Kimberly Herrera. 11 octubre
Alberto Conejero se encuentra en el país tras una invitación del Centro Cultural de España. Foto: Cortesía Sergio Parra.
Alberto Conejero se encuentra en el país tras una invitación del Centro Cultural de España. Foto: Cortesía Sergio Parra.

El reconocido dramaturgo español Alberto Conejero visitó Costa Rica para participar en el Encuentro Nacional de Teatro, que finaliza este domingo 13 de octubre.

Durante su estadía en el país, el escritor, de 41 años, conversó con Viva sobre su lucha por posicionar el teatro LGBT en las tablas internacionales, el cual ha impulsado de forma activa en su carrera y le ha otorgado un reconocimiento internacional.

Entre sus textos más destacados se encuentran La piedra oscura, Cliff, Ushuaia, Todas las noches de un día, Los días de la nieve y La geometría del trigo; además del poemario Si descubres un incendio.

¿Qué responsabilidad tiene usted como dramaturgo a la hora de escribir un texto?

Yo escribo el teatro que necesito que exista y aún no existe. Escribo desde una necesidad muy íntima, no diría que egoísta pero cuando estoy escribiendo nunca pienso en más allá de ese momento de intimidad y vuelvo a ser el adolescente que encontró en la escritura un refugio y un lugar luminoso para estar en el mundo. Yo creo que me paralizaría pensar lo que va a ocurrir luego con ese texto.

¿Qué es lo que usted busca mostrar en sus textos?

Sobre todo, yo quiero mostrar un momento de humanidad. Porque yo tengo la confianza de que si nos diéramos tiempo a hablar con cualquier persona una hora, yo estoy seguro que un encuentro se va a producir y yo creo que el teatro es eso, un encuentro entre los actores y el público.

“A mí me parece muy revolucionaria la fuerza del presente teatral; es decir, poner los cuerpos al lado de los otros y ponerlos a compartir una historia y eso tiene una potencia más radical que nunca en nuestros tiempos”.

Usted ha sido reconocido a nivel internacional por ser un dramaturgo homosexual, ¿qué le parece esa etiqueta?

Yo no escribo teatro LGBT, yo soy una persona LGBT que escribe teatro, es muy distinto. Yo nunca he tratado de esconder lo que soy y creo que mi único altavoz ha sido la honestidad. Yo tengo historias que no son LGBT, no todo mi teatro es LGBT.

"Yo estoy muy a favor de igualdad y feminismo y estoy en esa lucha también. Creo que el feminismo ha venido a multiplicar las subjetividades, que ha venido a impulsar más modelos de mujeres que ya hacía falta.

"El teatro LGBT no obliga a nada, simplemente muestra un modo más de estar en el mundo y mi altavoz ha sido la honestidad. A mí me preguntan por qué es que mis textos cuentan con tantos personajes LGBT; y yo lo que digo es que yo nunca le pregunto a nadie por qué su teatro tiene tantos personajes heterosexuales.

"Siento, además, que yo he tenido la fortuna de nacer en un momento en España donde una generación anterior pasó cárcel, exilio, sufrimiento burla, escarnio, bullying para que tenga la libertad. Amenazada, precaria no completa, pero tengo una libertad que no tenían mis mayores LGBT hombres y mujeres.

"Creo que las libertades hay que buscarlas cada día, porque no poder decir lo que uno es, es una de las mayores desgracias que tiene una persona y nadie encuentra la verdad de sí mismo hasta que la puede contar, nadie es quien es hasta que pueda contárselo a otro ser humano. Entonces, yo he sentido esa responsabilidad en el ejercicio de mi libertad.

“Y si en algo mis textos han contribuido a que un joven de 12 años diga ‘hay alguien que está hablando de mí’, pues bienvenido sea”.

Un medio español lo incluyó dentro de los 50 homosexuales más influyentes…

Sí y a mí me hizo mucha gracia que un dramaturgo estuviera ahí al lado de políticos y deportistas.

¿Qué peso tiene esa designación en su carrera?

Hay gente a la que eso no le gusta, yo siento que mucho de la mirada se transforma inmediatamente: un día estás arriba, al otro estás abajo y yo siempre trato de hacer el teatro que creo que necesito sin pararme a pensar.

“Agradezco los premios, los reconocimientos y que un dramaturgo tenga exposición pública, que es poco frecuente, porque hay más espacio para los asesinos que para los poetas en los periódicos. Entonces yo agradezco eso con responsabilidad sabiendo que volveré a escribir para mí y seré feliz igual”.

¿Considera que debería existir más dramaturgia LGBT?

Considero que debe haber más modelos de personajes. El mundo es muy complejo y la ficción tiene que recoger la complejidad del mundo, que tienen que haber más personajes racializados, no los hay. Por ejemplo, el racismo con la protagonista de La Sirenita, no afecta la historia que sea amarilla, negra o blanca.

“Yo creo que la ficción debe recoger la complejidad y la diversidad del mundo que es en donde están los personajes LGBT y los racializados. Creo que la ficción sería más rica”.

¿Cuál es la esencia que recoge su dramaturgia?

Sobre todo que el espectador acuda al teatro para ver algo que solo puede ver en el teatro. Que no va a encontrarla en la televisión ni en el cine. Que solo va a encontrar ahí y que solo durante la hora y media que dura el espectáculo hay un grupo de hombres o mujeres compartiendo una emoción verdadera. Yo no busco espectadores que vayan al teatro a matar el tiempo, sino que vayan a multiplicarlo, que salgan con más vida.

“Mi teatro busca algo de carpe diem, no nos sobra el tiempo, ni para vivir anestesiados, estamos aquí para disfrutar la complejidad de la vida”.

¿Siempre ha estado detrás del escenario?

No, una vez hice el musical Jesucristo Superstar, pero en playback y era horrible, lo pasé fatal. Yo creo que soy muy mal actor y pude comprobarlo en dos o tres oportunidades. Lo que estoy haciendo ahora es dirigir cada vez más.

“De autor a actor solo hay una letra de diferencia y ahora estoy aprendiendo a escribir gracias al contacto con el escenario”.