay mucho más Bernstein de lo que generalmente se juzga limitándose a sus obras más populares.

En la segunda parte le tocó el turno a la reposición de Slava! A Political Overture (ya St. Clair la había presentado en su primer concierto en Costa Rica, en el 2014), breve obertura orquestal dedicada al famoso violonchelista y director de orquesta ruso Mstislav Rostropovich, quien en 1977 abandona su país para radicarse en EE. UU.

Se trata de una burla hiriente dirigida hacia la nomenclatura soviética de la época, para lo cual el compositor utiliza recursos musicales onomatopéyicos y brevemente algunos giros musicales del folclore juglaresco ruso. En su versión original incluía también fragmentos de proclamas y discursos políticos grabados previamente.

El tono jocoso y desenfadado de esta pieza sirvió además como transición hacia el final del concierto compuesto por obras del repertorio de canciones y comedia musical del compositor homenajeado, en las que destaco muy especialmente la magnífica voz y gracia de comediante de la soprano Celena Shafer.

La cantante inició su participación con dos pequeñas piezas del ciclo Arias and Barcarolles, título que indirectamente fuera sugerido en 1960 por el presidente Eisenhower, quién al final de un concierto al felicitar a Bernstein le dijo refiriéndose a Rhapsody in Blue: “Me gusta la música con un tema y no solamente arias y barcarolas”

Shafer se lució especialmente en las partes de la ópera Candide a su cargo y en la preciosa aria A Little Bit in Love del musical Wonderful Town pieza, una vez más, inmersa en el espíritu del milagro americano de la posguerra.

Ficha:

Fecha: Viernes 24 de agosto, 8:00 p. m.

Lugar: Teatro Nacional

Concierto: Orquesta Sinfónica Nacional VI Concierto de Temporada

Director: Carl St. Clair

Piano: Benjamin Pasternack

Soprano: Celena Shafer