Carlos Soto Campos. 17 julio
Uno de los primeros cambios de la Sala Garbo ocurrió en su vestíbulo: ahora tiene colores claros y recibe a sus invitados con luces y olor a palomitas. Foto: Rafael Murillo
Uno de los primeros cambios de la Sala Garbo ocurrió en su vestíbulo: ahora tiene colores claros y recibe a sus invitados con luces y olor a palomitas. Foto: Rafael Murillo

Desde su fundación en 1977, la Sala Garbo ha sido sinónimo de vanguardia. El cine abrió sus puertas con el objetivo de darle al público josefino una ventana al cine independiente de todo el mundo, ese que rara vez se exhibía en el país.

El espacio que fundó Nicholas Baker junto a artistas como Carmen Naranjo, Samuel Rovinski, Sergio Ramírez, Antonio Iglesias y Óscar Castillo ha alimentado por décadas la curiosidad y la pasión por el séptimo arte en miles de personas, que se emocionaron, asustaron o escandalizaron por las cintas exhibidas.

Los tiempos han cambiado, claro está. Con las plataformas digitales el cine independiente ha podido llegar a pantallas más pequeñas y viralizarse con mayor facilidad, tanto así, que cine de culto empieza a filtrarse en los cines comerciales.

También ha cambiado la Sala Garbo, que desde los años 80 solo le perteneció a don Nico Baker. Él fundó en el mismo edificio el Teatro Lawrence Olivier (en 1987) y el bar Shakespeare, otros dos espacios que servirían para alimentar la cultura.

Así se mantuvieron hasta el 2015, cuando debieron cerrar por no contar con accesos adecuados para las personas con discapacidad. La Sala Garbo, debió cerrar sus puertas en abril del 2017, meses después de la muerte de Sir Nicholas Baker.

“El teatro y el bar los cerraron por no cumplir con la ley 7.600 para personas con discapacidad, y eso afectó mucho al negocio y también a mi abuelo, porque él amaba el teatro y le quitó las ganas de seguir trabajando”, cuenta Isabella Mesalles Baker, nieta de don Nico.

Se espera que el bar Shakespeare reabra sus puertas, renovado, a finales de este año. Foto: Jeffrey Zamora
Se espera que el bar Shakespeare reabra sus puertas, renovado, a finales de este año. Foto: Jeffrey Zamora

Fue en julio del 2015 que él le dijo por primera vez a Isabella que él quería trabajar junto a ella en el negocio familiar. Fue en julio del 2016 que falleció Sir Nicholas, a sus 83 años. En julio del 2017, Isabella regresó al país para hacerse cargo del negocio familiar.

Y es ahora, en julio del 2018, que la Sala Garbo y el edifico se presenta como un espacio cultural con una nueva generación a cargo.

“Sabemos que la gente asocia el nombre Sala Garbo con cine, pero queremos que sea más que eso. Hacen falta espacios para muchos artistas”, explicó Isabella Mesalles Baker.

Viva conversó con la nueva administradora de la sala, el teatro y el bar sobre sus planes a futuro.

Con 27 años, Mesalles Baker está abriendo espacios para cine, conciertos y stand-up comedy en el edificio que construyó su abuelo y a la vez, contruyendo un nuevo capítulo de ese legado.

De regreso
Isabella Mesalles Baker, de 27 años, es ahora administradora de la Sala Garbo, el Teatro Lawrence Olivier y el bar Shakespeare. Foto: Jeffrey Zamora
Isabella Mesalles Baker, de 27 años, es ahora administradora de la Sala Garbo, el Teatro Lawrence Olivier y el bar Shakespeare. Foto: Jeffrey Zamora

En abril del 2017 la Sala Garbo tomó una pausa. “Después de que se murió mi abuelo, el cine siguió corriendo, pero llegaban muy pocas personas. No se estaban trayendo películas nuevas, ni anunciando, entonces se decidió cerrar”, contó Isabella Mesalles.

