Existen rincones en San José que trascienden el asfalto para convertirse en el alma misma de la ciudad. Uno de esos lugares, hoy transformado en ícono histórico y baluarte del patrimonio costarricense, es la Plaza de la Cultura.
Este espacio no solo ve pasar diariamente a miles de trabajadores, sino que se ha consolidado como la referencia obligatoria para las direcciones “a lo tico”, mientras guarda en sus entrañas subterráneas tesoros que narran quiénes fuimos y quiénes somos.
Al cumplir 44 años, este emblemático sitio está de fiesta. Su construcción se gestó durante la década de 1970 con una visión ambiciosa: crear un centro cultural abierto en el epicentro de la capital y, simultáneamente, dotar de un hogar definitivo a las colecciones patrimoniales del Banco Central de Costa Rica. Fue así como nació este refugio para el legado numismático, arqueológico y artístico de la nación.
De acuerdo con las crónicas del arquitecto Andrés Fernández, la ceremonia oficial de inauguración tuvo lugar la noche del 26 de febrero de 1982. El evento contó con la solemnidad propia de la época y la participación del entonces presidente de la república, Rodrigo Carazo Odio, junto a la ministra de Cultura, Marina Volio Trejos.
La celebración no terminó ahí. Al día siguiente, un acto público masivo devolvió la plaza a la gente con las presentaciones del grupo Cantares, la Banda Nacional de Cartago y Danza Universitaria. Mientras la música sonaba, se realizaba un certamen plástico de paisaje urbano.
Según los cálculos de Fernández, el esfuerzo humano detrás de esta proeza arquitectónica involucró a entre 100 y 120 personas, incluyendo desde ingenieros y arquitectos hasta maestros de obra y peones que dieron forma a este hito histórico.
Secretos bajo el concreto
Más allá de su superficie, la edificación subterránea resguarda algunos los acervos culturales más relevantes del país. Bajo la administración del Banco Central, el complejo integra bienes que permiten un viaje en el tiempo desde la época precolombina:
- Colección Arqueológica: Formada entre 1950 y 1980, reúne 4.116 piezas de oro, cerámica y piedra. Estas obras reflejan la cosmogonía de nuestros antepasados y el desarrollo de oficios como la orfebrería. Parte de este acervo se exhibe permanentemente en el Museo del Oro Precolombino.
- Colección Etnográfica: Con 103 objetos, documenta la vida de los pueblos originarios contemporáneos mediante textiles, arcos y flechas que conectan el ayer con el presente.
- Colección Numismática: Es la muestra de medios de pago más completa de la región. Nació en 1828 y hoy suma cerca de 6.000 piezas. A través de ella se comprende la evolución económica, desde el uso del grano de cacao hasta la adopción definitiva del colón en 1896.
- Colección de Artes Visuales: Un catálogo de 1.203 obras de más de 160 artistas costarricenses, con nombres fundamentales como Francisco Amighetti, Lola Fernández y Max Jiménez.
Una invitación a celebrar y recordar
Para conmemorar este 44 aniversario, el museo ha preparado actividades especiales. Hasta el próximo 1.° de marzo, los costarricenses que nacieron en 1982 podrán ingresar de forma gratuita con solo presentar su cédula.
Además, el martes 3 de marzo, a partir de las 12:45 p. m., los transeúntes están invitados a cantar el cumpleaños y recorrer la exhibición Cuarenta y cuatro. Esta muestra ofrece un viaje nostálgico con fotografías de los años 70 que retratan a un San José que soñaba con ser una capital moderna.
La exhibición incluye recortes históricos de La Nación, que documentó paso a paso el proceso constructivo de la Plaza de la Cultura. Entre las notas más curiosas se rescatan los momentos en que la enorme excavación se inundó por las lluvias, transformando la obra en un inesperado lago en pleno centro de la ciudad, donde más de un vecino terminó dándose un gracioso chapuzón.
Las salas del Museo del Oro Precolombino y el Museo de Numismática le esperan todos los días, de 9 a. m. a 4:30 p. m., para redescubrir los tesoros que laten bajo nuestros pies.
