
“En el momento cuando lo decía, sentía que ese era el milagro, que Dios me sanara. Hoy en día, para mí el milagro es otro y de hecho ya lo recibí”. Esas fueron las primeras palabras que pronunció Carolina Jaikel en su casa, al abrir su alma en una tarde de lluvia y conceder una entrevista a La Nación que duró poco más de una hora.
Nadie se espera un diagnóstico de cáncer de pulmón con metástasis ósea a los 39 años, mucho menos en una persona que nunca se ha fumado ni un solo cigarro.
Eso no cabía en la mente de ella, ni en la de sus padres, Rodrigo Jaikel y Ana Cecilia Salazar; ni en la de su esposo Bryan Ruiz, su hermana Priscila Jaikel, ni su cuñado Isaac Moya.
Hoy comprende que le puede pasar a cualquiera, y que la vida es solo ahora, como un gran privilegio que cada quien tiene entre sus dedos y que muchas veces se omite de forma garrafal que cada amanecer es un milagro.
Nada ha sido fácil, empezando por un diagnóstico que impacta. Sin embargo, la misma vida ya se había encargado de ir poniendo las cosas en su lugar.
“Mis papás se divorcian a mis 18 años y gracias a Dios rápido logran llevarse bien y estuvieron separados 20 años. Siguen divorciados, pero están juntos desde hace tres años, desde 2022 volvieron”, contó Carolina Jaikel.
Esa confesión tan íntima para ella es importante, porque pareciera que el destino se encargó de que estuvieran juntos al recibir, pero sobre todo afrontar, esa enfermedad de su hija mayor.
“Mis papás están bien gracias a Dios, pero tienen 74 años y 70 años en este momento. Yo creo que se hicieron los fuertes conmigo durante mucho tiempo, pero tienen que haber pasado por muchos estados”, relató Carolina Jaikel.
Como madre de los pequeños Benjamín y Leonardo, ella ni siquiera se atreve a imaginar qué sintieron su mamá y su papá aquel día, en esa llamada.
Porque después de que en compañía de Bryan a Caro le dijeron lo que tenía, pasaron unas horas, mientras tomaba un poco de aire. Todavía en medio de ese shock para el que nadie está preparado, la primera llamada que hizo tras el diagnóstico no podía ser a nadie más que a ellos, a sus papás y a su hermana.
“Yo les dije que no quería que esto fuera un secreto, porque entendía que ellos necesitaban desahogarse. Me imagino que mi mamá habló con sus hermanas, mi papá con sus hermanos y muy rápido todo el mundo sabía. Yo tenía la certeza de que yo no hice nada, porque mucha gente lleva la enfermedad como con culpa y a oscuras y yo creo que más bien al contrario, la gente puede rezar por uno”, mencionó.
Recordó que el instinto de su mamá fue buscar mucho a Dios desde el primer instante, de ir a la misa todos los días. Ahí notó que la mujer que la trajo a la vida muy rápido se llenó de paz.
“Papi se fue conmigo a Houston, cuando estuvimos allá un mes y todas las veces que viajamos nos vamos Bryan, él y yo. Y ha sido muy lindo, porque el lugar de él es estar. ¿En qué te ayudo? Yo voy, los acompaño en tal cosa. Mami tomó otro rol, el de me quedo con los chicos y así estás tranquila. Cada uno como desde su trinchera donde puede aportar, pero fue demasiado duro”, confesó.
Carolina lo piensa y como siempre, don Rodrigo y doña Ana Cecilia no la soltaban. Estaban ahí, firmes y al pie del cañón en la batalla, con la fe intacta de que todo saldría bien, creyendo en la ciencia y en el poder de Dios.
Pero hubo un momento en el que sí explotaron, y Carolina vio a su mamá y a su papá como nunca antes durante este proceso y fue justo cuando llegaron las buenas noticias, hace unas semanas.
En el último viaje de control a Houston, a Caro le efectuaron el PET scan (tomografía por emisión de positrones), que arrojó ese resultado que tanto querían: en su organismo no se ven rastros de que la enfermedad esté activa.
