Alexánder Sánchez. 26 noviembre, 2020
Juan Rafael Sandoval Villalobos, mejor conocido como Emeterio Viales, le pone muchas ganas a la vida. La pandemia afectó su trabajo pero no se rinde. Fotos Melissa Fernández Silva
Juan Rafael Sandoval Villalobos, mejor conocido como Emeterio Viales, le pone muchas ganas a la vida. La pandemia afectó su trabajo pero no se rinde. Fotos Melissa Fernández Silva

“Yo estoy con toda la pata, ni enfermo, ni nada. De hecho acá voy para Zarcero a traer unos quesos para vender. Es que ahora estoy con eso, con el negocio de los quesos y las pastoras”, dijo medio apresurado Juan Rafael Sandoval, más conocido como Emeterio Viales.

Ayer miércoles circularon varias versiones de que el humorista nacional había sufrido un preinfarto y que se encontraba recuperándose en el Hospital de Heredia. Sin embargo, con su típica y muy contagiosa risa de campesino, Sandoval asegura que nada es cierto.

“Eso son inventos de la gente, que le quiere hacer el mal a uno. Eso es de mala fe. Todo es mentira. Yo estoy lo más de bien. Es más, voy manejando, oiga el pito del carro”, afirmó el comediante, mientras en el fondo se escucha la fuerte la bocina.

Según Sandoval, ayer se dio una vuelta en el hospital para tomarse la presión y fue allí donde surgió “el cuento”.

Juan Rafael Sandoval
Juan Rafael Sandoval "no está enfermo" asegura el comediante. Según él, todo son inventos de la gente. Fotos Melissa Fernández Silva

“Le voy a contar que fue lo que pasó. Yo en Heredia, en una farmacia, me tomo la presión, pero por esto de la pandemia no la han vuelto a tomar. Entonces como hace mucho tiempo no me la tomaba me fui para el hospital y ahí fue donde se armó todo”, Sandoval.

“La gente en el hospital me preguntaba: ‘Diay Emeterio, usted qué hace aquí', yo les respondía: ‘Diay, yo que estoy embarazao no ve’. Yo ahí vacilando. Entonces repito, esos cuentos son de alguien que me quiere hacer el mal”, agregó algo serio.

Sorteando la pandemia.

Mientras maneja a Zarcero, Sandoval se tomó unos minutos para revelar lo que está haciendo para afrontar la crisis por la pandemia, ya que los shows humorísticos se han reducido de forma drástica desde que la covid-19 llegó al país.

Sigue trabajando en Omega, en el programa El manicomio de la risa, pero con la venta de lácteos y pastoras se está ganando una extra.

“Pues no solo distribuyo quesos, natilla y yogur artesanales, sino que vendo pastoras en un vivero de La Garita de Alajuela. El negocio se llama el vivero Don Elí”, contó Sandoval.

“Los quesos y todo lo que traigo de Zarcero es de la mejor calidad. Son unos primos míos lo que los hacen y yo los traigo a vender aquí. También vendo bizcochos y pronto voy a traer picadillo de arracache, de ese que viene empacado. Muy rico todo”, agregó.

Juan Rafael Sandoval con su venta de pastoras. El fin de semana lo puede encontrar en La Garita, en el vivero Don Elí. Cortesía de Juan Rafael Sandoval
Juan Rafael Sandoval con su venta de pastoras. El fin de semana lo puede encontrar en La Garita, en el vivero Don Elí. Cortesía de Juan Rafael Sandoval

Todos los sábados y domingos, si usted tiene suerte, usted puede ir al vivero Don Elí y toparse a Emeterio vendiendo sus quesos, vacilando por ahí y soltando una que otra rajonada.

“Sí, la gente de vez en cuando me pedí que le haga un showcito improvisado y yo les complazco. Es vacilón, porque vieras que por la mascarilla muchos no me reconocen, pero como yo tengo musiquilla mía sonando en el puesto ahí me sacan”, explicó.

Sobre las pastoras, Sandoval asegura que son las mejores y que tienen los mejores precios del país.

Cuidándose.

Actualmente, Juan Rafael Sandoval tiene 73 años y frente a la pandemia pertenece a la población de riesgo.

Sandoval lo sabe bien y, aunque no piensa encerrarse en casa, sí se se cuida con esmero.

“Acá ando con mi mascarilla, alcohol en gel, todo pura vida. Le ando de lejitos a la gente, no saludo a nadie. Cuando me piden una foto lo hago con cuidado y siempre con la mascarilla y con distancia”, afirmó el comediante.

Es que para Sandoval, el trabajo es la vida y el humor su corazón. Por eso, mientras maneja rumbo a Zarcero, se olvida de los chismes, piensa en el quesito tierno que va a comprar y nunca para de reírse.

“Emeterio hay para rato”, concluye entre sonoras risas.