La diferencia entre el tope y el carnaval de Palmares va más allá de lo evidente, los caballos.
Mientras que el primer evento atrae visitantes de muchas partes del país, el segundo se caracteriza por el aire familiar y local que posee.
Durante el tope, los palmareños deben compartir su cantón con extraños; pero con el carnaval los lugareños recuperan el terreno perdido en los festejos cívicos.
Si bien no es posible que dejen atrás el slogan de “un pueblo para hacer amigos”, como tampoco es inevitable uno que otro “colado”, Palmares saca lo mejor de sí para el carnaval: su gente.
Son las 6:20 p. m. de este viernes, hace casi dos horas el carnaval empezó a recorrer las principales vías del cantón y pese a ello, los residentes no dejan de aglomerarse a lo largo de los dos kilómetros y medio del recorrido (salió del estadio municipal con dirección al campo ferial).
Madres y padres con hijos en brazos, de la mano, con sillas plásticas, con abrigos... se acercan a las orillas del trayecto para observar el colorido desfile.
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“El carnaval de Palmares es muy familiar por el tipo de cosas que se ven. La música y todo lo que se presenta como mascaradas y comparsas es atractivo para los chiquitos. Siempre venimos (al carnaval). El tope es más para los de afuera pero esto nos gusta más porque no hay tanto licor en la calle y es más familiar”, argumentó Johanna Vindas, quien llegó junto a su hermana, cuñado, sobrinos e hijos.
Vindas y su familia presenciaron el desfile a un lado de la carretera cerca del punto de salida. Como ella, otros aprovecharon los balcones de sus residencias para asomarse y bailar al mismo son de las comparsas, los grupos coreográficos o simplemente dejar fluir los movimientos con la música de bandas o cimarronas, al fin, es viernes (y el cuerpo lo sabe).
El mismo patrón repiten los palmareños en garajes y aceras aledañas al desfile, que este año creció en participación si se compara con anteriores ediciones. "Es exagerada (la cantidad de gente). Esto es un golpe para Palmares", dijo Warner Vargas, presidente de la Asociación Cívica Palmareña en alusión a las miles de personas que presenciaron el carnaval, una audiencia significativamente mayor si se compara con la asistencia al tope.
En el carnaval fue común ver a Elodia (personaje de María Torres), Morgan (Mauricio Astorga) o Víctor Carvajal (presentador de canal 7), bailar de un lado a otro en la carretera principal de Palmares.
Mascaradas de ellos como de otras personalidades del país o de leyendas ambientaron un carnaval que se caracterizó por su sabor, su color, ritmo, sensuales movimientos de mujeres cubiertas por plumas y tocados vistosos o dorsos masculinos destapadas que provocaron piropos de todo tipo.
En la cita también participaron comparsas, grupos coreográficos y cimarronas, así como los tradicionales autos antiguos, una veintena de motos pandilleras y zanqueros.
Además desfilaron carrozas y una de las mayores atracciones que tuvo el desfile fue la presencia de La María Seca, el cabezal que ha disputado el cetro del más veloz en el apetecido Festival Trailero Matra. Entre rugidos de motor y velocidades “extremas” para un carnaval, el vehículo pesado hizo vibrar Palmares.
“El año pasado el carnaval creció y este año creció aún más. Creemos que por empezar a una hora familiar hay que tenerlo muy nutrido en contenido para que la gente lo disfrute”, dijo Marco Mairena, vocero de la Asociación Cívica Palmareña.
Mairena explicó que los grupos que le dieron vida al carnaval de Palmares 2018 provenían de todo el país, de ahí que entre los participantes que encabezaban el desfile estuvieran bandas como la Comunal de Sarapiquí, la Cimarrona Original Domingueña o la comparsa La perla del Pacífico.
Esas tres abrieron un colorido desfile que, al menos por unas horas, le dio brillo a unas Fiestas de Palmares que reducen su asistencia con los años, a criterio de chinameros del campo ferial.
El último grupo participante en el carnaval salió del punto de arranque a las 7:30 p. m. con dirección a un campo ferial que, discretamente, comenzaba a recibir público.