La decisión la tomaron sus tíos y su madre, los hijos de Sir Nicholas Baker. Desde que él falleció, la familia ha tomado en conjunto las decisiones grandes.

“Yo llevaba 7 años de estar fuera del país y a mí me llamaron mi mamá y mi tío y me dijeron 'necesitamos que alguien retome la Sala Garbo y creemos que usted la única persona que podría hacerlo'. Querían que siguiera en la familia”, dijo Isabella.

Ella vivía en Londres, una ciudad vibrante en la cultura y una capital mundial del teatro, la pasión que le heredó su abuelo. Allá estudió teatro, hizo una maestría en producción teatral y trabajó con distintos proyectos relacionados.

La Sala Garbo ahora tiene un proyector digital. Se espera que pronto se renueve también el sistema de sonido. Foto: Jeffrey Zamora
La Sala Garbo ahora tiene un proyector digital. Se espera que pronto se renueve también el sistema de sonido. Foto: Jeffrey Zamora

En diciembre renunció a su trabajo, hizo maletas y vino a Costa Rica junto a su novio Rimtautas Zilenas, quien colabora en la administración y le ayuda con “los números”. En enero se reencontró con James Hernández, quien ha trabajado con la Sala Garbo durante varios años.

Ellos encontraron que la Sala Garbo, el Teatro Lawrence Olivier y el bar Shakespeare estaban –en palabras de Isabella– descuidados.

La sala de cine era el único espacio que se podía habilitar y así fue como Isabella decidió empezar por renovarla.

“El lobby estaba muy apagado y era un poco intimidante. El proyector de la sala era muy viejo, era para cinta de 35mm”, contó Mesalles.

Los primeros pasos fueron pedir un préstamo para comprar un nuevo proyector digital de unos $70.000 y pintaron el vestíbulo de un color más claro y, tras ese primer paso, solo faltaba retomar las actividades.

Nuevas caras
Isabel Mesalles y su pareja, Rimtautas Zilenas, comparten labores de producción y administración en la Sala Garbo, respectivamente.
Isabel Mesalles y su pareja, Rimtautas Zilenas, comparten labores de producción y administración en la Sala Garbo, respectivamente. "Yo entrego las palomitas y él las cobra", resumió ella. Foto Rafael Murillo

En siete años fuera del país, era lógico que Isabella Mesalles no estuviera tan al tanto de las actividades culturales. Pero con la ayuda de Facebook logró contactar a William Venegas, crítico de cine y organizador de ciclos para darle uso a la pantalla.

Desde mayo, iniciaron con los ciclos Cinearte Garbo, los lunes a las 7 p.m., donde proyectan cine de directores como Fellini, Buñuel y siempre cierran el mes con algo de Bergman.

Los miércoles, el grupo Subcine se dedica a cine independiente más reciente, como el del director Wes Anderson.

“La gente que llega es con actitud amorosa a la Sala Garbo”, comentó William Venegas.

“En los jóvenes hay una mirada de descubrimiento, de encontrarse ante un cine afamado, pero que no conocían; y, en los adultos, una mirada nostálgica. En todos, el deseo de recuperar la sala de cine cultural o de cinearte más importante que ha habido en Costa Rica”, agregó el crítico.

Sonido Garbo
El grupo de 'rock' instrumental Niño Koi fue el primer invitado a sonido Garbo y logró llenar casi todas las 195 butacas del espacio. en la imagen, el guitarrista Mauricio Fonseca. Foto Rafael Murillo
El grupo de 'rock' instrumental Niño Koi fue el primer invitado a sonido Garbo y logró llenar casi todas las 195 butacas del espacio. en la imagen, el guitarrista Mauricio Fonseca. Foto Rafael Murillo

Esa misma actitud de cariño al lugar la encontró Isabella Mesalles mientras buscaba otros aliados. Según ella, la organización del Festival Internacional de Stand Up Comedy se apuntó de inmediato a organizar actividades en la sala de cine en marzo.

