Marta Ávila. 3 diciembre, 2018
En la mayoría de los miembros del elenco se les ve más apropiación en los movimientos que realizan al ejecutar los diferentes papeles. Fotografía: Jeffrey Zamora.
En la mayoría de los miembros del elenco se les ve más apropiación en los movimientos que realizan al ejecutar los diferentes papeles. Fotografía: Jeffrey Zamora.

Después de diez años de estar observando este ballet, puedo asegurar que es una tradición que ha servido para foguear a muchos bailarines en esta disciplina.

En este montaje de El Cascanueces, los principales responsables de la coreografía son: el maestro estadounidense Wes Chapman, Patricia Carreras, además del aporte de la rusa María Monakhova como invitada, quienes se han apoyado en el texto de Ivan Vsevolozsky y la partitura de Tchaikovsky, para dirigir un elenco constituido por más de 300 bailarines profesionales y estudiantes, provenientes de cuarenta academias y escuelas de casi todo el territorio nacional, además de algunas figuras invitadas de Bulgaria, Rusia, Nicaragua y República Checa.

Esta versión, a diferencia del montaje de 2016, presenta pequeños cambios en el guion y la coreografía, que permiten ver el avance del conjunto y sus solistas. También en la puesta en escena, se observan detalles innovadores en los vestuarios diseñados por varios creadores. De igual forma, la escenografía de Omar Corrales y Fernando Castro está remozada.

Casualmente en la función observada, algunos bailarines repiten roles que permiten medir el avance desde 2016. En general, los principales papeles se ven ejecutados con mayor seguridad y en varios segmentos del cuerpo de baile también se puede apreciar el incremento en el uso de las puntas con buenos resultados.

En este sentido, durante el primer acto, se destacaron Braulio Mena en el papel de Moro, igual que Michael Céspedes en el Arlequín y Nicole Jop y Luciana Koberg como las muñecas. En esta misma tesitura estuvo la participación de María José León, como protagonista de Clara, que demuestra crecimiento en su proyección escénica, fluidez en sus movimientos y aplomo técnico, especialmente, al interactuar al lado del nicaragüense William Herrera como el Príncipe Cascanueces. Asimismo, se ve Mariana Lizano como Reina de la nieves, y Michal Stípa, que sigue ganándose los aplausos y las risas como Drosselmeier.

Para el segundo acto, Camila Fernández también se observa más segura y con mayor proyección, al ejecutar con solvencia el dúo de Hada del Azúcar acompañada de Zigmars Kirilko como Cavallier.

En otros segmentos destacaron al enfrentar sus personajes: Susana Salazar de Reina de las Flores, Ariela Álvarez y Jonathan Alfaro al bailar como los chinos y Nicole Jop y Luciana Koberg en la danza española. Johanna Castro y Jan Fousek hechizaron en la sensual la danza árabe; para la parte de los rusos, destacaron Jorge Sánchez, Byron González y Ervin Vallecillo. Finalmente, en las flautas Carlos Elizondo bailó al lado de Sasha Jiménez e Isabella Palma.

Es interesante constatar, que cada año, más participantes jóvenes demuestran incremento en el nivel técnico y mayor capacidad de resolver los requerimientos coreográficos, en una obra que comienza a ser una tradición que goza de un público que la sigue. Todavía quedan funciones para disfrutarla.

Ficha técnica

Dirección y coreografía: Wes Chapman, Patricia Carreras y María Monakhova.

Bailarines principales: María J. León, Camila Fernández, Mariana Lizano, Michal Stípa, Zigmars Kirilko, William Herrera, Michael Céspedes, Susana Salazar, Ariela Álvarez y Braulio Mena.

Fecha: sábado 1°. de diciembre de 2018, 8.00 p. m.

Lugar: Teatro Melico Salazar