“Creo que ellos tratan de hacerse siempre los fuertes conmigo y cuando llegaron las buenas noticias, pues ahí sí los vi llorar, llorar y llorar. Mami me dijo: ‘Se lo he pedido tanto a Dios’.
”Y es que yo no puedo, hasta se me quiebra la voz, porque yo no puedo ni pensar lo que debe ser tener un hijo enfermo, es que no estamos hechos para eso, no es la naturalidad de la vida”, apuntó Carolina.

Mucho menos cuando se trata de un diagnóstico así, como el suyo. Y ahí recalca que ella nunca en la vida hubiera creído que iba a tener cáncer, porque se sentía la mujer más sana del planeta Tierra.
“Porque además, siempre he sido demasiado sana. Estaba alistándome para hacer media maratón, ahí fue donde se me fracturó el sacro. Y ahí empezaron los dolores. La doctora me dijo: ‘Si usted no se hubiera fracturado el sacro, si no hubiera hecho metástasis en ese hueso, hubiera estado toda agarrada de los pulmones sin hacer un síntoma’”.
De hecho, contó que durante todo este tiempo e incluso en la actualidad, si le ponen un oxímetro —dispositivo médico que mide el nivel de saturación de oxígeno en la sangre—, le marca 100 (un nivel excelente).
“Nunca tuve una tos, nunca tuve una flema, nada. Es más, mi pulmón no ha hecho un solo síntoma, porque gracias a Dios está superfuerte. Eso ha sido una bendición ahora, para recuperarme, pero a la hora de una persona que fuma, tiene cáncer y ya le da tos, porque el pulmón ya está golpeado”.
Un gran día para Carolina Jaikel
Carolina Jaikel escuchaba a la especialista en Houston y le parecía un sueño hecho realidad. Su PET scan estaba limpio, con ese término médico de “enfermedad no detectable”, que significa que ese cáncer de pulmón con metástasis ósea se encuentra inactivo.
Contó que estaba un poquito nerviosa con ese examen, porque le volvió a doler el sacro. Es más, confesó que en este momento tiene mucho dolor en ese huesito situado en la base de la columna.
“Parece que es todo producto de la radiocirugía y eso mata el tumor, pero lo que me dicen es como que mandaron una bomba ahí. Entonces, estaba un poco nerviosa por eso, pero hace mucho tiempo que ya me siento sana. No sé si sana es la palabra, pero ya hace mucho tiempo que siento que con esto como que ya no estamos en el lugar complejo”, citó.
Dijo que siempre hay momentos difíciles, pero ella tenía mucha fe de que iba a estar todo bien.
“Yo lo que puedo escuchar en mi diagnóstico es enfermedad no detectable, porque para ellos nunca me pueden decir que estoy curada, al encontrarme con un cáncer en fase 4″, detalló.

En diciembre, cuando Caro y Bryan fueron a Houston, tenían la esperanza y la ilusión de que si sería en ese momento cuando les dijeran que ese PET Scan estaba limpio.
La carga tumoral sí había bajado, pero todavía en el sacro se veía muy leve, pero con algo de actividad; mientras que en el pulmón también se reflejaba así.
“Nos vinimos con la tranquilidad de que las noticias habían sido buenísimas y los doctores nos dijeron que para ellos esto era cuestión de tiempo”.
Cuatro meses después volvieron a Estados Unidos y esta vez lo que ella pensaba era que no sabía si lo iban a escuchar, pero sí se sentía positiva de que todo iba a salir bien, como pasó.
“Yo siempre tengo mi rosario ahí, y lloré, le agradecí a Dios. Bryan no llora, pero como que los ojos se le iluminan de una manera diferente. Bryan es como muy pausado y silencioso, pero el semblante le cambia.
”Salimos, nos abrazamos, siempre hacemos una llamada grupal con mi mamá, mi papá, mi cuñado y mi hermana. Priscila toma nota de todo y yo sé que hay un montón de gente rezando y esperando esa noticia. Ella les dice y celebramos. Fue muy lindo”, rememoró.
Carolina continúa con las quimioterapias, para que la enfermedad se mantenga inactiva, como lo está ahora. Y por supuesto, que ante las buenas noticias, es válido llorar, llorar y llorar, como lo hicieron sus papás.

