La casona de adobe ya era vieja el día en que María Manuela Lobo empezó a vender almuerzos a los polacos que pasaban por San Rafael de Heredia y a las maestras de la escuela local.
Era famoso el sabor que le daba a su comida el horno de barro, el mismo que aún existe en el patio trasero de la casona.
Hoy, con 190 años de haber sido construida, la vetusta edificación no solo conserva el horno, sino a toda una generación de descendientes que heredaron de María Manuel la afición por la buena cuchara.
Su bisnieta, Lílliam Villalobos, se lució ayer con la receta de su bisabuela en el Festival de Comidas y Bebidas Tradicionales de Heredia.
La joven llevó al Museo de Cultura Popular de Barva –sede del festival– un casado campesino con arroz, frijoles, picadillo de papa con carne, plátano maduro, ensalada y fresco de cas: todo, preparado con ingredientes completamente naturales: cebolla, culantro, repollo, tomate y cases cultivados en el patio de la casona.
Su mamá, Hellen Lobo, contó que todo se hizo igual a como se hacía un centenar de años atrás, cuando los hombres de la casa cultivaban lo que las mujeres cocinarían después.
Precisamente, esa era la idea del festival, contó Zaida Ruiz, una de sus organizadoras: promover, en la décima edición, el rescate de la comida tradicional herediana tanto en sus ingredientes como en su forma de elaboración.
En total, se inscribieron 110 vecinos de toda la provincia de Heredia, en cinco categorías: comidas, almuerzos campesinos, bebidas, preparaciones hechas con café (la novedad) y panes y postres.
Guillermo Bogantes, un maestro pensionado, llevó la receta familiar de fresco de ñampí, un tubérculo que es más común ver en una olla de carne.
“Esta receta viene de familia. Yo fui criado en los cafetales de San Rafael de Heredia, donde estas comidas eran muy comunes”, contó.
Con apenas 21 años, Edwin Villalobos aprendió, desde que tenía diez, la receta de ponche de su abuela Odilia Céspedes, de 78 años.
“Huevos de gallina criolla, leche de vaca ‘natural’, canelita, maicena y el infaltable guarito de caña”, reveló mientras contaba cómo él prepara la bebida para acompañar los encuentros familiares.
Otra de las participantes, María del Carmen Acosta, aprendió, de su abuela y su mamá, a cocinar almuercitos envueltos en hoja de plátano. En su caso, cuando era pequeña, los llevaba a las cogidas de café en Santa Bárbara y El Roble.
Hoy, ya casada y con vida hecha, prepara el gallopinto, la natilla, el huevo duro, queso y plátano maduro, envueltos en una hoja de plátano para compartir el sabor único de esta herencia culinaria con quienes la visitan en casa.