Lo mismo ocurrió cuando ella le propuso a los promotores de concierto Rodolfo Fo León y Genfin Canfín Jiménez hacer conciertos para todo público allí.

“No tuve que venderles la idea. Yo quería establecer una relación a largo plazo, que se produjeran conciertos constantemente y encontré a las personas indicadas. Desde la primera reunión Fo y Canfín estaban diciendo nombres de bandas”, señaló Mesalles.

Fo León afirma que él y sus socios –Jiménez y el colectivo In:Camera– crecieron en la Sala Garbo, y allí vieron películas de Pedro Almodóvar o de Paul Thomas Anderson.

Para ellos la sala era un espacio en el que podía conocer cultura alternativa. Hacer conciertos allí, es una forma de devolverle algo a un lugar especial y de abrir un nuevo espacio para que la música nacional pueda ser vista desde una butaca y en un horario conveniente para todas las edades.

Sonido Garbo, como le llamaron al ciclo de conciertos, se inauguró el viernes 6 de julio con la banda de rock instrumental Niño Koi y continuó el viernes 13 con el grupo Hijos.

“En ambas fechas llegaron personas que nunca los habían escuchado en vivo o escuchado del todo, solamente atraídos por la posibilidad de haber visto un espectáculo, como ir a ver una peli que nunca has visto”, explicó León en una llamada telefónica.

Así como en los ciclos de cine se proyectará cine de vanguardia, clásico o novel, la oferta musical de Sonido Garbo mostrará grupos nacionales que mantengan esa misma línea.

“El lugar tiene un peso simbólico, que creo que casi ningún lugar tiene, solo algunos espacios artísticos"señaló Fo Leon, quien se encargará de la selección de grupos. "Si algo pasa en Sala Garbo es una seña que te dice, ‘esto va a ser algo innovador’”, agregó.

Hacia lo mejor
Las puertas de la Sala Garbo mantinen la icónica imagen de la actriz sueca Greta Garbo. Foto Jeffrey Zamora
Las puertas de la Sala Garbo mantinen la icónica imagen de la actriz sueca Greta Garbo. Foto Jeffrey Zamora

Los siguientes pasos para el complejo de 320 metros cuadrados incluirán habilitar los otros espacios culturales. Se invertirá en un ascensor especial hacia el Teatro Lawrence Olivier, para cumplir con la ley 7.600, y se reacomodará el bar Shakespeare.

También se valora utilizar las viejas oficinas. “Podríamos hacer una noche de cine inmersivo, alguna fiesta temática en la que cada habitación es un escenario diferente y le da a las personas una dimensión nueva de una obra”, soñó Isabella Mesalles.

“Lo ideal es que después del concierto, la obra de teatro o la película, la gente pueda ir al bar a comentar lo que experimentó", agregó Mesalles, quien espera que el bar pueda abrir a final de año.

14/7/2018. San Jose. Sala Garbo y bar Shakespeare, dirigido ahora por Isabella Mesalles. Foto Jeffrey Zamora
14/7/2018. San Jose. Sala Garbo y bar Shakespeare, dirigido ahora por Isabella Mesalles. Foto Jeffrey Zamora

Los años fuera del país, pesan para imaginar nuevas opciones y potenciar las existentes. En sus palabras, “ese desarrollo es algo en que nos gustaría ayudar, al teatro, al cine, a la música, el stand-up, a la magia, y pronto el teatro”, dijo.

Isabella Mesalles Bakes quiere que para una nueva generación –la suya y las que vendrán después– la Sala Garbo signifique tanto como siempre ha significado para ella.

“Gracias a mi abuelo estudié teatro. Gracias a mi abuelo crecí viendo lo que pasaba en este cine, películas de todo tipo y de todos lados que me abrieron la visión del mundo. Gracias a él es lo que soy”, finalizó.