Alejandra Vargas M.. 1 abril, 2008

El primer arqueólogo profesional costarricense, Carlos Aguilar Piedra, falleció ayer en la tarde, en su casa en Cartago, por problemas cardíacos. Tenía 90 años.

Aguilar es reconocido en el país como el ‘papá’ y defensor del Monumento Nacional Guayabo. Este es el sitio arqueológico más importante que se conserva aquí sy el cual se supone que fue el ombligo de América, en cuanto a ritos sagrados y uso del agua.

Por este descubrimiento, el arqueólogo recibió en el 2004 el Premio Nacional de Cultura Manuel González Zeledón (Magón), el reconocimiento más grande que el Estado otorga a un ciudadano por una vida dedicada a la cultura.

“La gente olvida cuál es el papel de la historia en la vida; para eso existe la arqueología”, dijo Aguilar a La Nación en el 2004.

Según Ana Arias, discípula de Aguilar, su contribución a la arqueología del Valle Central visualizó por primera vez que la nacionalidad tica tiene un pasado indígena y precolombino. “Después de don Carlos, la presencia indígena temprana en Costa Rica y sus aportes culturales no pudieron seguir siendo ignorados”, señaló Arias.

Tras la declaratoria de Guayabo como Monumento Nacional, en 1973, se iniciaron los trabajos de conservación de sitios arqueológicos en áreas protegidas en Costa Rica, algo que a él lo enorgullecía mucho. “Creo que la arqueología del país va por buen camino y todavía falta mucho que encontrar”, expresó Aguilar.

Sus honras fúnebres se realizarán hoy, a las 2 p. m., en la catedral del Carmen en Cartago.

Su vida. Carlos Aguilar reconoció su vocación por los minerales desde niño y encontró una profesión en su estudio mientras trabajaba en el departamento de Historia Natural del Museo Nacional de Costa Rica.

Aguilar fue becado y se convirtió en el primer centroamericano graduado de la prestigiosa Escuela Nacional de Arqueología e Historia de México, en 1946.

Realizó su práctica de campo en la Universidad de Kansas y al volver, en 1968, fue uno de los fundadores de la carrera de Arqueología en el país.

Aguilar recibió galardones como el Cleto González Víquez de la Academia de Historia (1966), el Nacional de Ensayo Científico Aquileo J. Echeverría (1972) y el Premio Icomos que reconoce el estudio del Patrimonio Cultural e Histórico (1999).

Además, en febrero del 2006, Aguilar recibió el título de Afiliado Honorario del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH).

Aguilar falleció pero, su contribución al patrimonio nacional continuará viva en Turrialba. Guayabo es una oda a la arquitectura vernácula y cuenta con cerca de 50 rasgos arquitectónicos, entre los cuales hay 43 montículos, tres acueductos, dos plazas y dos calzadas. Cerca de 13.000 personas visitan cada año este sitio.